El terremoto del 24 de junio desnudó la mentira del chavismo y probó su corrupción, su atrevimiento a estafar a los venezolanos, su falta de planificación para realizar obras sociales, la ineficiencia de las instituciones y la gran irresponsabilidad con la que resolvieron los problemas, que estaban obligados legalmente a atender, ahora nadie es responsable, sólo la naturaleza tiene la culpa, pero el colapso de los edificios de la Gran Misión Vivienda Venezuela, en La Guaira, prueba que hay culpables que construyeron viviendas irresponsablemente, señala Gustavo Mujica de Izquierda Democrática.
Y agrega que debe investigarse porque los apartamentos del Complejo Hugo Chávez, construidos en el año 2012, se desplomaron como castillos de arena y cientos de personas murieron bajo sus escombros, allí sólo sirvió la propaganda del chavismo, lamentablemente para los ciudadanos de a pie, esa Misión vivienda no pasó la prueba del movimiento telúrico. El olor a cadáveres en La Guaira, por el mortífero terremoto tiene responsables, que deben ser sancionados, ahora deber saberse quiénes son.
Los cuerpos sin vida se ven cubiertos con sábanas y se amontonan uno al lado de otro en la calle, de manera improvisada, porque no hay gobierno, ni para atender esa emergencia que hiede a la falta de permisos, para construir en zonas vulnerables. Se evidenció el desastre estructural de la Ingeniería Social y se dejan ver los edificios de utilería de la revolución del siglo XXI, múltiples edificaciones, incluso de pocos pisos, cayeron para el dolor. Los venezolanos perdidos están entre los escombros de la Misión Vivienda y esa tragedia se corresponde con los complejos habitacionales del chavismo y fueron construidos con la planificación centralizada socialista y desprovistos de los estándares internacionales de seguridad jurídica y de técnicas constructivas acertadas.
El Urbanismo Hugo Chávez ubicado en Playa Grande, sufrió daños severos y colapsos generalizados de sus torres, esas viviendas se derrumbaron, reportándose el colapso de al menos cuatro edificios simultáneamente en el área, con el dramático saldo de compatriotas humildes caídos. Hoy están inhabitables o en el suelo, después de haberse tragado, niños, mujeres y ancianos que asumieron esa estafa como una solución habitacional, pues colapsaron ante el movimiento telúrico, reclama Mujica.
Casos como el de las personas atrapadas en los bloques de Punta Piedras de Macuto, o los reportes en los edificios de Los Cocos, evidencian que el monopolio estatal de la infraestructura sacrificó la calidad material por la propaganda ideológica de partido único, dejando a los ciudadanos, indefensos ante el riesgo de un movimiento telúrico. Este terremoto ratifica que ficciones del colectivismo estatista no sólo producen indigencia material y desabastecimiento crónico, sino que desmantelan los sistemas de prevención y el capital de infraestructura de las naciones. Mientras la burocracia gobernante intenta gestionar la crisis mediante la coacción informativa, miles de familias enfrentan el pánico paralizante de la falta de comunicaciones y la penumbra de los servicios públicos colapsados, con premeditación.
Este suceso, dice Gustavo Mujica, revela la ausencia de un estado de derecho robusto, independiente y firme dotado del principio de autoridad indispensable, para fiscalizar las obras públicas y proteger la soberanía individual y la vida de los ciudadanos libres, frente al delirio destructor de las utopías colectivistas. En Venezuela no se derrumbaron las soluciones habitacionales de la llamada IV República, los bloques de Caricuao no se cayeron, ni los de El Valle, ni siquiera los del complejo 23 de Enero que construyó Pérez Jiménez, en la década del 50, tampoco retrocediendo más, no se afectaron para nada los bloques de El Silencio, hechos en la década del 40, sólo por nombrar algunos, cómo se explica entonces que los construidos por el chavismo, a través de La Gran Misión Vivienda siendo más nuevos entraron en las estadísticas de la tragedia. Ahora resulta que dependemos de la caridad mundial, de la ayuda extranjera, después de tener tanto para regalar.
Es que la tragedia del 99 no les dijo nada al chavismo, en torno a la importancia de disponer de una eficiente protección civil, hoy los bomberos están sin recursos. No hay agua potable garantizada. No hay puestos de refugios para damnificados. El tamaño de la devastación es enorme. El desastre natural que afecta a varias ciudades, agrava el drama social que ya existía: pobreza, falta de servicios públicos eficientes, red hospitalaria colapsada, derrumbe económico. Todo ello dentro de un marco de autoritarismo y corrupción, de colapso en los servicios esenciales y en medio de la precarización extrema de la vida. Claro que ahorita, lo primero es garantizar el socorro y el rescate humano, pero no perdamos de vista a los responsables, porque mucho del dolor que hoy vivimos los venezolanos, se pudo haber evitado.
