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Las fallas de agua potable en Lara y sus 51 años de promesas incumplidas

La escasez de agua en Lara afecta la vida diaria de miles. Proyectos fallidos y mala gestión agravan la situación.

La escasez de agua en Morán, Jiménez e Iribarren, considerado el eje urbano y agrícola más importante de Lara empeora con los años. A pesar de que estos municipios han sufrido los embates de la migración masiva y en sus valles fértiles ya no se siembra la misma cantidad de alimentos que en el pasado, recibir agua por tubería diariamente se ha convertido en una ilusión.La mayoría de la población tiene agua entre una y tres veces por semana, según reveló una encuesta del Observatorio Venezolano de los Servicios Públicos, difundida el 26 de marzo de 2024. Situación que somete a los ciudadanos a rutinas desgastantes, como pagar camiones cisternas, comprar botellones o ir a buscar agua en zonas lejanas de sus hogares.

El déficit de agua en Lara se registra desde la década de los 80, al no haberse construido nuevas fuentes hídricas. Entre las consecuencias negativas que hacen que el servicio de agua potable sea precario, está la tala y quema indiscriminada que degradan las cuencas hidrográficas, tuberías obsoletas llenas de filtraciones y tomas ilegales por donde se desperdician 650 litros por segundo, el éxodo de personal en las empresas hidrológicas y la politización del servicio. A pesar de que los proyectos para poder tener abundante agua se diseñaron hace más de medio siglo, fueron truncados.

Avizoraban progreso

En 1973, para los gobernantes de la época, la construcción y puesta en funcionamiento del Embalse Dos Cerritos, además del inicio de la obra Sistema Hidráulico Yacambú-Quíbor (SHYQ), eran las soluciones al problema de agua que se vivía en las zonas más pobladas de Lara, donde se estimaba abastecer a unas dos millones de personas. De acuerdo con especialistas, el estado se proyectaba como una potencia agrícola, industrial y urbana del país.

Fue el 4 de diciembre de ese año cuando el presidente de la República, Rafael Caldera, a tan solo una semana de culminar su primer gobierno, inauguró la represa Dos Cerritos, que tiene una extensión de 916,66 hectáreas inundadas, con un volumen total máximo de 169,79 hectómetros (Hm3).

El proyecto se inició en 1968 y el 80% se construyó durante el mandato del presidente Raúl Leoni. Tuvo un costo de 110 millones de bolívares, que al tipo de cambio oficial de entonces (4.30 bolívares por dólar) representaban una inversión de 25 millones 581 mil 395 dólares.

La represa iba a abastecer con agua a cuatro jurisdicciones: Morán, Jiménez, Iribarren e incluso Cabudare, y regar unas 5.000 hectáreas del Valle de Morán, donde se cultivaba principalmente caña de azúcar. Pero ni el agua llegó al municipio Palavecino ni se le permitió a los cañicultores de El Tocuyo abastecerse de esa agua. “Había destinado unos 1.750 litros de agua por segundo para el sistema de riego de los cañicultores. Lamentablemente, la demanda de agua fue creciendo mucho y le quitaron a los agricultores esos codiciados litros”, especificó Luis Fernando Arocha, coordinador de la Comisión de Agua del Colegio de Ingenieros de Venezuela. En el año 1998 se restringió el uso del agua del embalse para el riego de los agricultores.

El Embalse Dos Cerritos fue proyectado para tener una vida útil de 100 años. Con él nació el Sistema Alto Tocuyo (SAT), que lo comprende la Estación de Rebombeo Alto Tocuyo, donde se encuentran cinco motores de 3000 HP o caballos de fuerza. Julio Gutiérrez, actual presidente del Colegio de Ingenieros y Arquitectos del estado Lara, explicó que son motores horizontales.

