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Se intensificaron los cortes de luz en el Táchira

Soledad en las calles de Michelena cuando no hay electricidad

Cuando cortan el suministro de electricidad muchos de los habitantes del sur del Táchira sufren las consecuencias y últimamente se han intensificado los cortes de luz

Perdemos muchas horas de trabajo y estudio

Además de golpear el bolsillo de las familias y comerciantes, durante los racionamientos eléctricos, los fernandenses se quedan prácticamente incomunicados

Cuando cortan el suministro de electricidad, en horas nocturnas, los zancudos hacen de las suyas. En consecuencia, muchos de los habitantes del sur del Táchira no duermen como es debido.

En este sentido, fernandenses que atraviesan diferentes patologías no descansan las horas recomendadas, lo que juega, de manera negativa, contra su salud.

En otro orden de ideas, y como consecuencia de la crisis energética que azota a estas comunidades, amas de casa reportan que sus neveras han pasado de tres a cuatro días sin congelar como deberían hacerlo. Así pues, coinciden en que ahora compran, prácticamente, las proteínas del día, y eso cuando el dinero alcanza.

Por otra parte, niños y jóvenes escolares y universitarios se atrasan en sus actividades pedagógicas. Esto les causa frustración, sobre todo porque implica tiempo perdido. Y si bien pueden recurrir al internet colombiano, esto significa una inversión que muchos no se pueden dar el lujo de hacer.

Gasto más de 200.000 pesos en gasolina

Un carnicero de San Rafael de El Piñal cuenta que para poder trabajar, en medio de los apagones, adquirió hace tiempo una planta eléctrica.

«Al mes gasto un aproximado de 250.000 pesos colombianos en gasolina para la planta eléctrica. Es un sacrificio que hago para seguir adelante, aunque implique que se reduzcan mis ganancias, pues también debo pagar alquiler», comenta Zambrano.

En este mismo ámbito, dos emprendedores de Naranjales, en la parroquia Alberto Adriani, señalan que tuvieron que reducir la compra de pollo y embutidos, pues por las largas horas de racionamiento eléctrico temen perderlos. «Cuando no hay tantas fallas, uno se arriesga y compra productos como el pollo, pero con los apagones de estos días es mejor no hacerlo».

Se atrasan los pedidos

Para Yandira Ruiz, docente, a quien la crisis la llevó a activar una fábrica de bolsos en la comunidad de Cuite, el racionamiento de energía se traduce en pérdida de dinero y en quedarle mal a sus clientes.

Incomunicados

Otro de los problemas que se derivan de los racionamientos de energía eléctrica tiene que ver con el hecho de que parte de la población queda incomunicada, al no contar con Internet y con la señal de las operadoras móviles.

«Cuando se va la luz, de inmediato nos quedamos sin señal Digitel. En mi caso, me quedo incomunicada, pues, a pesar de que cuento con línea Movilnet, desde hace meses no se me activan los datos», añade una dama.

Durante las horas de racionamiento de energía eléctrica, llamadas también de distribución de cargas, algunos comercios bajan sus santamarías, mientras que otros, los que cuentan con fuentes de energía alternativas y pueden contratar servicios de Internet colombiano, siguen abiertos, como a regañadientes, a pesar de que tengan pocos clientes y las ganancias no sean las esperadas.

Raúl Márquez – La Nación del Táchira

Ni la “zona de seguridad” se salva de los cortes en la frontera

Hay barrios del municipio Bolívar donde las suspensiones del servicio de extienden por más de seis horas

En la frontera, específicamente en el municipio Bolívar, existe una línea llamada «zona de seguridad», que integran una veintena de barrios y donde la electricidad casi nunca suele irse.

Sin embargo, ese «casi nunca» se vio interrumpido este jueves, cuando, por dos horas y media, los habitantes de los barrios «privilegiados» se sintieron extrañados por un corte prolongado: desde las 12:30 p.m. hasta las 2:30 p.m.

Los residentes de los sectores que no pertenecen a la zona de seguridad han denunciado lo que han calificado, en reiteradas ocasiones, como un trato discriminatorio, pues no ven justo que las fallas solo se agudicen hacia una parte específica de la jurisdicción.

En el barrio Simón Bolívar, por ejemplo, la electricidad fue interrumpida desde las 2:30 p.m. y hasta las 6:30 p.m. del jueves. «Más bien salimos ganando, solo fueron cuatro horas», enfatizó el vecino consultado.

  

Al igual que este barrio, otra docena fue perjudicada: sector Sánchez Osorio (centro), La Popa, La Popita, Miranda, Ruiz Pineda, Pueblo Nuevo, Ocumare, entre otros.

