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El Gobierno cubano quiere “montar en la olla” a los inversores árabes con un plan para desarrollar la Isla Trump

 

Con la soga al cuello, Cuba empieza a enviar un mensaje claro: las puertas del país están abiertas, incluso para Trump. La playa del Paraíso en Cayo Santa María, Cuba, en julio 2017.

El Gobierno cubano se muestra abierto al plan de un inversor árabe para desarrollar la ‘Isla Trump’.

La idea ya ha sido esbozada en ciertos documentos que trazan el plano de la Cuba del futuro: En Cayo Santa María, una pequeña isla de arenas blanquísimas en la costa norte del país, a unos 385 kilómetros de La Habana, se levantaría un resort exclusivo con dos torres con sus cúpulas doradas, y a ese pedazo de arena y agua que los cubanos conocieron siempre como El Cayo, le pasarían a llamar entonces Trump Island, o la Isla Trump.

La propuesta va en contra de todo a lo que el Gobierno se resistió por más de medio siglo y que ahora parece acoger con beneplácito, o con resignación, en la cresta de la crisis más arrolladora por la que haya atravesado Cuba. También en el centro del revival de la Guerra Fría que Washington, desde enero, desató contra La Habana. Desde entonces, con la isla bajo una sombrilla de sanciones, las empresas internacionales han recogido sus pertenencias y se han largado del país: se retiraron la minera canadiense Sherritt y las cadenas hoteleras Meliá, Iberostar y Blue Diamond. También detuvieron sus operaciones la naviera alemana Hapag-Lloyd, la aerolínea española Iberia, y se marcharon multinacionales como Visa y Mastercard. El país se va quedando un poco más solo.

Con la soga al cuello, y sin que los empresarios internacionales estén dispuestos a violar las sanciones de Trump hacia Cuba, el Gobierno empieza a enviar un mensaje claro: las puertas del país están abiertas, incluso para el propio responsable de las sanciones.

La idea de bautizar una isla cubana con el nombre del mandatario estadounidense se conoció en junio, cuando funcionarios del sector turístico se reunieron con inversores para comenzar a promover el paquete de oportunidades que harían la boca agua a los empresarios con ganas de aterrizar en el Caribe. El menú incluía la posibilidad de invertir en hoteles inactivos, terminales de cruceros vacías, zonas costeras que nadie ha explotado o los 18 aeropuertos internacionales y las 10 marinas internacionales que tiene el país, según relató el medio The National, con sede en Abu Dabi, que tuvo acceso a la reunión.

Entre los proyectos sobre la mesa se mencionó la construcción del complejo turístico con el sello Trump, una propuesta del inversor Ali bin Haidar, presidente del grupo empresarial familiar Abdulla Ali bin Haidar Group, afincado en Dubái, quien está en primera fila para entrar a Cuba el día en que Washington levante las sanciones. Cuba es demasiado atractiva como para ignorarla, dijo a The National desde La Habana. Tarde o temprano, el mundo abrirá las puertas a Cuba.

Según Haidar, la carta con la intención de adquirir terrenos en Cayo Santa María ya está firmada con el Gobierno cubano. Falta esperar por una respuesta de la otra parte. El empresario se ha puesto en contacto con la familia Trump, aunque aún no se ha alcanzado ningún acuerdo formal, dijo. De confirmarse el proyecto, la construcción del hotel de lujo comenzaría a finales de este año. Hablamos con la oficina de Trump y se mostraron receptivos, contó Haidar al citado medio. Presentamos la idea, pero aún no ha sido aprobada por la parte estadounidense. La mano de obra, aseguró, la integrarían trabajadores e ingenieros cubanos, con supervisores especializados del extranjero.

La oferta no ha espantado particularmente al Gobierno cubano; más bien se ha mostrado abierto a escuchar cualquier sugerencia que pueda ayudarlos a salir a flote de la crisis. En una reciente entrevista con el diario The New York Times, el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, no solo dijo estar al tanto de la idea de la Isla Trump, sino que no mostró oposición a ella.

Si quiere hacerlo pacíficamente, no vemos ninguna razón específica para excluirlo, dijo el funcionario. Si alguien se acerca y dice tener contactos con empresarios importantes en Estados Unidos, estamos dispuestos a colaborar. Si se trata de la administración Trump, en principio, no tenemos motivos para negarnos. Lo que impide a Donald Trump invertir en Cuba son las leyes estadounidenses. No le impedimos a él ni a su organización hacer negocios en Cuba, siempre y cuando lo hagan respetando las leyes cubanas.

El castrismo está buscando, desesperadamente, atraer la inversión extranjera en un país completamente deprimido, donde ya es habitual el colapso de su sistema electroenergético, la falta de diésel para el transporte, la comida escasa, los hospitales colapsados. El turismo, el sector número uno en la economía del país, está en sus niveles mínimos. Hasta mayo habían llegado este año solamente 30.883 visitantes internacionales, según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información.

Carlos Luis Jorge Méndez, viceministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, se dirigió en particular a los empresarios estadounidenses en una entrevista con The National. Queremos que los empresarios estadounidenses sepan y comprendan que Cuba es un país abierto a la inversión… en sectores que abarcan desde la minería y el turismo hasta el sector inmobiliario, la banca y las finanzas, sostuvo. Existen diferencias entre nuestros gobiernos que no deberían impedir que la comunidad empresarial participe en la economía cubana.

Desde que Washington decretara el cerco petrolero contra la isla, la situación se ha vuelto humanitaria. El día común del cubano resulta irresistible, mucho más de lo que ya era. A pesar de que recientemente La Habana anunció un paquete de cambios para reestructurar su economía, los más radicales que hayan tenido lugar desde 1959, a la Casa Blanca le sigue pareciendo poco en tanto el presidente, Miguel Díaz-Canel, y su gabinete no contemplen un cambio en su sistema político.

Por tanto, se han mostrado dispuestos a todo. A muchos les da la sensación de que el país, en medio de la desesperación económica, está a la venta. Varios grupos hoteleros han presentado decenas de propiedades disponibles para contratos o arrendamientos, y han aumentado las ofertas en el mercado inmobiliario. El empresario egipcio Ahmed Faisal, a quien en Cuba nombran el arquitecto, también ha mostrado su interés en invertir en los sectores del turismo, la aviación, la farmacéutica, la minería, los fertilizantes, entre otros.

Las propias urgencias de la crisis actual han permeado el diseño de estas medidas. Para salir de este atolladero, Cuba necesita capital, y una parte mayoritaria de este tiene que venir de fuera: de la diáspora, de gobiernos, de instituciones financieras internacionales, dijo a El País el economista Ricardo Torres, exinvestigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana y profesor en la American University de Washington. Cuba tiene que abrirse al mundo. Es lamentable que, ante esta urgencia, se terminen ofreciendo ventajas a quienes vienen de fuera.

Carla Gloria Colomé – El País de España

 

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