Pensionados buscando en la basura en Venezuela.
Una enseñanza constante de la historia es que anticiparse permite evitar que las crisis escalen. El azar es inevitable, pero existe una diferencia fundamental entre la mala suerte y las consecuencias de la inacción. El pasado ofrece ejemplos en los que la demora o la falta de decisiones oportunas desencadenaron crisis cuyas dimensiones solo pudieron comprenderse cuando ya era demasiado tarde. Como afirma Morgan Housel, la mayoría de las grandes debacles no surgen de un único acontecimiento, sino de la acumulación de pequeños riesgos, fáciles de ignorar, que terminan multiplicándose hasta convertirse en problemas de gran magnitud.
España afronta hoy una encrucijada económica histórica: la sostenibilidad futura del sistema de pensiones. Los sistemas modernos de pensiones se apoyan en tres pilares complementarios: el Pilar I, la pensión pública; el Pilar II, los planes de empleo con aportaciones de trabajadores y empresas; y el Pilar III, el ahorro individual voluntario. Ninguno debe sustituir a los demás; la fortaleza del sistema reside en el equilibrio entre ellos. El reto consiste en garantizar la suficiencia futura de las pensiones en un contexto de envejecimiento acelerado y menor crecimiento de la población activa. Sin embargo, el sistema español descansa casi exclusivamente sobre el Pilar I, cuya sostenibilidad afronta una creciente presión. La ratio de ocupados por pensionista pasará de 2,1 en la actualidad a 1,3 en 2050, mientras que el gasto público en pensiones podría aumentar del 13,1% del PIB en 2024 al 17,3% en 2050, según la Comisión Europea.
El punto de partida español en el Pilar II es reducido: solo 3,13 millones de trabajadores, el 14,4% de los afiliados, participan en planes de empleo, y los activos de los proveedores de pensiones apenas equivalen al 10,8% del PIB, frente al 32% de media en la UE. En Dinamarca, Islandia o Canadá esos activos superan ampliamente el tamaño de sus economías. La inscripción automática (auto-enrolment) consiste en incorporar por defecto a los trabajadores a un plan de empleo, manteniendo su derecho a salir voluntariamente. Este mecanismo aprovecha la inercia del comportamiento para elevar la participación, especialmente entre jóvenes y rentas medias y bajas. En el Reino Unido, tras su introducción en 2012, la participación pasó del 47% al 82% en 2024.
Un Pilar II robusto no solo mejora la pensión individual. También genera ahorro estable a largo plazo que puede financiar infraestructuras, innovación y empresas, siempre que existan mercados transparentes y eficientes. La rentabilidad es clave: la Bolsa española ha ofrecido una media histórica del 8,3% nominal anual en 120 años, en torno al 3% real, una diferencia decisiva cuando el interés compuesto actúa durante 30 o 40 años de vida laboral. El Pilar III completa este esquema al fomentar el ahorro individual voluntario como complemento a la pensión pública y a los planes de empleo. Su desarrollo amplía las opciones de planificación financiera, favorece la acumulación de ahorro a largo plazo y contribuye a mejorar los ingresos durante la jubilación.
España no debería postergar decisiones clave para la estabilidad futura de su sistema de pensiones y de su economía. Cuanto más tarde llegue el cambio de modelo, mayor será el riesgo acumulado. Desde BME queremos aportar ideas y proponemos un modelo de inscripción automática adaptado al marco institucional español: implantación gradual, aportaciones asumibles, incentivos bien orientados y aprovechamiento de instrumentos ya existentes, como los planes de empleo simplificados. Además, hemos elaborado un informe con el diagnóstico y una propuesta para reforzar el segundo pilar y el papel de los mercados de capitales como canal de ahorro e inversión a largo plazo.
El objetivo es complementar el sistema público con una base de ahorro más amplia y accesible. España no puede afrontar el reto demográfico únicamente desde el gasto público: necesita movilizar ahorro a largo plazo y profundizar sus mercados de capitales. La diferencia entre gestionar con éxito una crisis o agravar sus consecuencias suele depender de las decisiones que se toman antes de que sea demasiado tarde.
Juan Flames – El País de España
