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La Unión Europea y Canadá negocian acuerdos comerciales estratégicos para enfrentar a Donald Trump

Ursula von der Leyen, Mark Carney, y Antonio Costa

 

La Unión Europea y Canadá negocian acuerdos comerciales estratégicos para enfrentar a Donald Trump

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el primer ministro canadiense, Mark Carney, y el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, en junio de 2025 en Bruselas. Bruselas y Ottawa tejen una red inédita de pactos frente a los ataques de Estados Unidos y el empuje de China.

La UE y Canadá negocian acuerdos estratégicos para reforzar su relación en la era Trump.

La Unión Europea y Canadá estrechan su relación en un mundo cada vez menos fiable. Bruselas y Ottawa negocian un nuevo marco de asociación estratégica compuesto por varios acuerdos —de energía a minerales críticos, de inteligencia artificial e investigación a integración industrial en defensa— para reducir juntos sus vulnerabilidades frente a los incesantes ataques del estadounidense Donald Trump y el avance de China. Canadá, el socio más europeo de los no europeos, aspira a todo menos a la membresía, señalan varias fuentes comunitarias al corriente de la negociación….

Bruselas, que tiene gran sintonía con Ottawa, es receptiva a la idea. Y ambos bloques, que ya comparten distintos acuerdos y programas, tejen ahora una nueva red de pactos inédita. Los Estados miembros, sin embargo, conscientes de que otros socios cercanos pueden tomar la ecuación como referencia, son algo menos ambiciosos. Las negociaciones se han acelerado con la idea de anunciar ese nuevo paraguas de pactos en la cumbre UE-Canadá que se celebrará a finales de octubre en Montreal.

El idilio entre el primer ministro canadiense, Mark Carney, y la UE está en pleno apogeo. La convergencia entre Canadá (poco más de 41 millones de habitantes) y el club comunitario (452 millones) se afianzó ya en la época de Justin Trudeau, cuando la guerra de Rusia contra Ucrania y otras tormentas geopolíticas acercaron a Bruselas a socios con ideas similares. Ya entonces, la cúpula comunitaria empezó a organizar reuniones para, entre otras cosas, estrechar lazos en defensa. Ahora, cuando Trump enlaza un aguijonazo tras otro contra su vecino y ha puesto en su diana al club comunitario, ese entendimiento no hace más que reforzarse.

La Unión, preocupada por el empuje de Pekín y sus dependencias del gigante asiático, necesita, además, proveedores alternativos y capacidad industrial propia. Y Canadá encaja bien ahí. Juntos suman casi la quinta parte del PIB mundial y el 19% del comercio mundial de bienes y servicios.

Carney, con su tono pausado y su firmeza sin estridencias, se ha convertido ya en un habitual en las reuniones europeas. El canadiense participó en la cumbre de Armenia del pasado mayo, y algunos de sus ministros han estado presentes como invitados en varios consejos de la UE en las últimas semanas en Irlanda, que acoge este semestre la presidencia rotatoria del Consejo de la UE.

El primer ministro canadiense pronunciará, además, un discurso esta semana en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo, un día después de la intervención de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que mencionará el acercamiento a Canadá.

Durante la Asamblea General de Naciones Unidas, a finales de mes, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, organizará junto a Carney y al presidente de Kenia, William Ruto, una cumbre de socios del multilateralismo para impulsar el orden multilateral basado en reglas y hablar de la modernización de las instituciones —como la ONU o el Tribunal Penal Internacional— que reciben las invectivas constantes de Washington.

El acercamiento político es indudable, pero Carney y Von der Leyen quieren más. La idea no es firmar un superacuerdo, sino algo nuevo: un marco estratégico que permita a Canadá acercarse al mercado único, en palabras de una fuente comunitaria.

Canadá ha creado un grupo de trabajo especial que avanza en los acuerdos, y los enviados especiales de ambos bloques trabajan para dibujar pactos en cadenas de suministro críticas —tecnología, materias primas, tierras raras, comercio digital…—, en defensa, en educación, en movilidad profesional y, también, para conformar un espacio digital más interoperable. Se habla de eliminar las trabas para que profesionales de ambos bloques puedan circular y trabajar libremente pero también de que Canadá entre de lleno en programas de intercambio educativos como Erasmus, explica la citada fuente europea.

El canadiense, que lucha por diversificar fuera de EE UU, su principal mercado, ha sugerido a algunos líderes europeos incluso que se otorgue a Canadá un estatus especial de miembro asociado, subraya un diplomático comunitario que asistió esta semana a una reunión con los representantes de las capitales, la Comisión Europea y el Consejo Europeo en la que se habló de ese nuevo y ambicioso paraguas estratégico que se negocia con Canadá.

El paraguas se ha visto robustecido por Trump, que ha llegado a decir que absorberá a Canadá como otro Estado más. En plena guerra comercial con el país vecino, el estadounidense incluso ha firmado una orden para cambiar de nombre el lago Ontario (por lago América) y ha enlazado ataques comerciales contra la Unión Europea como ente con otros más ideológicos contra un bloque que considera en decadencia e invadido por la inmigración.

El acercamiento es beneficioso para ambos, valora el eurodiputado socialista Javier Moreno, presidente de la delegación de la Eurocámara para las Relaciones con Canadá, que recuerda, no obstante, que aún falta por ratificar completamente el acuerdo comercial con Canadá (CETA): aunque se aplica de forma provisional desde 2017, todavía quedan barreras regulatorias. El año pasado, el comercio de bienes y servicios entre la UE y Canadá ascendió a más de 130.000 millones de euros, según las cifras de la Comisión Europea.

En un contexto geopolítico y económico tan turbulento, la diversificación es necesaria. Para tener un socio estratégico hay que compartir valores democráticos y también tener confianza y respeto. Y nosotros tenemos eso con Canadá, señala el eurodiputado español, que pide ambición en los nuevos acuerdos. Lo único que no tendrán es a Carney sentado en el Consejo Europeo y a Canadá con eurodiputados o comisarios.

La ambición de Bruselas —Von der Leyen es, además, muy dada a los grandes anuncios— es grande, pero los representantes de varios Estados miembros reclamaron en una reunión celebrada esta semana un enfoque más gradual. Y que se tenga en cuenta no sólo la barrera geográfica sino también que hay socios clave: desde Noruega, Suiza o Islandia hasta el Reino Unido, con quien tras el Brexit la UE aún trata de encontrar un enfoque cómodo para ambos.

¿No sería maravilloso si Canadá fuera el 28º Estado de la Unión Europea en lugar del 51º Estado de Estados Unidos?, planteó el pasado junio el presidente finlandés, Alexander Stubb. El ministro de Asuntos Europeos de Francia, Jean-Noël Barrot, también lanzó la idea en primavera.

María R. Sahuquillo – El País de España

 

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