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El reporte del análisis petrolero y energético del 4 de agosto de 2026, por Luis A. Pacheco y Matías J. Szabo

 

Entre negociaciones y escaladas militares, el petróleo vuelve a moverse al ritmo de la geopolítica mundial. Mientras el Brent osciló entre USD 82 y USD 92 por barril, las tensiones en Ormuz y el mar Rojo mantienen bajo presión las rutas energéticas globales. En Venezuela, la producción se ubicó en 953.000 barriles diarios, los apagones afectaron las operaciones y persisten las dudas sobre la capacidad del actual esquema político para atraer las inversiones necesarias y avanzar hacia una recuperación sostenible.

Entre la negociación y la guerra 

Panorama general de los conflictos

El tercer trimestre de 2026 continúa tan lleno de incertidumbres y complejidades como al principio del año. Esto ha llevado al mercado de petróleo a permanecer en una dinámica de «montaña rusa» en respuesta a decisiones geopolíticas impredecibles en su origen y en sus efectos. Durante toda la semana, los precios petroleros oscilaron en un amplio rango entre $82/BBL y $92/BBL en términos de Brent, respondiendo a estímulos diarios de anuncios diplomáticos y acciones de guerra entre EE.UU. e Irán.

En el frente ruso-ucraniano, Rusia ha intensificado sus ataques contra la infraestructura civil ucraniana y Ucrania continúa afectando negativamente los sistemas energéticos y financieros rusos. Como si esto fuera poco, ha ocurrido un nuevo hecho que podría ser significativo: Ucrania llevó a cabo un ataque sorpresivo con drones de largo alcance contra un buque iraní en el mar Caspio que presuntamente transportaba armamento y misiles hacia territorio ruso. Este ataque expande geográficamente las fronteras del conflicto bélico, conectando dos conflictos regionales hasta ahora estancos.

El movimiento islamista Hamás ha anunciado la aceptación de un acuerdo de desarme en la Franja de Gaza, mediado por la Junta de Paz que promueve Estados Unidos; Israel no ha respondido. Mientras tanto, en el frente norte, el ejército de Israel continúa realizando operaciones y destruyendo infraestructura clave de Hezbolá en el sur del Líbano, a pesar de los esfuerzos diplomáticos en curso.

En un ejercicio de extrapolación optimista, podría preverse que ambos conflictos, Gaza y Líbano, estén iniciando un proceso de desmontaje debido a la imposibilidad de mantener guerras estancadas que generan malestar y desperdicio de recursos en todos los países involucrados.

La nota disidente ha venido de Yemen, donde los hutíes han atacado tanqueros saudíes para impedir su salida del mar Rojo, así como han atacado infraestructura crítica, como el terminal de Yanbu, lo que ha provocado fuertes bombardeos contra blancos hutíes  por parte de Arabia Saudita y EE.UU.

El presidente Trump, mientras tanto, aprovecha la relación cada vez más distante entre Irán y los países árabes del Golfo Pérsico para presionarlos para que establezcan relaciones con Israel mediante los Acuerdos Abraham.

Los fundamentos geopolíticos

El ciclo de volatilidad semanal, marcado por pausas de aparente negociación y escaladas de guerra, ha sido el tono de las relaciones disonantes entre los bandos en conflicto. Irán se encargó de involucrar tanto a sus proxis como a los países vecinos, atacándolos con la excusa de que estos tienen bases militares de EE.UU., para presionar a Trump por parte de sus aliados regionales. Por su parte, el discurso maximalista de Trump también provoca respuestas militaristas de Irán para no mostrar debilidad en las negociaciones interrumpidas.

El comportamiento de los precios del petróleo demostró que el mercado tendió a reaccionar ante expectativas futuras optimistas antes que a realidades físicas de suministro; veamos las inflexiones más notorias:

• El lunes 27 de julio, se perfiló una tregua diplomática y los precios se desplomaron más de un 5% tras el anuncio de una pausa en los bombardeos. La percepción de que la diplomacia ganaba terreno aliviando la prima de riesgo.

• En menos de 48 horas, el miércoles 29, se rompió la calma; un ataque con misiles de Irán contra una base de EE.UU. en Jordania y las represalias norteamericanas e iraquíes rompieron las negociaciones. Como era de esperarse, las cotizaciones se dispararon en más de un 7% en un solo día.