Los tocuyanos tienen dos plantas potabilizadoras donde tratan el agua que consumen. El SAT también lo integra la Planta Potabilizadora Ciudad de Barquisimeto, ubicada en Quíbor, municipio Jiménez. Allí se somete el agua a varios procesos para que sea apta para el consumo humano en Jiménez y el 77% de los barquisimetanos. “En esa planta se encuentran siete motores, dos son verticales de 200 HP, para impulsar el agua a Quíbor, y tres motores verticales de 700 HP que impulsan el agua hacia Barquisimeto”, indicó Gutiérrez.

Finalmente, el SAT consta de 55 kilómetros de tubería de 60 pulgadas de diámetro, que es la aducción principal del sistema, que va desde la zona de captación en el Embalse Dos Cerritos hasta el kilómetro 10 de la avenida Florencio Jiménez. “Justo donde están los tanques que eran del Instituto Nacional de Obras Sanitarias (INOS), ahora llamado Hidrolara. Hasta ahí llega la tubería de 60 pulgadas. Luego baja a 48 pulgadas entrando a Barquisimeto, al barrio La Paz.

Un estado semiárido

Los barquisimetanos, acostumbrados a vivir en un clima seco y semiárido, nunca supieron lo que era tener escasez de agua ni en el siglo XIX ni hasta mediados del siglo XX. Según cuenta Iván Brito López, costumbrista, la ciudad comenzó a fundarse desde el casco central de Barquisimeto y allí tanto las clases altas como las más bajas se surtían de las aguas del río Turbio.

Había campesinos que les llamaban aguateros. Eran unos personajes que subían con burros hasta Barquisimeto y cada uno cargaba en los lados un barril de madera llenos de agua, que vendían en las casas, contó.

Indicó que en la zona donde empieza el declive hacia el río Turbio había una serie de manantiales (ojos de agua), de los cuales queda todavía el de la Concha Acústica, que emana agua pura las 24 horas del día.

Había un surtidor de agua al frente de la iglesia La Paz, donde está la plaza Wohnsiedler, en la carrera 16 con calle 29. Y había otro muy famoso en la carrera 15 con la calle 24, por eso se llamó La Pila Lara. Ahí iba la gente a recoger el agua para la zona circunvecinas, relató.

Afirma que fue el propio Simón Bolívar el que decretó la construcción del primer acueducto en Lara, en 1821. Para esa época, cumpliendo una orden del Libertador, se hace la primera Caja de Agua, en la calle 48 con carrera 13. De ahí se trajo el agua a través de unas tuberías de Titicare, ubicado al sur de Barquisimeto, apuntó. En 1922 se instaló la tubería para el suministro de agua domiciliaria, destacó Brito.

Durante la dictadura de Juan Vicente Gómez, primo hermano del general Eustoquio Gómez, en 1929, se modernizó la distribución del agua en Barquisimeto, tras ser designado presidente del estado Lara. A la Caja de Agua le instaló motores, porque antes todo era por gravedad. Se recogía el agua que eran impulsadas por bombas de agua al resto de la ciudad, esto fue un gran avance, evocó.

El agua que llegaba a la Caja de Agua venía de una quebrada que quedaba en una hacienda en Titicare, que pasaba por el Bosque Macuto, siguiendo el curso del río Turbio, contó el ingeniero Luis Fernando Arocha. Fue construida justo al lado de la actual sede de Hidrolara.

  

En 1940 se perforó una batería de pozos en Macuto y en 1948 se creó la urbanización La Concordia. En 1952, cuando la ciudad de Barquisimeto cumplió 400 años de fundada, se creó la Planta de Tratamiento El Manzano, durante la dictadura del general, Marco Pérez Jiménez.  

En ese mismo año se inauguró el Monumento Obelisco en Barquisimeto, y en 1954 se creó el Hospital Central Antonio María Pineda, y esa población se abasteció con los 100 litros de agua por segundo que venían de Guamacire, desde río Claro, precisó Julio Gutiérrez, presidente encargado del Colegio de Ingenieros del estado Lara.

Los pozos de Macuto surtían a toda la ciudad de Barquisimeto. “Esa planta tuvo originalmente una capacidad de generación de 750 litros de agua por segundo y llegó a procesar hasta 900 litros por segundo”, soltó Arocha.

