Balas contra balsas. Yaelvis Santoyo, un bebé de 9 meses, murió el sábado en brazos de su madre —Darielvis Sarabia— cuando la guardia costera de Trinidad y Tobago recibió con disparos a un bote con unos 20 venezolanos, al parecer provenientes de Delta Amacuro (te contaremos más detalles cuando los sepamos), que trataban de ingresar ilegalmente a la nación insular. La mamá, herida en el tiroteo, estaba siendo atendida en un hospital trinitense. “Se utilizaron todos los métodos disponibles, incluido el megáfono, la bocina, el reflector y las bengalas, para detener la embarcación sospechosa”, justificó un comunicado de la guardia costera, que prosiguió explicando que hicieron “disparos de advertencia”, porque, chico, la balsa le podía haber hecho daño al patrullero acorazado clase Cape (video), y después de que soltaron los tiros fue que se enteraron de que había migrantes adentro. Es el tercer niño/niña venezolano que muere en lo poco que va de 2022 mientras sus madres trataban de entrar a otro país, en tres hotspots migratorios distintos: la frontera USA-México, el borde Chile-Bolivia y las aguas limítrofes con Trinidad. De violaciones a los DDHH en la isla te hemos hablado un montón.
Te deporto a otro país, porque no tengo relaciones con el tuyo. Se la están aplicando a venezolanos que tratan de entrar por tierra a EEUU: terminan en países como Colombia o Dominicana. Por si fuera poco, son maltratados por funcionarios de la dictadura cuando llegan a Maiquetía: ¿Tú no vienes de USA? Pídele ayuda a Biden», le habrían dicho a Ricardo Villasmil (23 años), que denuncia torturas. Las autoridades gringas se apoyan con frecuencia en el “Título 42”, cuyo objetivo original era… controlar la pandemia. Hasta Guatemala, que expulsó a 17 venezolanos en tránsito, se suma a los países latinoamericanos que nos están poniendo un alambre de púas.
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