• Nuevamente, el viernes 31, surge un gran escepticismo y el precio del crudo remonta, aunque con moderación, por el simple hecho de que Trump declaró que estaba «perdiendo la fe» en los negociadores iraníes y los acusó de mentir.

Los cuellos de botella marítimos resultaron ser una formidable arma de presión. La guerra de percepciones utilizó las dos zonas de tránsito cruciales, los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, para presionar en las negociaciones. Pese a que las noticias indican que ambas vías se encuentran casi cerradas, algunas fuentes reportan que alrededor de trece millones de barriles por día de crudo (13 MMbpd) pasaron por el estrecho de Ormuz y más de cuatro millones de barriles por día (4 MMbpd) salieron por el mar Rojo.

En el frente del mar Rojo la situación se tornó más complicada porque los rebeldes hutíes de Yemen atacaron terminales clave en Jizán y Yanbú (terminal del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí), con el objeto de neutralizar algunas de las rutas alternativas que se han utilizado para esquivar el estrecho de Ormuz. China negoció directamente con los rebeldes hutíes para que sus buques tanque cruzaran el mar Rojo sin sufrir represalias, fragmentando el impacto del bloqueo logístico.

La estrategia oculta de «Guerra y Negociación» se debe a que ninguno de los dos bandos busca una guerra abierta total, sino mejorar su posición en la negociación. En particular, Irán procura aprovechar su capacidad militar remanente para estrangular el tránsito marítimo mundial y forzar el levantamiento del bloqueo naval de EE.UU. durante los días de «tregua».

La crisis de suministro ha impulsado los márgenes de refinación a máximos históricos. Las refinerías estadounidenses operan al límite de su capacidad para compensar los daños en las de Rusia y de Medio Oriente y aprovechar la crisis de suministro de productos. La AAA hace seguimiento a los precios de los combustibles en los EE.UU. y muestra un precio promedio por encima de cuatro dólares por galón para la gasolina y de cinco dólares por galón para el diésel.

Gaza y Líbano, el otro conflicto

Mientras tanto, Hamás ha confirmado formalmente su aceptación de una hoja de ruta presentada por el presidente Trump y su Junta de Paz. El plan contempla el fin de las hostilidades, la entrega de su armamento pesado y la transferencia del poder civil a una administración palestina independiente y tecnocrática. Como contrapartida, Hamás exige la retirada gradual completa de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) de la Franja de Gaza. Además, condicionó las fases posteriores del desarme a la eventual creación de un Estado palestino.

El gobierno de Netanyahu no ha emitido una confirmación oficial de su aceptación de la hoja de ruta. Líderes del ala ultraderechista de su coalición manifestaron un rotundo rechazo al acuerdo, argumentando que detiene la ofensiva militar sin garantizar la desmilitarización absoluta del territorio. Los ataques aéreos intermitentes sobre Gaza persisten mientras se discuten los mecanismos de verificación.

No muy lejos de Gaza, en el área del Líbano Sur, Israel continúa llevando a cabo operaciones terrestres. Tropas israelíes abatieron múltiples operativos de Hezbolá en las colinas de Ali al-Taher (Nabatieh) y provocaron explosiones masivas para demoler una extensa red estratégica de túneles subterráneos bajo el histórico castillo de Beaufort.

Oposición al acuerdo marco

Aunque el gobierno civil libanés de Joseph Aoun firmó previamente un acuerdo marco respaldado por EE.UU. para desplegar al ejército oficial en el sur y recuperar la soberanía territorial, la milicia de Hezbolá ha rechazado tajantemente dicho pacto. Su líder, Naim Qassem, calificó el trato de «capitulación humillante» y aseguró que no depondrán las armas. Las delegaciones técnicas de Israel y el Líbano tienen programada una reunión el 4 de agosto en Italia para avanzar en las fases de repliegue y de estabilización fronteriza.

Dinámica de precios

Los precios del petróleo y del gas natural experimentaron una tendencia a la baja, con una ligera recuperación al cierre, motivada principalmente por el alivio temporal de las tensiones geopolíticas en el Medio Oriente y por la reducción de la prima de riesgo tras la aparente reapertura de rutas marítimas clave, como el estrecho de Ormuz.

