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Rescatando la auténtica música tradicional con Benito Quirós, El Rey del Galerón, por Carlos A. Mendoza

El pueblo siempre tiene una maravillosa intuición musical y poética. Alejo Carpentier.

Apenas comenzaba el año de 1932 cuando el Teatro Juárez de Barquisimeto presencio, conjuntamente con una presentación del cantante mexicano Alfonzo Ortiz Tirado, un curioso caso de precocidad musical.

Un niño apenas de 9 años daba muestra de un talento extraordinario para vocalizar las canciones venezolanas. Sería esta la primera impresión para revelar la gestación de una artista que se inscribiría en la memoria musical de todo nuestro pueblo y se convertiría a la larga en un alto exponente del canto folclórico en especial de Galerón Oriental.

Era Benito Quirós, un personaje tan insertado en el pueblo venezolano que el sitio de su nacimiento se lo han disputado con vehemencia los maracuchos, por su tono de voz, los orientales por el galerón, los barquisimetanos porqué ahí se vieron sus primeros triunfos. Sería un gran deseo y orgullo de estos lugareños tener a tan ilustre hijo.

Pero es en Duaca, orgullosamente llamada La Perla del Norte, en el hoy Distrito Crespo del estado Lara, donde el cronista e inquieto investigador yaracuyano, Cesar Aveledo quero encontrará, el registro de nacimiento de está excepcional voz.

No es mera coincidencia que el estado Lara es llamado el “Estado Musical de Venezuela”; Allá sencillamente han nacido grandes artistas y folcloristas, su capital siempre ha recibido lo mejor de la música nacional e internacional y para aquella época prácticamente toda los vocalistas que venían de México la visitaban entre ellos: Tito Guizar, Jorge Negrete, Pedro infante, Ortiz Tira gran estilista del bolero que impresionado por el talento natural de Benito en aquella intervención en el Teatro Juárez, le daría el gran espaldarazo y la bendición como cantante.

A los catorce años fue llevado a México donde se hizo con composiciones venezolanas, a su corta edad y con sus muchas maneras de promover nuestras manifestaciones populares. Comenzaba allí la extraordinaria carrera de ese inmortal interprete de la música venezolana entre ella la del Galerón Oriental, atractivo aire musical cantado y bailado al cual le imprimió su personalísimo estilo y su característico timbre de voz que le valió el apodo artístico del “Rey del Galerón”, nombre con el cual recorrió buena parte de su patria y varios países hermanos.

Benito Quirós, cubrió toda una época con su carrito; por lo demás sus composiciones de corte social lo definirían como un hombre de pueblo, inconfundible como cantador popular. Sin embargo viene a engrosar la larga lista de valores populares: Allí Primera, Ricardo Aguirre y muchísimos más, que no tuvieron en vida y después de muertos el reconocimiento que merecían.

Autodidacta por excelencia y dotado de una gran dosis de voluntad, talento humor y alegría hacia la vida. Benito tuvo que labrarse su propio camino con sus interpretaciones, convirtiéndose en una leyenda con la que cuenta la historia de nuestra música.

El pueblo elogia su maravillosa voz, especialmente al cuanto al manejo de la improvisación y se le reconoce haber asentado el Galerón en el gusto de los venezolanos, que tanto había impulsado Don Rafael Guinand. Las vocalizaciones de Benito provocaban un efecto extraordinario en todos los escenarios y emisoras de radio donde se presentaba, no solo por su proverbial virtuosismo, que destacaba su voz de tenor sino por su forma de imitar y de tener musicalidad absoluta, la cual salpicaba con esa gracia y es chispa criolla que nunca lo abandonaba.

  

Benito Quirós en vivo se preciaba precisamente por su carácter jovial, alegre y ese espíritu improvisador que siempre tuvo. Todos estos factores confluían para que la comunicación con el público fuera inmediata y altamente emocional.

En su etapa más activa a lo largo de los años cincuenta se le recuerda recorriendo el país; unos dicen huyendo de la dictadura perezjimenista ya que era un consecuente militante de Acción Democrática en tan difícil época y otro que por razones de contratación. También se le recuerda asumiendo profesiones tan disimiles como la de chofer, transportista o mecánico (Legando a tener un taller en la parroquia de El Valle en Caracas.