En torno a las parroquias, en El Palotal el corte empezó en la mañana del jueves y se extendió hasta la tarde: de 10:00 a.m. a 3:00 p.m. «Fueron cinco horas sin el servicio», lamentó Antonio Estupiñán, residente.

Tanto Estupiñán como el habitante del barrio Simón Bolívar, refutan el hecho de que las suspensiones se den a cualquier hora. «No deberían existir los cortes, pero si se van a dar, al menos deberíamos contar con un cronograma, y que sea equitativo para todo el municipio», instaron.

Las redes sociales y los estados de muchos se han convertido en una especie de desahogo. Por esas vías escriben y etiquetan para dejar constancia de una serie de fallas que tachan de abuso.

Los residentes también hicieron hincapié en las fluctuaciones que se registran durante la noche y madrugada, luego de que se restablece el servicio.

Frente a este panorama, temen que algún electrodoméstico amanezca sin funcionar. «Uno no se puede dar el lujo de perderlo, ya que para reponer algo, hoy en día, cuesta un ojo de la cara», frase que se ha vuelto tan real para el venezolano que solo percibe bolívares como remuneración por su trabajo.

Los pocos comerciantes formales que aún abren sus negocios en la frontera conminan a las autoridades a brindar una respuesta oportuna frente a un drama que los golpea a diario.

El casco de la ciudad, donde funciona la mayoría de los establecimientos, es uno de los sectores más discriminados con los cortes de electricidad.

Este viernes, el calvario se repitió en varias comunidades de la localidad. La llamada zona de seguridad, al cierre de esta nota, no había sufrido cortes.

Jonathan Maldonado – La Nación del Táchira

La oscuridad comercial en Michelena

Muchas personas esperan a que pase el apagón para salir a hacer compras

Los cortes de electricidad prolongados impactan en los establecimientos y sus ventas, por elementos como el punto de pago y la refrigeración de los productos

Los cortes de electricidad periódicos que se han acrecentado en el estado Táchira impactan casi todas las facetas en la vida de la colectividad. En el ámbito del comercio, hay una sombra que se cierne sobre los establecimientos y la ciudadanía: la afectación de las compras con puntos de venta y la refrigeración de los alimentos perecederos.

Corre la tarde en Michelena, la capital del municipio homónimo, y pese a que la lluvia cesó de momento y la luminosidad del sol se siente en las calles, hay una oscuridad latente, una que afecta al estoico comercio de la entidad municipal: un largo corte de electricidad que afectó la posibilidad de pagar con bolívares, pasando las tarjetas.

Es casi curioso cuando funcionan los puntos de venta si no hay electricidad, y es que hasta la conectividad de la telefonía celular se cae, en el peor de los casos, que es lo habitual. El pago en pesos colombianos es lo que marca la pauta en las ventas cuando el racionamiento eléctrico llega. También muchos ciudadanos esperan que pase el apagón para hacer sus compras, por lo que las calles se tornan desoladas.

Dinámica

La ausencia de personas en las calles de Michelena es notoria. La plaza Bolívar y sus alrededores lucen desolados cuando no hay electricidad. En el centro del pueblo, el dinamismo solo se vio en una venta de frutas y verduras, con los pesos colombianos como forma de pago para estos elementos de consumo, y fue una de las pocas excepciones ante la ausencia de transeúntes en los contornos del poblado michelenense.

Atrás quedó ese 2020, cuando el transporte había desaparecido. A un lado de la plaza Bolívar de Michelena se pueden apreciar las unidades de transporte de la línea Lobaterita, la mayoría de los días de la semana, pero lo que no se vislumbra es el factor humano que las emplee, al menos cuando no hay electricidad, lo que limita la actividad comercial.

Soledad en las calles de Michelena cuando no hay electricidad

¿Con qué frecuencia los ciudadanos hacen compras de valor significativo?, como por ejemplo adquirir un repuesto para un vehículo o moto. Bueno, en Michelena varios establecimientos de este tipo hacen vida; sin embargo, no hay largas filas de gente afuera aguardando para entrar; de hecho, nuevamente el apagón de electricidad marca una ausencia casi total de gente en este tipo de ventas, ni a mirar alguien va.

Con cortes eléctricos diarios y por horas, establecimientos como charcuterías y carnicerías son blanco de posibles pérdidas, pues la refrigeración de sus productos es vital. No todas esas tiendas cuentan con planta eléctrica, o no todas pueden acarrear el costo del combustible para emplearlas todos los días por los prolongados períodos sin luz.

Michelena, el llamado Corazón del Táchira, así como el resto del estado, pese a la luz del día, tiene a la oscuridad comercial sobre sí con los cortes de electricidad diarios.

Juan José Contreras Cárdenas – La Nación del Táchira