La entrega de Miranda a los españoles, es uno de los capítulos más polémicos de nuestra historia, ya que está marcado por la participación protagónica del Coronel Simón Bolívar en los acontecimientos.

Francisco de Miranda en La Carraca, España.
Para el mes de julio de 1812, el Generalísimo Sebastián Francisco de Miranda, es el Jefe Supremo de la República, Dictador y Comandante en Jefe de las fuerzas militares de la Venezuela independiente. Pronto, ante el avance de los realistas y la pérdida militar del Castillo y de la ciudadela de Puerto Cabello, Miranda capitula ante el jefe realista, General Domingo de Monteverde, el día 25 de julio en la población de San Mateo.
En la madrugada del 31de julio de ese año 1812, un grupo de jóvenes militares y civiles, entre los cuales se encuentran los coroneles Simón Bolívar y Manuel María De Las Casas, así como el Abg. Miguel Peña, jefe político de La Guaira, proceden al arresto de Miranda, acusado de traición, por haber acordado la capitulación. Miranda ese día, estaba alojado en la casa del jefe militar del Puerto, cuando en plena madrugada, su secretario, el coronel Carlos Soublette, procede a tocar a su puerta, el General con lámpara en mano, abrio y enfrentó a los subalternos complotados, exclamando: “Bochinche; esta gente no sabe hacer sino bochinche”, frase que nos marcó para siempre y que evidencia nuestras contradicciones políticas pasadas y presentes.
En medio de aquellos sucesos confusos, el Coronel De las Casas, se pasa al bando realista, cumpliendo todas las instrucciones de los nuevos gobernantes. La misma tarde de ese día 31 de julio, el Coronel Manuel María de Las Casas entregó el mando de La Guaira al oficial español Francisco Cervériz, enviado de Monteverde. Peña y De las Casas, ya despojados de autoridad, por separado, subieron a Caracas a entrevista con Monteverde, después de la entrevista, Peña salió de la ciudad y se refugió en los llanos. El día 26 de agosto, Monteverde escribió al secretario de Estado de la Regencia, informando sobre perdones para los que fueron “contagiados” por los facciosos, pero que sus acciones, resultaron finalmente en beneficio de la corona, además informa que le había firmado un pasaporte a Bolívar, considerando que su influencia y conexiones podrían ser peligrosas en esas circunstancias. Hay suficientes pruebas documentales que refieren que el pasaporte y salvoconducto obtenido por Simón Bolívar, se debió a la influencia de su amigo español Don Francisco Iturbe. Los coroneles Simón Bolívar y José Félix Ribas, salieron de la Guaira el 27 de agosto de 1812, en la goleta española “Jesús, María y José” en dirección a la isla de Curaçao, en compañía de los señores: Dr. Vicente Tejera, Don Manuel Díaz Casado y un sobrino de Ribas, todos con pasaporte firmado por el Capitán General Domingo de Monteverde, esta última versión ha sido difundida por el historiador canario, Manuel Hernández G. Hay que resaltar que José Félix Ribas era primo de Domingo de Monteverde y Ribas (eran sus apellidos), a su vez, Ribas es tío político de Simón Bolívar, ya que en 1796, contrajo matrimonio con la tía del joven Simón, María Josefa Palacios, hermana de la mantuana María de la Concepción Palacios y Blanco de Bolívar, madre del Libertador.
Bolívar en ninguno de sus documentos y cartas posteriores a los sucesos, niega su participación en la entrega de Miranda, por el contrarío, durante la Campaña admirable de 1813, poco antes de su entrada a Caracas, desde Valencia, el 20 de septiembre de ese año, escribe una proclama, y al referirse a los sucesos del año 12 en La Guaira, sin mencionar el nombre del Generalísimo, habla de un jefe ambicioso, déspota y arbitrario que puso en descontento y desconcertó a los militares y a las distintas ramas de la Administración Pública, y que por medio de la capitulación que aceptó, se entregaron las armas, pertrechos y municiones a Monteverde, lo que permitió que éste entrara a la ciudad, y se apoderara de todo sin resistencia. En esta proclama, que podemos leer en el archivo de Bolívar. Obras Completas Vol. III. El Libertador es implacable contra quien había sido su ídolo y ejemplo de grandeza militar, sus expresiones contrastan con las emitidas en la carta del 12 de julio de 1812, cuando le informá al Generalísimo, de la perdida de Puerto Cabello, en esa oportunidad habla de la absoluta subordinación que le debe y del ofrecimiento para asumir las tareas necesarias, en la corrección de sus errores, incluso pide le destine a obedecer al más ínfimo oficial; y se despide en calidad de súbdito.

Arnaldo Pino.
