
La región enfrenta presiones inflacionistas, si bien la atención debe centrarse en los desequilibrios estructurales. Puestos de frutas y verduras en el mercado municipal de São Paulo.
Latinoamérica: Se requiere atender lo urgente, pero también lo importante.
Latinoamérica se encuentra sujeta a los vientos externos: de los cambios en la política económica en las principales economías o de los aires de conflicto desde otras latitudes. En medio de este incierto panorama, la región se aferra a mantener una dinámica de actividad con un crecimiento estable, en torno al 2% en 2026 y al 2,1% en 2027. Destaca la tendencia de mejora en México, aunque no compensa la desaceleración en Brasil y Colombia, por nombrar algunos. Esta dinámica de actividad también ha estado condicionada por los constantes cambios políticos internos y por las condiciones climáticas.
El mundo, en este momento, afronta un fenómeno de El Niño muy intenso: el calentamiento del océano Pacífico en torno a la línea ecuatorial. Las métricas más recientes tomadas por la NOAA (agencia climática de Estados Unidos) apuntan a que este será el peor en al menos 50 años.
El Niño causa en Latinoamérica una marcada sequía y déficit de lluvia en buena parte de Centroamérica, Colombia y Venezuela, mientras que implica excesos de precipitaciones en la parte norte de México y en el sur del continente, desde Perú hasta Argentina. La incidencia de esta anomalía climática, especialmente cuando es tan fuerte, tiende a producir un menor crecimiento en estos dos países. Por su parte, en Colombia el impacto es principalmente a través de la inflación.
Así las cosas, se espera un menor crecimiento en Perú en 2026 y 2027 frente a lo estimado previamente, mientras que en Argentina es algo prematuro para estimar su impacto, toda vez que depende de su grado de incidencia en la zona de producción de soja y trigo. Para Colombia, el impacto ya comienza a percibirse en su más reciente registro de inflación, con alimentos perecederos liderando las alzas, pero se espera que alcance mayor efecto a comienzos de 2027.
En este entorno, Latinoamérica enfrenta presiones inflacionarias que han llevado a que se ubique por encima de los objetivos de sus bancos centrales, y a que estos endurezcan sus mensajes o incluso su postura de política en algunos casos, como Colombia. Esta respuesta ha ayudado a limitar, al menos parcialmente, la depreciación de las monedas regionales frente al dólar.
La región enfrenta varios retos de corto plazo, pero en un contexto de tipos globales más elevados por un mayor tiempo, la atención debe centrarse en esos desequilibrios más estructurales. Quizás suene a receta muy repetida, pero el único camino sostenible es lograr atender estas necesidades sociales y económicas a partir de una revolución productiva, todavía esquiva para Latinoamérica. Es relevante no sólo atender lo urgente, sino también lo importante.
Alejandro Reyes – El País de España
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