Los venezolanos tratan de encontrar explicaciones espirituales a la tragedia a través del sincretismo, principalmente de las creencias cristianas, católicas y paganas. Una mujer llora durante una misa solemne en memoria de las víctimas del terremoto, en Caracas, Venezuela, el 24 de julio de 2026.
Los sobrevivientes de los terremotos en Venezuela se refugian en la fe.
A Renzo Román lo encontraron muerto entre los escombros de la OPP27 orando de rodillas. Era pastor de la iglesia cristiana de Caribe, en La Guaira, la zona más afectada por los dos terremotos del 24 de junio. Dos días antes le había dicho a su madre que Cristo venía por sus hijos y que, si Dios pedía que se fuera con él, no se echara a morir como hizo cinco años atrás, cuando falleció el primero de sus diez hermanos.
—Mamita, ¿tú me puedes hacer una arepa Porque el niño y yo tenemos hambre y Marisela no ha llegado— le pidió Renzo a su mamá antes de decirle sus últimas palabras—: Mamita, yo te voy a decir una broma a ti: tú sabes que vienen tiempos malos y tienes que estar tranquila. El cielo está falto de ángeles.
La señora Iris entendió esas palabras como una despedida y no volvió a verlo. La tarde del fatídico miércoles 24 de junio, Iris salió de su casa como nunca solía hacer. Minutos después, el edificio donde vivía se hizo polvo. Renzo murió junto a su esposa y su hijo en una de las soluciones habitacionales que el Gobierno otorgó en 2009 a los damnificados de una tragedia anterior en La Guaira.
Ojalá la gente aprenda un poquito más de Dios, porque eso es lo que queremos todos. Mis hijos hacían santería y ya no quieren saber nada de esas cosas, dice Iris. Su hijo Renzo también había sido santero. Recordó que durante su primer día en la iglesia cristiana cayó desmayado en el piso del templo cuando el pastor le tocó la cabeza: El señor le oró, él se levantó y dijo que no quería nada con esas cosas. Botó todo y se convirtió. Él aprendió muy rápido. Yo creo más en Dios después de esto. Bastante. Sé que esto no fue obra de Dios, fue la naturaleza; y mi hijo lo sabía.
Evis Rocío Rodríguez, en cambio, asegura que a ella la salvó San Juan. Junto a su esposo es dueña de un negocio en Pueblo Arriba, el sector de Naiguatá donde está la casa del custodio del santo, un altar que abre sus puertas a los devotos.
Mucha gente se salvó porque todos los que estaban aquí eran de Caribe, Tanaguarenas o Caraballeda —las zonas con más derrumbes—. Sobrevivieron porque estaban en el tambor mientras sus edificios se caían; no se enteraron hasta que pudieron llegar allá, explica Evis.
San Juan es una festividad mágico-religiosa declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2021, que se celebra en Venezuela desde tiempos de la Colonia. Naiguatá conserva la tradición con una imagen del santo niño tallada en cedro que trajo un hacendado español hace 400 años para que los esclavos celebraran el solsticio bajo el marco del catolicismo impuesto. Desde entonces, la festividad costera ha entrelazado lo pagano y lo sagrado. Sin embargo, tras el sismo, sus detractores comenzaron a asociar el baile y los tambores con la causa espiritual de la tragedia.
Ya ni sé si voy a querer volver a celebrar San Juan, confiesa Adriana Castro, de 49 años, desde su nueva residencia en el Complejo Vacacional Los Caracas. Ahí comparte cabaña con otras diez personas, entre ellas Deisy Díaz, quien la invitó a celebrar en Naiguatá sin imaginar que el edificio de Adriana colapsaría durante el tambor.
No caía en cuenta de que estaba temblando porque creí que era la vibración tan fuerte del tambor. Pero cuando Protección Civil nos dijo que los edificios se habían caído, agarré una cola para llegar. Comencé a gritar y encontré a mi hijo con mi nieto muerto entre los brazos, lamenta Adriana.
En el San Juan de Naiguatá había al menos 3.000 personas celebrando cuando el temblor interrumpió la fiesta al grito de: ¡Tierra! ¡La tierra tiembla!. El video del caos colectivo se viralizó en redes sociales e, inmediatamente, varios predicadores bíblicos culparon a la festividad por el desastre.
Era día libre. ¿Cuántas personas no hubieran estado en su casa A la gente no solo la salvó San Juan: se salvaron porque vinieron al San Juan, defiende Evis. Una devota interrumpe la conversación mientras se persigna frente a la imagen: Esa gente es ignorante; no saben que esto es patrimonio cultural. La fe mueve montañas y San Juan ha hecho milagros.
Evis continúa: Mucha gente empezó a tergiversar las cosas. Si esto tuviera que ver, ¿por qué en Naiguatá no pasó nada Si el culpable es San Juan, ¿por qué pagó gente que no tenía nada que ver? Así como existe el bien, existe el mal. Dios está obrando, pero el demonio también. Para mí esto fue obra del demonio, y Dios metió su mano para salvar a los que pudo.
Para la Iglesia Universal —conocida por su eslogan Pare de Sufrir— los cristianos estaban preparados espiritualmente para la catástrofe, interpretándola como una manifestación del versículo de Mateo 24 sobre el fin de los tiempos. Quien busca a Dios por miedo no lo encuentra. Yo no puedo convencer a Dios con gritos, y hablo esto con propiedad: no es para condenar, es para exhortar a que la gente entienda a cuál Dios hay que buscar, sostiene el pastor Miguel Ángel Rodríguez.
Sin embargo, la visión de Jhonell Hernández, un pastor evangélico de Puerto Ordaz que reside en La Guaira, es diferente: Hay mucha sensibilidad y no podemos aprovecharnos de eso. Hay que dejar que afloren las emociones. La gente entiende que debe acercarse a Dios porque quedamos vivos. A pesar del dolor, los vecinos están más unidos; se ríen, comparten y tienen la capacidad de llorar y reír al mismo tiempo.
Cerca de allí, en el jardín de uno de los refugios, dos mujeres reflexionan sobre la tragedia. Una lleva un rosario en el pecho y afirma que solo se debe creer en Dios sin adorar imágenes; la otra, evangélica, reivindica la vida inmaculada de la venerable Madre María de San José.
—Yo creo que cuando Cristo venga no va a buscar solo a católicos o solo a evangélicos —reflexiona la primera—. La Biblia dice que por sus frutos los conoceréis. ¿Tú crees que a Dios no le va a agradar alguien que obra bien, independientemente de su religión?
—Yo solo me hago una pregunta —responde su vecina con la mirada perdida—: ¿por qué a mi amiga la enterraron con sus tres hijos y duró 15 días ahí antes de que llegara la ayuda No lo entiendo, es algo que me atormenta. Pero no voy a culpar a nadie. Estamos los que estamos, y que Dios procese a cada quien por lo que está viviendo.
Marcy Alejandra Rangel – El País de España
