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Guanta en el estado Anzoátegui, el Valle de los Cangrejos, está de aniversario, por Omar González Moreno

 

Crónicas de Anzoátegui.

Cada 21 de junio, Guanta se viste de historia.

En esta fecha, los habitantes de este rincón privilegiado del estado Anzoátegui celebran mucho más que un aniversario administrativo.

Conmemora una conquista ciudadana, la culminación de una larga lucha por el derecho a decidir su propio destino.

El 21 de junio de 1991 quedó grabado para siempre en la memoria colectiva de Guanta.

Ese día fue promulgada por la Asamblea Legislativa del Estado Anzoátegui, la ley que creó oficialmente el Municipio Guanta, separándolo del municipio Sotillo y otorgándole autonomía política y administrativa.

La noticia fue recibida con entusiasmo por la población. Muchos entendieron aquel momento como una verdadera victoria popular, el resultado de años de perseverancia, organización y profundo sentido de pertenencia.

Desde entonces, cada aniversario recuerda no sólo una fecha jurídica, sino el triunfo de una comunidad que decidió escribir su propia historia.

Pero la historia de Guanta comenzó mucho antes de que existieran alcaldías, concejos municipales, puertos modernos o carreteras.

Su origen no está ligado a una Ley regional o nacional, ni tampoco a la Corona española ni a la voluntad de un conquistador, sino a la decisión de un pueblo indígena de establecerse frente a una de las bahías más hermosas del Caribe.

Fueron los indios Tagares, de la etnia Caribe, provenientes del Delta del Orinoco, quienes llegaron a estas costas atraídos por la abundancia de agua dulce, peces y cangrejos.

Al contemplar aquel valle donde los ríos descendían de las montañas para encontrarse con el mar, decidieron quedarse.

Llamaron al lugar Guantar, que significa Valle de los Cangrejos. Con el paso del tiempo, la palabra perdió su terminación y quedó convertida en Guanta.

La referencia más antigua sobre aquellos primeros pobladores aparece en los escritos de Fray Bartolomé de Las Casas, el célebre defensor de los indígenas americanos, quien dejó para la posteridad una de las narraciones más dramáticas sobre el origen de esta población oriental.

Según relata el fraile Bartolomé de Las Casas, la vida transcurría en paz en el Valle de Guantar hasta que en 1519 arribó desde Cubagua el perlero Antonio de Ojeda.

Llegó aparentando ser un comerciante interesado en adquirir maíz, pero en realidad buscaba capturar indígenas para venderlos como esclavos.

Los Tagares lo recibieron con hospitalidad. En pocas horas reunieron decenas de cargas de maíz para atender a los visitantes. Terminada la jornada, se recostaron a descansar en una explanada de la aldea.

Entonces ocurrió la tragedia.

Los hombres de Ojeda se lanzaron sobre ellos con espadas y arcabuces. La matanza fue brutal. Los sobrevivientes fueron encadenados y encerrados en las embarcaciones como mercancía humana.

Aquella noche el Valle de los Cangrejos se convirtió en un infierno. Las llamas iluminaron la bahía, los gritos desplazaron el canto de las aves y la sangre de los Tagares corrió hacia el mar.

Sin embargo, el terror no logró someterlos.

Cuando el cacique Toronoima conoció la masacre, juró vengar a los suyos.

Al día siguiente, cuando los españoles regresaron confiados a la aldea, fueron recibidos con aparente cordialidad. Nada hacía sospechar que los indígenas preparaban una emboscada.

De repente, los guerreros Tagares surgieron desde todos los rincones del poblado y atacaron con una furia incontenible. La mayoría de los invasores murió en el combate, incluido Antonio de Ojeda.

Los pocos sobrevivientes escaparon a nado hasta sus embarcaciones y huyeron mar adentro.

Guanta en Anzoátegui 1

Así comenzó en Guanta una de las primeras grandes rebeliones indígenas registradas en América.

La noticia se propagó rápidamente por toda la región. Desde la desembocadura del río Unare hasta el Golfo de Santa Fe se levantaron los pueblos originarios. Tagares, Cumanagotos, Píritus, Palenques y Guaiqueríes se unieron contra los conquistadores. Durante aquellos días todos fueron Tagares.

La respuesta española fue feroz. Nuevas expediciones militares llegaron a la zona y finalmente el cacique Toronoima fue capturado y asesinado. Su cuerpo fue exhibido como escarmiento para quienes osaran desafiar el poder colonial.

Pero la semilla de la resistencia ya había sido sembrada.

Los siglos pasaron. La antigua aldea indígena se transformó en un pujante centro poblado. Su extraordinaria bahía la convirtió en puerta marítima del oriente venezolano. El comercio, el ferrocarril, las minas de Naricual, la industria cementera y la actividad portuaria impulsaron su crecimiento económico y social.

Sin embargo, la vocación de libertad heredada de aquellos primeros habitantes nunca desapareció.

Quizás por ello, cuando los guanteños emprendieron a finales del siglo XX la lucha por su autonomía municipal, estaban repitiendo —por medios pacíficos y democráticos— una vieja tradición de dignidad y resistencia.

La creación del Municipio Guanta en 1991 fue mucho más que una reforma territorial. Representó la culminación de un largo proceso histórico iniciado siglos atrás por hombres y mujeres que se negaron a que otros decidieran por ellos.

Por eso, cada 21 de junio, cuando Guanta celebra un nuevo aniversario, no sólo recuerda la promulgación de una ley. También honra la memoria de los Tagares, la valentía de Toronoima y el espíritu indomable de un pueblo que, desde sus orígenes, aprendió a defender su derecho a existir y a gobernar su propio destino.

Omar Gonzalez Moreno

Omar González Moreno.