
Fermín Mármol García, Emilio Figueredo, Joel García y Rona Risquez.
Expertos analizaron en un nuevo Foro Analítica los desafíos que enfrenta Venezuela para recuperar la seguridad ciudadana, desde la reorganización de los cuerpos policiales y el sistema de justicia hasta el combate contra el crimen organizado y la necesidad de recuperar valores y confianza institucional.
Recuperar la seguridad ciudadana en Venezuela implica mucho más que combatir el delito. Supone reconstruir un sistema de instituciones capaces de proteger al ciudadano, delimitar las funciones de los distintos cuerpos de seguridad, fortalecer la justicia y recuperar la confianza de una población que, en muchos casos, ha llegado a percibir a quienes deben protegerla como parte del problema.
Ese fue uno de los principales planteamientos del foro ¿Cómo recuperar la seguridad ciudadana, realizado por Analítica.com como parte del ciclo Reconstruir Venezuela, conducido por Emilio Figueredo, y que reunió al abogado criminalista y profesor universitario Fermín Mármol García, al abogado penalista y defensor de derechos humanos Joel García, y a la periodista de investigación Rona Risquez.
Para Mármol García, uno de los principales problemas está en la falta de delimitación de las competencias entre los distintos organismos. Venezuela cuenta con policías municipales, estadales y nacionales, además de otros cuerpos con funciones de seguridad e investigación, pero, a su juicio, existe una superposición que afecta la eficiencia del sistema.
Los preventivos investigan. Los que investigan deben ser preventivos y los que son de seguridad de Estado hacen prevención e investigación, resumió el especialista, quien calificó esta situación como un bochinche interinstitucional.
A su juicio, esta dispersión de funciones termina afectando la credibilidad de las instituciones. La ciudadanía siente que sus instituciones son parte del problema, no parte de la solución, afirmó.
Mármol García propuso, entre otras medidas, realizar de manera periódica encuestas nacionales de victimización que permitan conocer la percepción de los ciudadanos sobre los cuerpos policiales, la capacidad de denuncia, el acceso a las armas y drogas ilícitas y la respuesta de las instituciones ante los delitos.
Una policía que genere confianza
Joel García coincidió en la necesidad de una profunda reestructuración del sistema de seguridad y puso el foco en la relación entre los ciudadanos y los cuerpos policiales.
Cuando la policía le teme más a la ciudadanía, cuando los ciudadanos le tememos más a la policía que a los mismos delincuentes, esta sociedad está totalmente descompuesta, señaló.
El abogado planteó la necesidad de avanzar hacia un modelo de seguridad centrado en la protección del ciudadano, con una clara delimitación de competencias, profesionalización y depuración de los cuerpos policiales.
La formación y las condiciones laborales de los funcionarios también ocuparon un lugar central en su exposición. García advirtió que no es posible construir policías profesionales con procesos de formación insuficientes y condiciones económicas precarias.
Para tener funcionarios que no tengan la tentación de corromperse, tenemos que mejorar las condiciones laborales y dignificar las condiciones de los policías, sostuvo.
También destacó la necesidad de fortalecer el sistema de justicia penal y penitenciario y recuperar la independencia de los jueces. Los jueces no le teman al poder, sino que solamente le teman a la Constitución y a la ley, afirmó.
El desafío del crimen organizado
La discusión también abordó el crecimiento y transformación de las estructuras criminales y la necesidad de establecer con claridad qué organismos deben enfrentarlas.
Rona Risquez sostuvo que antes de pensar en operaciones específicas contra grupos armados es necesario reinstitucionalizar los cuerpos de seguridad, definir sus funciones y determinar quiénes deben asumir cada tarea.
Lo primero que hay que hacer en general es una reforma en la policía, una reinstitucionalización de los cuerpos de seguridad, señaló.
La periodista diferenció además entre las capacidades necesarias para combatir el delito común y aquellas requeridas para enfrentar organizaciones armadas, guerrillas o estructuras criminales de mayor escala.
En su análisis, el problema de la seguridad no puede reducirse a grupos como el Tren de Aragua, La Piedrita o las disidencias guerrilleras. También requiere políticas de prevención, especialmente dirigidas a evitar que los jóvenes sean captados por organizaciones criminales.
La seguridad va más allá de eso. Tiene que haber políticas, tiene que haber mecanismos también para que los jóvenes no sean reclutados o no se incorporen a grupos criminales, explicó.
Seguridad, justicia y valores
Durante el foro hubo coincidencia en que una reforma de la seguridad no puede limitarse a cambiar nombres, directivas o estructuras. Debe involucrar al Ministerio Público, los tribunales, el sistema penitenciario y los mecanismos de control institucional.
Risquez añadió otra dimensión al debate: la necesidad de revisar los valores que se han instalado en la sociedad venezolana durante las últimas décadas.
A su juicio, algunas conductas vinculadas con la llamada viveza criolla y la normalización de comportamientos asociados a la cultura delictiva han terminado teniendo un impacto en la manera en que la sociedad entiende la legalidad y la autoridad.
Esa cultura malandra empezamos a no solamente a ver que está allí, sino a asumirla y a tolerarla y a que nos pareciera chévere, sostuvo.
Los participantes coincidieron en que la recuperación de la seguridad requiere voluntad política, instituciones sometidas a la ley, funcionarios profesionales y mecanismos de control capaces de evaluar permanentemente su desempeño.
Pero también exige recuperar una idea básica: la seguridad no es únicamente ausencia de delitos, sino la posibilidad de vivir sin miedo y ejercer plenamente la ciudadanía.
En ese sentido, Mármol García llamó a los venezolanos a no acostumbrarse a las condiciones actuales.
No es una buena estrategia acostumbrarse a lo malo. Siempre tenemos que ser exigentes, siempre tenemos que comprender que podemos estar mejor y trabajar para eso, dijo.
Y dejó una reflexión que resume buena parte de la discusión: Nunca renunciemos a la ciudadanía.
Recuperar la seguridad, por tanto, no pasa únicamente por mirar hacia los cuerpos policiales, las bandas criminales o las instituciones del Estado. También obliga a mirar hacia adentro, revisar qué valores se han normalizado, qué conductas se toleran y qué tipo de sociedad se quiere reconstruir. Porque recuperar la seguridad ciudadana supone reconstruir instituciones, pero también reconstruir la relación del ciudadano con la ley, la autoridad y el otro.
Mabel Lander – Analítica.com
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