
Cuando Armandito era Armandito no había manera de no quererlo y prácticamente de no adoptarlo. Con él en ‘QAP Noticias’, cuando era prácticamente un imberbe reportero, hicimos un buen equipo, casi una familia, cuyos vínculos aún subsisten. Solo que llegó el día de dejar ir a Armandito, confieso que con nostalgia por su alegría y ocurrencias: se nos volvió un conflicto ético que mezclara el periodismo con sus intereses políticos, que resultaron ser su verdadera vocación.
Armandito fue uno de los primeros advenedizos liberales que empacó maletas y llegó a la campaña Petro. Su utilidad, al contrario de la de Roy, este mucho más intelectual, se volvió para el candidato Petro la de un divertido y hasta alcahuete acompañante, casi un bufón, en una relación de plano más personal. Por eso cuando quedó claro que Roy no sería vicepresidente y terminó asumiendo –¡a buena hora!– el liderazgo del Congreso, se hicieron más notorias la cercanía y la confianza que existían entre Petro y Armandito, hasta el punto de que este le cargaba el maletín, le hacía sus relaciones públicas, le organizaba manifestaciones y le lidiaba las travesuras. Se volvieron inseparables.
El alto cargo en Venezuela que le dieron para premiar su ayuda y amistad era el ideal. Mencionemos apenas que por lo díscola y explosiva que es la personalidad de Armandito, quedaba mejor parapetada entre Maduro, Diosdado, Padrino y sus secuaces. Allá sería uno más de toda esa tropicalidad.
Pero más importante aún: las varias investigaciones que ha tenido o aún tiene abiertas Armandito por enriquecimiento ilícito, lavado de activos, celebración indebida de contratos, tráfico de influencias, muertos que aparecen prestando millones, seguimientos y chuzadas ilegales, que lo serían en cualquier otro país, en Venezuela jamás serán impedimento para concederle a él el beneplácito, por una sencilla razón: en Venezuela los negocios se hacen así. A lo Armandito. Misteriosos, pero seguros y florecientes.
Armandito cae bien, es ocurrente y tiene humor. Pero no estoy tan segura de que en la misión de reabrir canales con Maduro que le confió Petro logre a su vez mantener el corrupto régimen venezolano a una prudente distancia.
Ahora, Petro no puede quitarles el ojo a las movidas de Armandito en Venezuela. Es fácil que en ese ambiente permisivo y de privilegios, favorable al surgimiento de esa casta como la de los “boliburgueses”, que han sabido hacer negocios personales sobre la miseria del país, a Armandito ya lo estén tentando con la membresía de tan exclusivo club. Y eso no es imposible. Examinando las investigaciones en su contra, ampliamente divulgados en medios como EL TIEMPO y RCN, quedan grandes dudas del origen de su inmensa fortuna y de métodos non sanctos con los que se habrían tramitado algunos de sus negocios.
En este momento Armandito se acaba de ganar un ‘round’: le descongelaron un millonario predio sobre el cual un juez consideró que ni por necesidad o proporcionalidad se justificaba tal medida cautelar. Pero la decisión no resolvió nada de fondo. El proceso penal sigue, aunque ahora se lo quitaron a la magistrada de la Corte Cristina Lombana y se lo pasaron a la Fiscalía, que tendrá que revisar cosas muy graves.
Por ejemplo, el supuesto uso de una asistente suya en calidad de testaferro, para evitarse ser él quien adquiriera, de la pésimamente afamada Dirección Nacional de Estupefacientes, un millonario apartamento de 400 metros en los cerros de Bogotá, cuya propiedad le fue extinguida a un narco. O la compra de una casa en Puerto Colombia, por valor de 3.600 millones de pesos, pero que en la escritura aparece por 1.500 millones. Y una supuesta llamada, que él niega, a la entonces mintic Karen Abudinen, para que no caducara el contrato de Centros Poblados, sino que lo cediera a una compañía gringa aparentemente escogida por él. Y siguen más investigaciones.
El supuesto uso de una asistente suya en calidad de testaferro, para evitarse ser él quien adquiriera, de la pésimamente afamada Dirección Nacional de Estupefacientes
Que en Venezuela una trayectoria comercial como la de Armandito sea parte del paisaje es una cosa. Pero que le convenga a Colombia que un día de estos él sea llamado por la justicia colombiana a rendir cuentas, con la posibilidad de una detención preventiva, es otra. Flaco favor se les haría a los esfuerzos de Colombia de acercarse a Venezuela, con eso de tener a nuestro embajador preso, enfrentando juicios prosaicos por platas cuya procedencia aún no ha logrado aclarar.
Y conste que no me atrevo a afirmar que en el nombramiento de Armandito en Caracas hubiera estado de por medio el interés de hacerle el favor de cambiarle seis jueces que tenían a cargo su caso en la Corte, incluyendo a la implacable Cristina Lombana, por uno solo, el fiscal Barbosa.
P. D. Para que no quede duda: cuando hablo de “Armandito”, me refiero al señor embajador de Colombia en Venezuela, excelentísimo doctor Armando Benedetti Villaneda.
El Tiempo de Bogotá – Abogada, periodista y política de Colombia.

