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Frustración en Cuba, porque los Estados Unidos no muestra ningún interés por lo que sucede en la isla

Playas de Cuba

 

Cuba is next», todas las opciones están sobre la mesa, «el director de la CIA se reúne en La Habana con funcionarios del régimen», «el secretario de guerra advierte al régimen cubano desde la base Naval de Guantánamo»… Estos han sido algunos de los titulares que, meses atrás, alimentaron la sensación de que algo estaba a punto de ocurrir en Cuba. Tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, la posibilidad de una acción similar en la isla que desembocara en un cambio de régimen comenzó a ocupar el centro del debate. Para muchos cubanos, el desenlace parecía inminente. Playas de Cuba.

Frustración en Cuba, ante un cambio que no llega: EE.UU. se ha complicado con Irán.

Frente a estos anuncios, en la Habana comenzaron ejercicios de preparación militar y el régimen hablaba de un posible «baño de sangre» y de una «resistencia de todo el pueblo», y los opositores denunciaban amenazas de ejecución ante un eventual ataque estadounidense. Mientras tanto, el presidente Miguel Díaz-Canel encabezaba concentraciones de rechazo frente a la Embajada de Estados Unidos y la propaganda oficial elevaba el tono de sus advertencias.

Tras la caída de Maduro en Venezuela parecía que comenzaba el camino de la transición hacia la democracia, Cuba parecía el siguiente escenario en el que intervendría EE.UU.. Cada fin de semana parecía traer consigo la posibilidad de una fecha decisiva: el día en que el régimen sería obligado a abandonar el poder. Mientras el Gobierno de Díaz-Canel alimentaba la retórica belicista, el cubano de a pie, asfixiado de tantos apagones, la inflación y la pobreza extrema, vio crecer una esperanza que durante años había parecido lejana: que finalmente se produjera un cambio político.

«Ahora sí», «por fin seremos libres», «que acaben de tirar la bomba, no hay de otra» fueron algunas de las expresiones que comenzaron a circular entre los cubanos, convencidos de que el cambio estaba cerca. Algunos llegaron incluso a invertir en propiedades o negocios ante la expectativa de una eventual transición. «El régimen no llega al verano», decían. Pero el verano pasó. Y el cambio no llegó.

Igual o peor

Las expectativas han dado paso, en muchos casos, a la frustración, la incertidumbre y el cansancio. «Hace unos meses pensé que esto iba a cambiar. Ahora veo que seguimos igual o peor. Ya no sé cuánto tiempo más puede aguantar la gente», declaró a ABC un residente en La Habana.

«La gente está cansada. Antes se hablaba de un cambio; ahora la mayoría habla de irse del país porque no creen que aquí vaya a cambiar nada», señaló un cubano desde el centro del país. Otro cubano lo resumió así: «El régimen ha demostrado que sabe resistir. Puede estar el país entero en crisis y ellos siguen aferrados al poder. Mientras tanto, el que sufre es el pueblo». Sin embargo, no todos han perdido las esperanzas. «EE.UU. se ha complicado con Irán, pero estoy seguro de que Cuba sigue siendo una prioridad. Cuando menos lo esperemos, algo va a pasar», afirma un habanero.

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Mientras la espera se prolonga y la crisis se agrava, el régimen intenta aplicar reformas económicas que prometen apertura al sector privado, pero sin libertades económicas y manteniendo el control estatal.

«Quienes sufrimos siempre somos los de abajo. Ni a los americanos ni a los Castro les importa el pueblo, sino sus negocios»

«Aquí no va a pasar nada», asegura una ama de casa. «Quienes sufrimos siempre somos los de abajo, pero los de arriba se salen con la suya. Al final, van a hacer negocios, porque eso es lo que le interesa a Trump. Ni a los americanos ni a los Castro les importa el pueblo, sino sus negocios».

Esta percepción coincide con una inquietud que rodea el escenario actual: si la presión de Washington terminará desembocando en una transformación política o si, por el contrario, La Habana y Washington acabarán encontrando espacios para negociar mientras el régimen conserva el control.

En paralelo, la Administración Trump ha ido anunciado nuevos paquetes de sanciones contra empresas vinculadas al aparato militar y económico cubano, así como contra personas relacionadas con la cúpula del poder.

Al mismo tiempo, las relaciones económicas no han desaparecido. Las exportaciones estadounidenses a Cuba han aumentado con fuerza en 2026. Entre enero y julio, Estados Unidos exportó a la isla bienes por 674 millones de dólares, un 61,8% más que los 416,5 millones registrados durante el mismo período de 2025, según datos oficiales estadounidenses.

Las exportaciones estadounidenses a Cuba han aumentado más de 61,8% este año respecto a 2025

Un cambio por la fuerza

Cada anuncio de Washington es seguido con atención, pero también con la cautela de quienes han visto pasar demasiadas fechas sin que se produzcan cambios sustanciales. Al mismo tiempo, ha aumentado la convicción de que el régimen cubano no abandonará ni negociará una salida del poder, sino que solo lo harán por la fuerza.

En las calles de La Habana, todas las conversaciones giran en torno a la crisis y al aumento de la violencia. El futuro del país compite con las preocupaciones más inmediatas: qué comer y cómo comprar los alimentos, dónde encontrar agua, cuándo regresará la electricidad (este viernes la isla sufrió su octavo apagón nacional en lo que va de año) o qué hacer para abandonar la isla. Para una parte de la población, la prioridad ya no es saber cuándo caerá el régimen, sino cómo sobrevivir hasta que eso ocurra.

Algunos afirman que nada podremos los cubanos esperar de afuera. «Nuestros problemas tenemos que resolverlos nosotros», asegura Pablo desde el oriente del país. Sin embargo, reconoce: «Muy poco podemos hacer sin apoyo cuando estamos desarmados ante un régimen que encarcela hasta por una publicación en las redes sociales».

Gaesa cambia de rostro para evadir sanciones

Mientras la presión estadounidense se prolonga y el ciudadano común sigue pagando el costo de la crisis, Gaesa, el emporio controlado por los militares, mueve sus fichas para evadir sanciones y preservar sus fuentes de poder. La estrategia incluiría reestructurar su entramado económico, transfiriendo activos estratégicos a empresas extranjeras consideradas de confianza. Es el caso de Monte Barreto y CEIBA, vinculadas a importantes proyectos inmobiliarios y comerciales. Pero la maniobra podría ser mucho más amplia e involucrar inmobiliarias, activos del Mariel y hoteles gestionados por cadenas extranjeras. Según fuentes consultadas por el medio independiente CubaNet, el objetivo no sería desprenderse realmente de esos negocios, sino cambiar formalmente de propietario mientras se conserva el control sobre activos e ingresos clave.

Semanas atrás las protestas eran casi la norma diaria, pero ante la represión y la prolongación de la agonía han ido disminuyendo. No significa que haya desaparecido el descontento, sino que a la frustración se suma la falta de perspectivas y de esperanza en que lleguen las soluciones. «No creo que la gente haya dejado de querer un cambio. Lo que ha cambiado es la confianza en que ese cambio pueda llegar pronto», opina Mirta, una doctora que dejó su profesión para trabajar como cajera en una ‘mipyme’.

El cubano que esperaba un desenlace cercano tras la caída de Maduro y la creciente presión sobre La Habana se enfrenta ahora a una espera más larga, una crisis más profunda y un régimen que, lejos de desaparecer, busca nuevas fórmulas para resistir y preservar el control.

El ABC de España

 

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