El tablero energético mundial sigue marcado por la guerra y la incertidumbre.
Irán y Omán negocian un respiro
El mercado petrolero mundial se encuentra desorientado y nervioso porque las relaciones entre EE.UU., Irán y otros actores menos directos se han convertido en un juego de póker: una competencia de quién “blufea” mejor. El mundo observa la propaganda de ambos lados, pero desconoce cuánto armamento les queda a las partes y cuáles son sus necesidades políticas y/o económicas para llegar a un acuerdo negociado sostenible en el tiempo.
Los analistas intentan descifrar las contradicciones en los numerosos mensajes del presidente Trump, que oscilan entre amenazas de nuevos ataques y promesas de una pronta paz. Del lado iraní no es menos confuso: algunos funcionarios buscan soluciones locales al tránsito por Ormuz y otros, más beligerantes, quieren intensificar aún más el bloqueo del estrecho. El Parlamento iraní discute un proyecto de ley para prohibir permanentemente el paso de buques estadounidenses, israelíes y de otros países hostiles por el estrecho de Ormuz; mientras tanto, EE.UU. mantiene un bloqueo a los buques que transportan petróleo y bienes asociados a Irán.
Tras meses de estrangulamiento del paso por Ormuz debido a las hostilidades, principalmente estadounidenses e iraníes, ahora se negocia un corredor marítimo gestionado por Omán. No obstante, las propuestas de Teherán para cobrar peajes del 5% al 7% y vetar buques de naciones «hostiles» mantienen en alerta máxima los costos de los seguros de carga y, obviamente, no cuentan con el beneplácito de EE.UU.
En paralelo, el conflicto en Gaza, que parecía asomarse a un alto el fuego tras la propuesta de Trump a Hamás, ha vuelto a descarrilarse ante la negativa de Israel a ese plan de desarme y retirada de tropas.
A diferencia de Medio Oriente, donde se frena el flujo de crudo y gas producidos, el impacto del frente de Europa del Este se concentra en la capacidad de refinación y en los productos procesados. Mediante el uso intensivo de drones de largo alcance, Ucrania ha bombardeado con éxito refinerías rusas, dejando fuera de servicio entre el 30% y el 50% de la capacidad de procesamiento de Moscú. La pérdida de infraestructura ha forzado a Rusia, un exportador neto histórico, a recortar drásticamente sus ventas externas de diésel e incluso a importar cargamentos de gasolina para cubrir su propia demanda interna, lo que tensiona los mercados internacionales de combustibles limpios.
La compleja superposición de dos grandes focos de conflicto bélico —la guerra abierta en Medio Oriente (con implicaciones directas para el tránsito marítimo de crudo) y la prolongada campaña de desgaste tecnológico en el frente ruso-ucraniano— es una receta explosiva.
China se ha consolidado como el gran estratega y amortiguador del mercado petrolero global, posicionándose con ventaja frente a los actuales conflictos en Medio Oriente y en el frente ruso-ucraniano.
Los fundamentos geopolíticos
El mercado petrolero global ha estado sometido a una dinámica de elevada volatilidad, con el crudo Brent oscilando +/- 5 $/BBL. Esta oscilación refleja la compleja superposición de los dos grandes focos de conflicto bélico que, cada vez más, muestran señales de estar interconectados, al menos en el suministro de armas y en la inteligencia compartida entre Irán y Rusia.
La crisis en el estrecho de Ormuz y en el golfo de Omán representa una de las mayores disrupciones físicas en el suministro energético global de los últimos años. La posibilidad cada vez más incierta de transitar por el estrecho, debido al hostigamiento iraní a los buques, combinada con el bloqueo estadounidense al comercio iraní en el golfo de Omán, continúa afectando severamente el suministro de petróleo y de gas natural licuado hacia Asia y Europa, así como las economías de la región, en particular la iraní.
El suministro de misiles y drones iraníes parece mantenerse, mientras que los inventarios de armamento estadounidense muestran señales de presión debido a la duración de las campañas de bombardeo contra Irán y a la intercepción de armamento dirigido contra bases militares y unidades navales en la zona. Esta guerra intermitente ha dañado más de 40 activos energéticos relevantes en la región y ha reducido de forma sostenida más de 1,2 millones de barriles diarios de capacidad de refinación en el Golfo, cuya recuperación podría tomar cerca de dos años.