Con viejos carros una de sus grandes pasiones, se presentaba en las emisoras de Radio de Caracas, San Fernando de Apure o Ciudad Bolívar, o bien en puerto Cabello donde lo estacionaba a la orilla de la playa para tomar un pequeño barco y llevar serenatas a las casa que lindaban con el mar y le comentaba a los locutores de turno el orgullo que sentía “por la maravilla de carro que me ha traído”. Las mujeres y los carros se constituyeron en una constante en su vida artística; tanto cariño le dio a los dos que sus composiciones más famosas giran alrededor de estos temas: “Mis dos amores”, “La tonta”, “La inspiración del chofer”, “La mujer y el radio”, “Paseo a Macuto”, “Las cuarentas mujeres”, A miss Mundo”, y otras tratadas siempre en forma humorística y respetable.

Su versatilidad era tal que le puso música a poemas de Miguel Henrique Otero Silva (El gallo zambo muy dentro del corazón), Andrés Eloy Blanco (La alegría perdida), Aquiles Nazoa (Galerón con una negra), Ernesto Luis rodríguez (Rosalinda) y muchos otros autores, llegando a interpretar ritmos, Antillanos, Sones Cubanos y Boleros.

Muy poco es lo que se sabe de las giras del Rey del Galerón a los países hermanos. Contaba el gran decimista cubano, el Indio Naborí, que Benito Quirós era muy popular en Cuba donde residió y actuó por varios meses, sorprendiendo a los isleños por su gran facilidad para improvisar en decimas los ritmos del punto cubano y desde luego el conocimiento que tenía Benito y el entrenamiento dentro del género del Galerón Oriental Venezolano, muy parecido al punto cubano, lo ayudaron mucho en ese sentido grabado piezas de otro gran decimista  como fue Chanito Ysedron (La Mujer y El Radio y un Matrimonio Abundante). Inclusive se identificó con la revolución actuando muchas veces al lado de grupo cubanos en presentaciones destinadas a recoger fondos para los luchadores de La Sierra Maestra.

Los últimos años de la vida de Benito Quirós transcurrieron en forma tranquila y apacible, se le recuerda en un pequeño fundo en el estado Monagas donde vivía parcialmente retirado de la vida artística y de vez en cuando recorriendo y evocando al país con una camioneta de su propiedad un verdadero museo ambulante lleno de cachivaches y recuerdos.

En ella una noche, nadie precisa supuestamente el año, 1968 el destino y la imprudencia de un contratista lo llevaron a estrellarse contra un montón de asfalto mal colocado a la orilla de la carretera cerca de Maturín. Terminaba así la vida de ese inmortal del canto del tenor, del peculiar timbre de voz que era capaz de sostener una nota mayor tiempo que ningún otro cantante de lo cual lo hacía mucho alarde en sus presentaciones.

Los disc os han recogidos testimonio de la interpretación de Quirós en un grupo de sus obras, grabaciones realizadas en un programa diario de la Radio Tropical de Caracas, “Para conversar y cantarle a su pueblo” y recolectadas por el coordinador Tito Suarez, gran amigo y compañero del artista “por si Benito fallaba” por los años 50. Esas grabaciones fueron utilizadas para producir varios discos en 1967. Aprovechando avances electrónicos se logró con el acoplamiento de instrumentos electrónicos (Sintetizador, string, bajo) mezclados con los tradicionales (Arpa, cuatro, maracas, flauta y mandolina) escuchar al extraordinaria cantador fallecido.

A más de cincuenta años de su primera presentación, el trabajo como compositor realizado por Benito Quirós durante mucho tiempo debiera ser hoy parte indisoluble de nuestro patrimonio cultural venezolano. Su obra admirada por el pueblo, pero desconocida por la desidia de los que han negado reconocerla, es imposible de ignorar, solo el pueblo ha sentido particularmente suya la música de este compositor y gran cantante y le reserva un lugar único en su admiración, respeto y cariño ya que fue mucho lo que sintió por su música, por su tierra y por su gente.

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Carlos Alberto MendozaCarlos Alberto Mendoza
Carlos Alberto Mendoza