El mercado de crudo cerró julio con un repunte en las últimas sesiones, a pesar de haber alcanzado mínimos de dos semanas a mitad de período. El crudo Brent cerró el viernes 31 de julio en $87,93/BBL, registrando una subida intradiaria final del 1,21%. El crudo WTI finalizó la semana cotizando a $84,67/BBL, con un incremento de 1,29% el viernes.

El mercado encontró un piso tras sufrir caídas previas del 4% el 28 de julio. Se mantuvo respaldado por las proyecciones de J. P. Morgan, que estiman un promedio de $86/BBL para el Brent en este tercer trimestre, aunque esto se ve mitigado por una menor demanda comercial global.

El gas natural se movió de forma dispar según la región geográfica, mostrando un fuerte retroceso acumulado en el mercado estadounidense frente a la volatilidad del mercado europeo. Gas natural Henry Hub finalizó la semana en $2,75/MMBTU, una caída cercana al 14,6% en el último mes, debido al aumento de la producción de gas seco estadounidense, estimada por la Administración de Información Energética (EIA, por sus siglas en inglés) en 111,2 millardos de pies cúbicos por día (bcfd), lo que limitó las presiones inflacionarias en Norteamérica. No obstante, las intensas olas de calor aumentaron la demanda de electricidad para la climatización, lo que impidió una mayor reducción de los precios.

En Europa, el gas natural TTF cerró entre 59,07 €/MWh y 59,44 €/MWh el 31 de julio. Al inicio de la semana (27 de julio), el precio cayó con fuerza un 7,3%, situándose en la zona de los 58 €/MWh debido al «deshielo diplomático», aunque los analistas de Goldman Sachs advirtieron que los bajos inventarios europeos (al 55% de su capacidad) mantendrán los riesgos sesgados al alza.

En EE.UU., la Reserva Federal (FED) votó el miércoles para mantener estable su tasa de interés clave, pero no sin antes sortear la oposición de tres miembros del comité que han expresado su preocupación por la inflación y querían subir las tasas. Curiosamente, la administración Trump parece darle el beneficio de la duda al nuevo presidente de la FED, Kevin Warsh, y no ha comentado la decisión.

Venezuela

El experimento estadounidense sigue sin dar resultados sostenibles

La revista estadounidense TIME dedicó la portada de su edición semanal a promocionar una entrevista con Delcy Rodríguez (How Delcy Rodríguez Went From Maduro Loyalist to Trump Proxy). La entrevista ha sido ampliamente criticada y tildada por muchos de periodismo por encargo. En todo caso, más allá de las opiniones expresadas por Rodríguez en la entrevista, la realidad sobre el terreno cuenta una historia muy diferente de la que Washington, Caracas  y TIME quieren narrar.

La persistente falta de transparencia en Venezuela, evidenciada en una serie de acuerdos opacos sobre la venta de petróleo y la asignación de bloques de producción, está obstaculizando la ejecución del plan de reconstrucción del sector energético, estimado en cien mil millones de dólares y que constituye el centro de la estrategia de largo plazo de EE.UU. La opacidad en el sector no se limita al ámbito interno venezolano, conocido desde hace años; también existen indicios de que determinadas prácticas poco transparentes cuentan con aliados en los corredores de Washington y Houston.

Tras la defenestración de Nicolás Maduro y la instauración de un gobierno interino liderado por su vicepresidente, Delcy Rodríguez, Washington y Caracas buscaron atraer inversión extranjera directa a gran escala para reactivar la industria petrolera venezolana. Sin embargo, las compañías petroleras internacionales se han encontrado con procesos, leyes, reglamentos, altos niveles de discrecionalidad y cronogramas que, lejos de facilitar la inversión privada, han terminado por obstaculizarla.

Estas empresas reconocen las oportunidades en la mayor cuenca de hidrocarburos del hemisferio, pero advierten que la opacidad institucional, el deterioro estructural y la sostenibilidad de sus inversiones bajo el régimen actual dificultan su participación. En consecuencia, se empieza a gestar la opinión de que la fase de recuperación del sector de hidrocarburos requiere ajustes urgentes y mayor certidumbre institucional.