En paralelo, Irán y Omán han alcanzado un acuerdo preliminar para establecer un corredor marítimo temporal de 60 días en el estrecho de Ormuz, con el objetivo de reabrir el tráfico comercial y aliviar las tensiones energéticas globales derivadas del bloqueo de esta vía estratégica. Las negociaciones comerciales y de seguridad entre Teherán y Mascate se encuentran en su fase final de redacción. Sin embargo, Irán ha presentado una lista de concesiones adicionales de los EE.UU. que parecerían improbables de negociar en el corto plazo
El marco regulatorio del acuerdo contempla dos rutas prioritarias: un corredor de entrada por el norte, por el cual los buques comerciales que ingresen al Golfo Pérsico transitarían por aguas territoriales iraníes bajo control operativo de Teherán; y un corredor de salida por el sur, por el cual los buques que abandonen el Golfo navegarían por una ruta próxima a las aguas omaníes, bajo supervisión conjunta de ambos países. Fuentes regionales señalan que esta ruta provisional de emergencia no contempla el cobro de peajes ni de tarifas adicionales a las navieras, a pesar de que inicialmente se consideró establecer cargos en beneficio de Omán e Irán.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, a través de Kazem Gharibabadi, indicó que el acuerdo bilateral no garantiza por sí solo la seguridad total ni la reapertura permanente si persisten interferencias de terceros. En consecuencia, la efectividad real de la reapertura comercial sigue dependiendo de que Estados Unidos e Irán reactiven sus respectivos memorandos de entendimiento tras los bloqueos navales mutuos.
Al mismo tiempo, los inventarios mundiales de crudo se mantienen en niveles extremadamente bajos, en torno a 7.800 millones de barriles. Los fletes de tanqueros en la región han aumentado significativamente, mientras que la capacidad global de refinación es insuficiente para satisfacer la demanda, lo que se refleja en los altos márgenes de refinación.
El déficit de productos refinados, como diésel, gasolina y combustible de aviación, se ha agravado progresivamente debido a los acontecimientos en el frente ruso. Ucrania volvió a atacar la infraestructura de refinación rusa; esta semana, sus drones afectaron de manera crítica complejos clave, entre ellos las instalaciones de Slavneft-YANOS en Yaroslavl, Bashneft-Novoyl en Bashkortostán y la refinería de Volgogrado, operada por Lukoil, lo que obligó a suspensiones temporales de producción. El impacto económico acumulado de los ataques ucranianos contra las refinerías rusas supera los 13.500 millones de dólares en pérdidas.
China, aprovechando el acopio masivo de inventarios estratégicos realizado en años previos y su acelerada transición hacia energías limpias, ha logrado mitigar los efectos más severos de las crisis energéticas internacionales. Por un lado, redujo sus importaciones cuando el crudo del Golfo Pérsico no estaba disponible; por otro, aseguró el suministro necesario para mantener elevados niveles de refinación, lo que le permitió aumentar sus exportaciones de productos refinados y, cuando fue necesario, reducir sus importaciones, convirtiéndose, de hecho, en el nuevo fiel de la balanza.
En este contexto, China también se convirtió en el principal comprador de crudo ruso con descuento, tanto por oleoductos como a través de puertos rusos en Asia. Además, logró negociar con los hutíes de Yemen la salida de buques del mar Rojo cargados de crudo saudí. Paralelamente, ha profundizado en el uso del yuan para liquidar sus compras de petróleo con Irán y otros socios sancionados.
Sin embargo, dada la incertidumbre en los cronogramas de los cargamentos provenientes del golfo Pérsico, así como la incertidumbre que aún enfrentan las refinerías chinas en su programación y procesamiento de crudos del Oriente Medio, es probable que terminen exportando volúmenes considerablemente inferiores a los permitidos, según declaró un directivo de la empresa estatal de comercialización de petróleo.
