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El poeta Jesús Torres Rivero en la casa Andrés Eloy Blanco:“De mis andaduras” le canta a una Cumaná que no existe””

El poeta Jesús Torres Rivero en la casa Andrés Eloy Blanco: “Le canto a una Cumaná que no existe”
El banco de mi plaza tenía un tapiz de páginas nobeles y poemas inéditos y cuitas bordeándoles congojo. El banco de mi plaza tenía la paciencia pétrea de esperar mis secretas emociones. Pero un día aciago, la demagogia y vulgaridad de un gobernante lo profanaron; y el banco de mi plaza templo de confidencias, ya no existe, la codicia insensible hizo puente y lo transformó. Vil reclinatorio para las danzas del poder”

En el marco de la presentación del nuevo libro, aun sin publicar, “De mis andaduras” del escritor, ensayista cumanés, el Dr. Jesús Torres Rivero, este jueves 7 de julio de 2022 en horas de la mañana se efectúo la programada charla por los amigos de este ciudadano ejemplar que es el poeta y abogado de más 80 años, quien se atrevió a decir, mientras se entonaban la notas de Himno Nacional de Venezuela en un acto simultaneo al frente de la Casa del poeta Andrés Ely Blanco poe el gobierno regional, que su nueva obra le cantaba a una ciudad que ha sido borrada por el tiempo y la barbarie. “Le canto a una ciudad que ya no existe”

  


Dice Torres Rivero que “De mis Andaduras”, “trata los momentos, ciclos de una Cumaná durante un tiempo y un espacio en el uso de su razón, donde la cotidianidad lugareña de la comunidad, estaba pautada por la vida cultural. Lo anecdótico en este libro está tranversado, por ejemplo, por la música. “La Calle del Medio”, como se llamó a la calle Sucre de la Primogénita antes del 1958, era un centro de conciertos casi todo el día, porque muchas de las familias tenían pianos en sus casas”.
La Ciudad comienza a crecer a partir de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, pero antes era un pueblo con dos parroquias: San Inés y Altagracia. La Ciudad llegaba hasta “La Copita”. Se construye la primera iglesia, Santa Inés, justo en la plaza de armas de San Francisco, cerca del antiguo cementerio de los españoles; próximo a una pequeña empresa de Jabón, donde antes se congregaban la curia católica, conocido como el convento de San Francisco, donde por cierto funcionó la primera universidad del Continente.

Dijo que él se crio en un Barrio, San Francisco, que aún se mantiene, pero creció a raíz de la llegada del gobernador de entonces, de nombre Salazar Domínguez, que creyó en una visión cosmopolita, donde la ciudad debía tener poder y de ahí la Universidad de Oriente, por ella, la UDO, que instala sus núcleos, es el hito más importante e inicia la permeabilización de las mentes de una ciudadanía, que el caso del territorio oriental, llegaba hasta Zaraza y de ahí al rio Orinoco.

Manifestó entre tantas otras cosas, esa ciudad que comienza es otra cosa distinta a lo que plantea “De mis Andaduras”, basado en las dos parroquias de Santa Inés y Altagracia; más su definición, que en Venezuela la marcan las plazas Bolívar. En Cumaná plaza mayor o Bolívar fue profanada por un sinvergüenza, que por ética a este acto no voy a nombrar, pero tengo que decir, que lo peor que puede existir en una familia es la acuña de su propio palo, que destruyó la plaza Bolívar y creo ese adefesio que hoy.
Concluyó diciendo que por esa razón escribió un poema: “El Banco de plaza tenía una rotonda verde y trinos celestiales, firmamento encendido y rocíos de amaneceres y unas perezas derrotando a Aquiles, el banco de mi plaza era imagen de un santuario, donde se refugiaba Dios y cabía, toda la misericordia al descanso del pordiosero, el banco de mi resguardaba tiempos arcanos y seculares, el banco de mi plaza tenía la suavidad de la molicie y ansias para soñar mis sueños juveniles, el banco de mi plaza guardaba la cálida ternura de la novia del amado, presurosa acariciando al alborozo beso del tejano. El banco de mi plaza tenía la discreción de un confidente y la paciencia sacra de un devocional.
Allí se prosternaron por igual, el amor correspondido y la desesperación. El banco de mi plaza tenía un tapiz de páginas nobeles y poemas inéditos y cuitas bordeándoles congojo. El banco de mi plaza tenía la paciencia pétrea de esperar mis secretas emociones. Pero un día aciago, la demagogia y vulgaridad de un gobernante lo profanaron; y el banco de mi plaza templo de confidencias, ya no existe, la codicia insensible hizo puente y lo transformó. Vil reclinatorio para las danzas del poder”