Las tres fases

Este proceso, resumido en las tres fases del Plan Rubio —estabilización, recuperación y transición—, no ha podido instrumentarse oportunamente debido, entre otras causas, a la falta de coherencia en las políticas del gobierno interino. En el plano económico, pese a manejar un volumen de divisas casi cuatro veces el monto ingresado por las ventas a China antes del 3 de enero, el mercado cambiario oficial continúa siguiendo a la tasa alternativa y, aunque la brecha con la tasa oficial se ha reducido, las medidas actuales no parecen suficientes para eliminarla. El control de la liquidez y de la inflación continúa siendo, por ahora, una quimera.

La tercera fase, la transición, la más esperada por la población, ha permanecido prácticamente paralizada. Esto podría responder a la tesis atribuida a la administración Trump, según la cual era necesario recuperar primero la economía y los servicios públicos antes de abordar de lleno la reconstrucción del proceso democrático, descarrilado hace casi tres décadas. También podría deberse, como sostienen algunos actores, a que el esquema actual favorece una relación predominantemente comercial que, en todo caso, muestra poco avance.

Siete meses después del inicio del Plan de Tres Fases, los participantes perciben que buena parte de los problemas se origina en la naturaleza temporal del gobierno interino. Políticos, inversionistas y ciudadanos entienden que avanzar hacia un gobierno estable, democráticamente electo y en condiciones de plena libertad sería el factor clave para que la recuperación del sector de hidrocarburos se concrete, contribuya al retorno del crecimiento económico y se mitigue la crisis humanitaria. Este objetivo resulta aún más urgente en un país sometido durante más de dos décadas a un profundo deterioro institucional y que, además, ha recibido un duro golpe de la naturaleza con dos terremotos que han puesto de manifiesto la improvisación y la falta de preparación del gobierno interino.

En este contexto, bajo la tutela de EE.UU., comienza un proceso institucional encabezado por Dinorah Figuera, presidenta de la AN 2015, y por Jorge Rodríguez, presidente de la AN 2025, actualmente en funciones. Representantes de ambas asambleas sesionarían conjuntamente para alcanzar acuerdos relacionados con el CNE, el TSJ, la libertad de los presos políticos, la libertad de prensa y de opinión y el restablecimiento de condiciones de coexistencia política que permitan a los partidos participar en igualdad de condiciones en los procesos del país.

La primera reunión programada para el 1 de agosto se limitó a una llamada telefónica y a dos comunicados. Esto y la agenda publicada han causado decepción y no pocas críticas; el acompañamiento estadounidense, es decir, la presión desde Washington, sigue generando esperanzas de que esta vez sí se produzcan resultados.

Las operaciones petroleras

Los últimos días de julio vinieron acompañados de problemas de suministro eléctrico. Cortes de energía en toda la geografía nacional han impactado la cotidianidad del venezolano y la industria de los hidrocarburos, haciendo imperativa la búsqueda de soluciones oportunas y prácticas, ya sea mediante mejoras en la generación y transmisión, tanto hidroeléctrica como termoeléctrica, e incentivando la autogeneración, sobre todo en la industria de los hidrocarburos, incorporando los mecanismos apropiados.

Se produjeron 953.000 barriles por día (Mbpd), distribuidos geográficamente como sigue:

• Occidente: 270

• Oriente: 110

• Faja del Orinoco: 573

• Total: 953

En la industria petroquímica, tanto la tormenta mencionada la semana pasada como los cortes de energía de esta semana redujeron la producción promedio de las plantas petroquímicas de José.

Los índices de refinación se redujeron debido a la salida de servicio de la refinería de El Palito, con la correspondiente reducción de la producción de gasolina y diésel a 77 y 75 MBPD, respectivamente.

Los números finales de la exportación del mes aún no han sido contabilizados ni analizados. Las exportaciones fueron menores que el mes pasado, aunque las de crudo a EE.UU. fueron muy similares a las de junio, 621 Mbpd; las a India y Europa absorbieron la reducción. Sin tener a mano el cierre oficial, estimamos que la exportación promedio fue de 970 Mbpd.

El precio de la cesta de exportación venezolana subió, reflejando el comportamiento de los precios internacionales y la mayor participación porcentual de EE.UU. en las exportaciones, y alcanzó un promedio de $73,6/BBL.

Luis Pacheco, Académico no-residente del Baker Institute.

M.Juan Szabo, Analista Internacional de Energía.

La Gran Aldea

 

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