Por su parte, en los EE.UU. la actividad petrolera se mantiene tímida. Los niveles de actividad de taladros y de ejecución de trabajos de fracturamiento hidráulico se mantienen relativamente bajos y con tendencia descendente. La producción de crudo se ha estabilizado en torno a 13,8 millones de barriles diarios, lo que ha obligado al país a incrementar sus importaciones de crudo para mantener las altas tasas de refinación.
Aunque la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés) pronostica para la segunda mitad del año una recuperación de la demanda, señala que, en relación con 2025, la demanda global se reducirá en 1,0 millones de barriles por día en 2026, lo que marcará el primer retroceso anual del consumo desde la pandemia de COVID-19. Por otro lado, la OPEP no prevé la destrucción de la demanda, sino un crecimiento más lento. Sin embargo, al restituirse la normalidad en el Medio Oriente, se espera un repunte de 2 MMBPD en la demanda represada por las complejidades del suministro.
Una noticia regional de interés es la toma de posesión de Abelardo de la Espriella como nuevo presidente de Colombia. Con este cambio, continúa el “swing” pendular de Suramérica hacia la derecha. En su discurso de inauguración, de la Espriella confirmó un giro en la política minero-energética frente al gobierno anterior al anunciar que su administración autorizará el desarrollo del «fracking» para tratar de solventar el creciente déficit energético que enfrenta el país. En el pasado, la oposición política y social ha impedido identificar el verdadero potencial y la eventual explotación de los recursos de esquisto (shale).
Los precios del petróleo y gas natural
Durante esta semana, los mercados mundiales de energía registraron caídas de precios tanto del crudo como del gas natural, impulsadas por la esperanza de una solución diplomática al conflicto en Oriente Medio.
El mercado del petróleo cerró con su segunda pérdida semanal consecutiva. A mitad de semana, rompió soportes clave en respuesta a los anuncios de negociaciones para reabrir las rutas comerciales marítimas. La expectativa de un retorno al mercado de millones de barriles retenidos en la región alivió los temores de un desabastecimiento global. A pesar de que estos anuncios lucen poco convincentes, el mercado los consideró válidos.
Otro factor, más psicológico que real, contribuyó a la desaceleración de los precios, al registrarse un aumento de los inventarios comerciales en EE.UU.
El crudo Brent inició la semana por encima de $85/bbl y cayó drásticamente el martes y el miércoles, hasta quedar por debajo de la barrera de los $80/bbl, por primera vez desde julio. Tras cierta volatilidad hacia el fin de semana, cerró el viernes 7 de agosto en $83,55/bbl. El crudo WTI mostró la misma tendencia, cayendo de $81,96/bbl a $78,18/bbl al cierre del viernes.
Por otro lado, el gas natural experimentó una fuerte presión bajista y tocó su nivel más bajo en más de tres meses. Los contratos de futuros para septiembre en el NYMEX, que promediaban cerca de $2.76/MMBtu a inicios de la semana, cayeron hasta un mínimo de $2.62/MMBtu. El viernes 7 de agosto, con una leve corrección técnica impulsada por compras de oportunidad, los precios cerraron en $2.67 USD/MMBtu.
La producción de gas seco en Norteamérica se mantuvo en niveles históricamente altos, promediando 110,6 mil millones de pies cúbicos por día (bcfd). Al mismo tiempo, la demanda de exportación de gas natural licuado (GNL) se vio ligeramente mermada por trabajos de mantenimiento en terminales clave, como el de Freeport LNG en Texas. La Administración de Información Energética (EIA, por sus siglas en inglés) reportó un aumento de 33 mil millones de pies cúbicos (BCF) en el almacenamiento durante la semana. Esta cifra superó tanto las expectativas de los analistas como el promedio móvil de los últimos 5 años.
En Europa, los precios del gas natural registraron una ligera caída semanal del 2,5% y el contrato de referencia (Dutch TTF) cerró la semana en 55,54 €/MWh, con picos puntuales que alcanzaron 59 €/MWh. A pesar de ser la segunda semana consecutiva a la baja, debido a tentativas de distensión diplomática en Oriente Próximo, el mercado se mantiene en un estado de extrema fragilidad estructural, con precios significativamente elevados respecto al año pasado.
