Esta expresión que forma de una de las tantas notas de reconocimiento del acervo popular de la Cumaná de antaño y de ahora, nos desborda de nostalgia a quienes sentimos la residencialidad y tradicionalidad de la sultana del “Manzanares”, más que una efímera atmosfera del tiempo por venir, más que una escatológica narrativa, que creíamos que nunca volvería, pero vista la cinta, que nos muestran años tras años los administradores de este régimen en materia de infraestructura hidráulica, que desde hace, quizás décadas no han tenido la curiosidad de hacerle mantenimiento a este rio ,que gracias a Rafael Caldera, en su primer gobierno, supo entender que la primogénita era un delta, que necesitaba de un aliviadero, tal como se lo recomendó el ingeniero José Curiel.
Cuenta la histria portátil de Cumaná, que constantes eran las inundaciones que sufría la tierra de Antonio José de Sucre, producto de la crecida de un impetuoso Rio Manzanares. Las aguas del río, inundaban gran parte de la ciudad casi constantemente. Aquello representaba un problema para los vecinos de aquella ciudad. Tanto era costumbre, que hasta a una calle se le dio el nombre de remangaenagua, ya que las personas debían arremangar las enaguas para poder salir a la calle.
Transcurría el año 1968, Venezuela vivía una agitada campaña electoral que debía definir al presidente de la República. Llegaba entonces a Cumaná bajo un fuerte aguacero el entonces candidato presidencial Rafael Caldera, del partido COPEI, quien caminó las calles de la ciudad con los pantalones arremangados puesto que el río se había desbordado.

Caldera, prometió que, de ser electo presidente, haría construir un Aliviadero para el manzanares. Promesa que fue cumplida en el año 1969 con Caldera en la presidencia. Aquello vino a evitar las inundaciones del Manzanares ya que disminuyó el caudal del río 50%.
Sin embargo, la reducción del caudal, género una acumulación de sedimentos, viéndose en la obligación en 1989, el Gobierno Regional de Ramón Martínez de dragar el Manzanares para garantizar la navegabilidad y construir muros de contención a la altura de los parques Ayacucho y Guaiquerí. En esta obra se construyó también el parque Santa Catalina.
Es por ello en Cumaná podemos acuñar la palabra proverbial que nos dice: nos ha fustigado como una plaga, por así lo han querido, quienes teniendo la responsabilidad de mantener el sistema y afluente han hecho todo l contrario . La culpa no está en el sentimiento, sino en el consentimiento. (San Bernardo de Claraval)