En la década del 50 la ciudad proyectaba un gran crecimiento poblacional exponencial. Ya había 500 mil habitantes en la capital larense, y fue desde entonces que se empezaron a idear dos grandes proyectos hidráulicos para Lara: El Embalse Dos Cerritos en El Tocuyo, y el Sistema Hudráulico Yacambú Quíbor. Sólo el primero se concretó.

Las políticas avanzaban

En los primeros años de su creación, el SAT tenía una capacidad de captación de 3.000 litros de agua por segundo (l/s). A medida que ese eje agrícola y urbano de los tres municipios fue desarrollándose, los gobernantes de turno se abocaron a realizar obras para ampliar la distribución de agua.

En 1984 el caudal se incrementó a 4.450 litros de agua por segundo, durante el gobierno de Luis Herrera Campins, y luego el 16 de septiembre de 1992 se llevó el SAT a su máxima capacidad de captación, 6.000 l/s, con la puesta en marcha de la denominada quinta línea, o el quinto motor de rebombeo. En esa fecha hasta el presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, vino a inaugurar la obra.

Arocha fue el primer hombre que pronunció la palabra “Hidrolara” cuando se pensaba en la descentralización del manejo de los servicios públicos en el país a inicio de los 90. En ese momento ocupaba la dirección del INOS, y posteriormente la dirección de Hidroccidental. Trabajó cinco años por mejorar el servicio de agua en este estado.

De acuerdo con los datos localizados en la Biblioteca Pío Tamayo de Barquisimeto. Tan sólo 13 años después de la creación del Embalse Dos Cerritos, en 1986, ya la represa quedaba corta para atender la demanda total de agua del sector industrial, comercial y urbano de esos tres municipios.

En ese momento no solamente se incrementó el número de personas en Lara, también comenzaron a proliferar las tomas clandestinas de agricultores y comunidades que se establecieron en las adyacencias de la tubería principal de 60 pulgadas, que va desde Dos Cerritos, en Morán, hasta los tanques de Hidrolara que están en la entrada de Barquisimeto en el barrio La Paz.

Había un déficit de agua en la ciudad de Barquisimeto de 1.000 litros de agua por segundo. La ciudad tenía unos 700 mil habitantes y sólo había capacidad para darle agua al 65% de la población, reseñó El Impulso el 4 de julio de 1987.

El 24 de marzo de 1992, el mismo diario, publicó un reportaje donde se revelaba que había 35 mil hectáreas de suelos semidesnudos que erosionaban la cuenca alta del Río Tocuyo. Para este año no había un programa de conservación de la cuenca hidrográfica.

La falta de conciencia de los ciudadanos que malgastaban el agua y la tala y quema indiscriminada que afectaban la cuenca alta del Río Tocuyo iban reduciendo de manera desmedida la cobertura vegetal y con ellos las fuentes de agua.

Desde el año 1985, distintos gobernadores de Lara intentaron establecer una política de sanciones para frenar la proliferación de tomas clandestinas. El gobernador de Lara, Domingo Perera Riera, estableció sanciones de prisión por varios días a quienes estuvieran implicados en tomas clandestinas.

En 1998, Orlando Fernández Medina, en su primer período de gobierno, intentó poner “mano dura” contra quienes estuvieran implicados en tomas de agua ilegales. Contemplaba cárcel para los despilfarradores de agua, la regularización de las tomas de riego, y la eliminación de las tomas clandestinas.

Ese mismo año era inminente comenzar a aplicar un plan de racionamiento para los tres municipios. Ya el agua no era suficiente y desde entonces los ciudadanos han tenido que sufrir las consecuencias por la escasez de agua.

En el año 1998 resultaban afectadas unas 200 mil viviendas, además de 662 empresas industriales, 13 mil 740 establecimientos comerciales en el eje urbano de El Tocuyo, Jiménez y Barquisimeto, reseñaban periódicos de la época.

Ana Uzcátegui – La Prensa de Lara