Las expectativas a corto plazo dependen por completo del éxito o del fracaso de las mesas de negociación diplomática entre EE.UU., Omán e Irán. Cualquier ruptura de los frágiles entendimientos actuales volvería a empujar los precios del barril por encima de la marca de $90-100/bbl; la misma tendencia se repetiría en el gas en Europa y Asia.
Venezuela
La transición política vuelve a la palestra
La intención primaria de los EE.UU., luego de enero de 2026, ha sido promover un desarrollo acelerado de la economía basada en hidrocarburos que condujera a una transición política. Sin embargo, la debilidad institucional, junto con procesos opacos y discrecionales del gobierno interino de Delcy Rodríguez, ha frenado e incluso ha paralizado dicho proceso.
Los niveles de inversión necesarios para reactivar la industria de los hidrocarburos, alcanzar su verdadero potencial y, con ello, motorizar el resto de la economía requieren un entorno de estabilidad política y seguridad jurídica que quienes detentan el poder de manera transitoria no son capaces de crear o garantizar.
Cuando los inversionistas conocieron los pasos del plan atribuido a Marco Rubio —centrado en estabilizar, recuperar y transicionar hacia un gobierno elegido por el pueblo—, esperaban una hoja de ruta clara y un cronograma definido para alcanzar la tan esperada transición. Lamentablemente, esa fase del plan no ha recibido el mismo impulso que las otras dos, y el tiempo ha demostrado que las tres fases no solo no son estrictamente secuenciales, sino que son profundamente interdependientes. Los resultados alcanzados hasta la fecha no satisfacen ni las expectativas de la población venezolana, que vive una profunda crisis, ni las de la Administración Trump, en particular en lo relativo a la promesa de una rápida recuperación de la industria de los hidrocarburos.
Tras los obstáculos y la falta de resultados significativos en las dos primeras fases, parece que la Casa Blanca finalmente ha considerado indispensable avanzar con la transición política. El esquema seleccionado por el equipo de Marco Rubio parece ser un compromiso entre distintas visiones, promoviendo una mesa de negociación-diálogo integrada por representantes de la Asamblea Nacional de 2015 y de la Asamblea Nacional actualmente en funciones, liderados por Dinorah Figuera y Jorge Rodríguez, respectivamente.
La primera reunión de dicha mesa se realizó en Caracas bajo estricta confidencialidad, sin la presencia de la prensa y con una agenda algo difusa. Temas fundamentales, como el nombramiento de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) y de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), la liberación de presos políticos, las garantías para el ejercicio de los derechos políticos de los partidos y la plena libertad de expresión e información, no fueron incluidos explícitamente. Se espera que estos temas sean tratados y que lo acordado incluya un cronograma de ejecución para evitar que esta iniciativa se convierta en otro mecanismo que el régimen utilice para ganar tiempo, como en numerosas ocasiones anteriores.
El acuerdo inmediato del primer día fue declararse en sesión permanente hasta el próximo miércoles 12 de agosto, fecha en la que evaluarán los avances y decidirán si extienden las rondas de diálogo, con el compromiso de informar periódicamente al país sobre los acuerdos alcanzados.
No hay duda de que la atención a los afectados por los terremotos, incluida en la agenda, constituye una prioridad inmediata. Sin embargo, algunos analistas piensan que esto no es más que una estrategia para lograr que el régimen acceda a fondos congelados por las sanciones. La atención de emergencia a los damnificados, así como la recuperación económica y el crecimiento de la industria petrolera, pueden y deben avanzar en paralelo.
El gobierno interino pronosticó un crecimiento acelerado de la producción durante 2026 y 2027, que incluso alcanzaría los 1,5 MMBPD. Sin embargo, a medida que avanzan los meses, la producción parece estancarse. Además, conforme se agoten los inventarios acumulados a finales de 2025, es probable que los ingresos por exportaciones de hidrocarburos disminuyan a partir de agosto, lo que aumentaría la presión sobre el proceso de estabilización económica.
El esquema de depositar la totalidad de los ingresos petroleros en una cuenta controlada por el Tesoro de Estados Unidos, con el fin de evitar el uso indebido de los fondos, está siendo cuestionado por diversos sectores, tanto en Venezuela como en el Congreso estadounidense. La principal fuente de desconfianza es que, si las cuentas están siendo auditadas por KPMG, como se ha afirmado, no resulta claro por qué los resultados de dicha auditoría no se han hecho públicos ni, al menos, se han compartido con los miembros del Congreso de Estados Unidos.
