Usuarios se quejan por el elevado cobro de certificaciones para el uso de bombonas de gas vehicular y así poder surtir.
Con el auge de la crisis del combustible los conductores que contaban con bombonas de gas vehicular decidieron activar el servicio y acudir a las estaciones operativas. Cinco años después el sistema ha cambiado y desde el Ministerio de Hidrocarburos exigen papeles para poder surtir.
Por ende, los conductores en Valencia denunciaron dificultades para llenar sus bombonas. Las razones se dividen principalmente en que buena parte de las estaciones están inoperativas, pocas ofrecen el servicio y las que funcionan tienen horarios irregulares. Pero, desde hace unos meses el principal problema son los altos costos asociados a la certificación de las bombonas y su recalibración.
Sin estos papeles en las estaciones no permiten surtir. Elías Luquer, quien trabaja como taxista, relató que estas exigencias se hacen solo en Carabobo. Ha surtido sin problemas en Maracay, Caracas y La Victoria.
Explicó que utiliza tanto gasolina como gas y que la diferencia en el rendimiento y los costos condiciona su decisión. Según su experiencia, llenar el tanque de gasolina puede costarle alrededor de 25 dólares y permitirle recorrer unos 400 kilómetros, mientras que una bombona de gas le permite recorrer aproximadamente 135 kilómetros. Solo por $2.
Certificado
Para Luquer, el procedimiento de obtención de ambos documentos representa un costo elevado frente a los ingresos de quienes dependen del vehículo para trabajar. Para obtener los papeles los talleres autorizados deben realizar una serie de pruebas. Una consiste en revisar posibles fugas de gas mediante una prueba con agua y verificar las condiciones de las tuberías y otros componentes del sistema. Te cobran 40 dólares pro ese papelito.
También explicó que la bombona es retirada del vehículo y sometida a una prueba que, según le indicaron, corresponde a una evaluación presostática. Esa puede rondar los $140 y en otros talleres hasta $200.
Además señaló que el certificado tiene una vigencia de un año, situación que incrementa sus gastos cuando debe volver a realizar el procedimiento. En su caso, relató que tuvo que pagar nuevamente por la revisión después de que le cambiaran una válvula del pico regulador de la bombona.
El vehículo de Luquer es un Optra del 2011, por lo que la bombona que utiliza tendría aproximadamente 15 años. En este sentido se ha informado sobre la vida útil de las bombonas y estas serían de 10 años.
Hasta 200 dólares
Adquirir una bombona puede representar otro gasto considerable. Según su experiencia, dependiendo de la capacidad, una bombona usada puede alcanzar los 200 dólares.
Actualmente existe poca disponibilidad de bombonas nuevas y cuestionó que, ante una eventual falla del recipiente, el conductor tenga que asumir nuevamente el costo de adquirir otro equipo. Pero ese no es el único problema. La realidad es que si la bombona se daña el reemplazo es por una usada. Aquí ya no hay bombonas nuevas.
Sin embargo, todos estos gastos representan una gran responsabilidad para Luquer quien es padre de familia. Yo tengo tres hijos pequeños, señaló al explicar el impacto que estos gastos tienen sobre su presupuesto.
¿Un negocio alrededor del gas vehicular?
Consultado sobre si considera que la certificación se ha convertido en un negocio, Luqer respondió afirmativamente. Todo, todo aquí ha sido un negocio. Por ende, vinculó esta situación con el aumento de vehículos que utilizan gas y con la transformación del transporte público hacia este combustible.
También denunció que en algunas estaciones de servicio se exigirían pagos adicionales cuando el conductor no cuenta con el certificado requerido. Estos pagos en algún punto llegaron a ser de $5, lo que equivaldría a dos recargas y media de gas.
Según su relato, existen trabajadores que reciben bajos salarios y que, durante determinados horarios, solicitan pagos adicionales para permitir el suministro. Pero, Luquer aclaró que no ha experimentado esta situación en la estación donde actualmente surte su vehículo (Michelena) y aseguró que lleva aproximadamente un año y medio utilizando ese establecimiento.
Luis Da Silva es uno de los seis dueños con autorización del Ministerio de Hidrocarburos para surtir gas vehicular en Carabobo. Su taller se ubica el municipio Guacara. Es muy tajate al decir que todo lo que se está pidiendo se desprenden de normativas internacionales y exigencias de la cartera de hidrocarburos. Específicamente del Viceministerio de Gas. Las recalificaciones son cada 5 años.
Da Silva explica que una recalificación es un un evento donde se hacen varias observaciones. La prueba principal es la prueba hidroestática. Es la de mayor importancia. Ahí se verifican abolladuras, deformaciones, y niveles de oxidación.
Cuando uno va a la estación de servicio que te inyectan gas en el vehículo eso es un cóctel de varios gases, pero también se cuela vapor de agua y a la larga. Se oxida el cilindro de adentro hacia afuera. Nosotros eliminamos ese óxido. En en el banco de pruebas, se le mete presión al cilindro para ver cómo es el comportamiento. Pasado eso, se le elimina totalmente la cubierta de pintura. Eso se realiza en un tiempo de 4 a 5 días hábiles. Quitar el cilindro dura entre 20 a 30 minutos.
