
También podemos confiar en Dios porque Su Palabra es verdadera y Él mantendrá todas Sus promesas (Jn 17:17; Nm 23:19). El Señor declara una bendición en «el hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor» (Jr 17:7), y este será bendecido porque el Señor no puede mentir y porque va a cumplir todas Sus promesas. La Biblia está llena de lo que Pedro llama «Sus preciosas y maravillosas promesas» que tienen que ver con nuestra completa salvación y entrada al reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2 P 1:3-11). No solo estas promesas son increíbles por sí solas, sino que podemos confiar en ellas como la Palabra de Dios para nosotros, cuyo cumplimiento será mucho más de lo que pensamos o imaginamos (Ef 1:20). Por ejemplo, nuestro Señor ha prometido nunca dejarnos o abandonarnos y estar con nosotros siempre, hasta el fin del mundo (Heb 13:5; Mt 28:20); para llevar a término la buena obra que comenzó en nosotros (Fil 1:6), lo cuál es nada menos que salvar a Su pueblo de sus pecados (Mt 1:21).

Además, el Señor ha prometido mantenernos seguros a pesar de nuestros numerosos enemigos, tanto humanos como demoníacos que quieren destruirnos. Él es el Buen Pastor que cuida de Sus ovejas y nos dice que nadie puede arrebatarnos de la mano del Padre (Jn 10:28-29). Ninguna arma que se apunte contra nosotros, los siervos del Señor, tendrá éxito y refutaremos toda lengua que se levante contra nosotros en el juicio porque el Señor ha prometido vindicarnos (Is 54:17). Pablo alude a esta gran promesa cuando escribe que nadie puede acusar a los elegidos de Dios; porque es Dios quién justifica y nadie puede condenar, puesto que Cristo murió y resucitó de entre los muertos e intercede por Su pueblo garantizándoles la gran salvación (Ro 8:31-39). Lo que comúnmente se le conoce como las «bienaventuranzas» en el «Sermón del monte» (Mt 5:3-12) no solo son descripciones de los ciudadanos del reino bendecidos por Dios, sino que se trata de promesas repetidas de bendición para aquellos que han sido transformados por Su gracia, asegurados por el predicador del sermón cuando murió en la cruz y resucitó de entre los muertos como lo declara el Evangelio de Mateo.