Otra fuente de incertidumbre en la apertura del sector de hidrocarburos es el proceso de asignación discrecional de bloques, que en ocasiones se otorga simultáneamente a varias empresas. Empresas mixtas de larga trayectoria han sido reasignadas a compañías cuya preparación para el tipo de actividad requerida resulta cuestionable, desplazando a socios que durante años habían operado o participado activamente en dichos proyectos.
Asimismo, otros aspectos del proceso de adecuación de los contratos existentes a la nueva ley de hidrocarburos y a su reglamento han evidenciado falta de transparencia, lo que ha limitado la formulación de planes de inversión concretos. En resumen, se trata de un proceso de apertura a capitales privados que, hasta la fecha, solo ha mantenido el potencial de producción de las empresas establecidas, que, al margen, recuperan deudas pendientes con PDVSA. El objetivo de lograr un crecimiento acelerado de la producción requiere instrumentar el proceso de recuperación petrolera de manera institucionalizada, transparente y competitiva.
La economía venezolana sigue enfrentando inflación persistente, una baja capacidad adquisitiva y escasez de bienes esenciales. El 88% de la población vive en pobreza multidimensional y aproximadamente la mitad en pobreza extrema. Además, la infraestructura de servicios públicos, como la electricidad, el agua y la salud, continúa colapsada, lo que dificulta la vida diaria del venezolano y el crecimiento de la industria petrolera venezolana.
Todo este enjambre de problemas se debe a políticas fracasadas aplicadas durante un período prolongado por Chávez y Maduro. Ahora, bajo el interinato, a pesar de contar con ingresos mucho mayores, la economía no ha podido estabilizarse debido a políticas descoordinadas del gobierno interino. Se mantiene una combinación de decisiones y de funcionarios que ya ha demostrado ser ineficaz.
La inflación anualizada continúa en 3 dígitos; el bolívar continúa depreciándose hasta cerrar a 757,5 Bs./$, mientras que la tasa alternativa alcanzó 861,5 Bs./$, con una brecha de alrededor de 14% que, aunque con tendencia a la baja, ha resultado difícil de controlar.
Las operaciones petroleras
Los cortes y el racionamiento eléctrico han marcado la primera semana de agosto: un problema estructural sin solución fácil. Aparentemente, existe una iniciativa para recuperar algunos termogeneradores, lo que podría tener un efecto positivo en un periodo relativamente corto.
La producción promedio de la semana fue de 961 Mbpd de crudo, distribuida geográficamente como sigue:
• Occidente: 274
• Oriente: 109
• Faja del Orinoco: 578
Total: 961
En las refinerías nacionales se procesaron 258 Mbpd de crudo y productos intermedios con una producción de gasolina y diésel de 78 y 79 Mbpd, respectivamente.
El Complejo petroquímico de José mantuvo la utilización de sus plantas de metanol y amoníaco/urea en un 76% de su capacidad, limitada por la disponibilidad de gas natural.
Al cierre del mes de julio se había exportado un promedio de 882 Mbpd de crudo y 51 Mbpd de combustible residual. Esta reducción significativa respecto de los meses anteriores se debe a la menor disponibilidad de crudo almacenado.
Los destinos de las exportaciones fueron: EE.UU., con 639 Mbpd; la India, con 135 Mbpd; y Europa, con 106 Mbpd. Las segregaciones exportadas fueron: Merey-16, 620 Mbpd, debido al uso de una mayor cantidad de nafta pesada en la mezcla; las especificaciones se acercaron a las de DCO; Boscan, 138 Mbpd; Hamaca, 91 Mbpd; y Blend 17, 33 Mbpd.
El precio de la cesta venezolana se redujo ligeramente, en línea con el comportamiento de los precios internacionales, y alcanzó un promedio de $72,8/bbl.
Luis Pacheco, Académico no-residente del Baker Institute.
M.Juan Szabo, Analista Internacional de Energía.
La Gran Aldea