La normativa a la que hace referencia Da Silva dice que es de vieja data, pero puntualiza que ha sufrido algunas modificaciones. Esta sería la Covenin 3682-1-2024 que rige a los cilindros sin costura. Además puntualiza que en la sección de Generalidades 5.1.3. se establece la frecuencia de la revisión al cilindro, siendo esta de cinco años. Esta estaría basada en la la norma internacional ISO 6406.
Da Silva es muy enfático al decir que la recalibración es muy distinta a la certificación. Sobre esta última explica que se trata de un chequeo general del sistema, para ver su comportamiento como un todo, fugas e interface del software.
Este prestador de servicio es consciente que en la región a múltiples quejas por la petición de los papeles. Algunos usuarios se preguntan por qué ahora han inciado a pedir documentación si hace tres o cinco años no se solicitaba.
Da Silva aclara que desde el gobierno se está intentando respetar la norma. Ese es el deber ser. Explica que dichas normativas llevan años, pero ahora las cosas están siendo tomadas con seriedad. La última revisión de la norma fue en 2024. Entonces tenemos un semáforo y queremos que se respete la luz roja y la luz amarilla.
Costos más accesibles
Ramón Parra, otro conductor entrevistado, también cuestionó el costo de los procedimientos relacionados con el gas vehicular. Parra explicó que tiene aproximadamente un año utilizando su vehículo y que inicialmente desconocía que debía obtener un permiso o certificación para poder surtir gas.
A su juicio, el costo del trámite debería ser mucho más accesible para los conductores. Para él, los trámites pueden alcanzar entre 200 y 300 dólares, una cantidad que considera difícil de asumir dentro de la situación económica del país.
Parra señaló que la estación donde actualmente se encontraba era una de las pocas que, según su experiencia, no estaba exigiendo el permiso.
Por ello, pidió al gobierno establecer mecanismos más flexibles para que los conductores puedan cumplir con los requisitos sin asumir costos que considera excesivos.
Cobros adicionales
Parra también señaló que ha observado denuncias similares en grupos de WhatsApp de conductores. Algunos usuarios reportan que determinadas estaciones de servicio exigen certificaciones y otros documentos, mientras que paralelamente existen estaciones cuyos propios equipos presentan fallas.
El conductor cuestionó que se exija a los propietarios mantener sus vehículos en buenas condiciones mientras algunas estaciones no tendrían, según su percepción, el mismo nivel de mantenimiento sobre sus equipos. Las estaciones de servicio viven dañadas.
El caso de Michelena es uno. Esta estuvo dos semanas inoperativa porque el compresor del gas se quemó. Luego de reactivarse no solicitaron papeles. Pero ese mismo día luego de 8 horas de servicio iniciaron las peticiones.
Para Parra, estas condiciones pueden terminar afectando los sistemas de gas de los vehículos. De la misma manera que un combustible contaminado puede generar daños en un vehículo, un suministro de gas que no se encuentre en condiciones adecuadas también podría afectar los componentes del sistema.
Si el gas está saliendo mal, va a dañar también los aparatos del gas. Por ello, consideró necesario revisar el mantenimiento que reciben los equipos utilizados para suministrar gas vehicular.
Desde la estación
Para conocer esta realidad más a fondo El Carabobeño conversó con la encargada de una estación de servicio de la zona norte de Valencia. Prefirió mantener su identidad bajo anonimato porque le prohiben hablar a los medios.
Ella detalla que la insistencia de Pdvsa y el ministerio de Hidrocarburos se debe a que se han registrado casos de explosiones de bombonas en distintas partes del país. Hace al menos tres años ocurrió un caso en la estación Lara, la cual sigue inoperativa aunque hace un año iniciaron labores de reparación y estas concluyeron.
La trabajadora explica que la gente no entiende lo importante de mantener un control. Estamos hablando de un riesgo para nosotros, para los usuarios y para la gente que está alrededor. Entonces tu pides los papeles y la gente se molesta. Si un residuo dela bombona sale disparado y le cae a alguien y lo mata ¿quién es el responsable?
Esta estación lleva operativa poco más de un mes, al menos su servicio a gas y a tiene reglas particulares que otras no tienen. Ellos no permiten surtir gas al mismo tiempo que gasolina. Lo cual los obliga a funcionar en un reducido horario de 2:30 p.m a 6:00 p.m.
Queremos evitar algún incidente, dice la encargada. Pero este tipo de irregularidades genera molestia en usuarios, ya que no hay una homogeneidad en el funcionamiento de todas las estaciones.
No alcanza
Parra explicó que trabaja en el transporte y que sus ingresos mensuales son variables. Estimó que puede obtener entre 500 y 600 dólares mensuales, aunque aclaró que algunos meses puede ganar más o menos dependiendo de la actividad.
Sin embargo, ese dinero debe distribuirse entre el mantenimiento del vehículo y los gastos familiares. Los reales no rinden aquí en Venezuela, dice pra luego explicar que los costos relacionados con el vehículo se suman a los gastos cotidianos de alimentación, medicinas y otras necesidades del hogar.
La situación, según los testimonios recogidos, coloca a los conductores que utilizan gas vehicular frente a una doble dificultad: conseguir estaciones habilitadas para surtir y asumir los costos de las certificaciones, reparaciones y mantenimiento asociados al sistema.
Mientras tanto, los usuarios reclaman que los procedimientos sean más claros, que los costos sean accesibles y que las estaciones de servicio también garanticen el mantenimiento adecuado de los equipos utilizados para suministrar el combustible.
Armando Díaz – El Carabobeño
