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La transición en Venezuela será a mediano plazo ante un escenario inédito y bien complejo, dijo Gabriel Bohórquez

Gabriel Bohórquez

 

Importante es que las organizaciones políticas venezolanas hayan llegado a un acuerdo a través del Manifiesto de Panamá, para asentar las bases de gobernabilidad y lograr reconocer a María Corina Machado como la conductora de la oposición; pero, debe quedar claro que el proceso de transición se llevará a cabo a medio plazo, dada que la situación del país es compleja.

No se puede prospectar lo que va a ocurrir en lo inmediato, afirma el politólogo Juan Gabriel Bohórquez, quien acaba de regresar a Barquisimeto, después de haber estado residiendo en el exterior;  y pormenorizadamente ha estado analizando, para El Impulso, todo lo relacionado con los acontecimientos que se han venido registrando desde el 3 de enero cuando fuerzas especiales de los Estados Unidos extrajeron a Nicolás Maduro y su cónyuge, Cilia Flores de Maduro, quienes desde entonces se encuentran recluidos en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, Nueva York, esperando juicio por varios delitos que la justicia estadounidense considera han sido cometidos contra su jurisdicción.

Comienza Bohórquez su exposición manifestando que todo sistema político basa su estabilidad en columnas, que son diferentes grupos de apoyo; es decir, la estabilidad se sustenta en los planes de poder que hacen que el sistema se mantenga. En las décadas de los años 60, 70 y 80 esos pilares en  Venezuela eran básicamente Acción Democrática y Copei. Al día de hoy, no obstante ser el sistema monopartidista, tiene múltiples clanes que lo hacen mantenerse. Eso es fundamental para entender los escenarios a mediano y largo plazo, porque lo que está sucediendo es lo que en la ciencia política se conoce como un período de encaje.

¿Qué es un período de encaje?

Después que hay un vacío de poder y ya sabemos por qué se dio un vacío de poder,  a partir de la madrugada del 3 de enero,  cuando llegó un actor nuevo en el escenario político en Venezuela—- ese proceso de reacomodo de las columnas que sustentan el sistema es lo que se conoce como el período de encaje.

¿Cuál es el detalle distintivo de la situación?

Empiezo a hablar de la acera del oficialismo para después pasar a la de la oposición. Hugo Chávez, como gran líder del proyecto político que alcanzó con una nueva Constitución en 1999, era incuestionable. Luego le sucede Nicolás Maduro, a quien por el hecho de que Chávez le pidió el 8 de diciembre de 2012 a los electores que si él no podía continuar en la presidencia votaran por Maduro, éste se hizo incuestionable también. El detalle más importante,  aparte de ser un incuestionable, es que él era el centro de gravedad que dirimía los conflictos dentro de los clanes de poder del sistema. Al ser extraído este individuo, la persona que llega a sustituirlo en la presidencia no tiene la misma aura de incuestionabilidad. Y es por una cuestión natural, porque nadie  dijo “en caso de que pase algo” queda esta persona. Ese elemento es clave porque dentro de las distintas facciones del gobierno, ellos se están encontrando y se van a encontrar con temas que son neurálgicos y que tienen intereses contrapuestos. De hecho en estos momentos, Delcy Rodríguez, como presidenta interina de Venezuela, se encuentra frente a intereses contrapuestos como son la presión externa y la presión interna.

¿Cómo se explican estos intereses contrapuestos?

La presión externa es la que ejercen los Estados Unidos a través, por supuesto, de la amenaza militar que se mantiene como fantasma inminente y,  mediante esa amenaza creíble,  ellos presionan para que se adopten medidas petroleras, medidas económicas, medidas políticas y hasta medidas judiciales contra ciertas personas como, por ejemplo, el caso del exministro Alex Saab. Muchas veces esos intereses que se exteriorizan en presiones estadounidenses son directamente opuestas a la presión interna de los diferentes clanes de poder que busca preservar el status quo. Claramente hay intereses irreconciliables: Sí  Delcy Rodríguez sigue la presión externa, desmorona su base de apoyo interno; pero, si se mantiene en la línea de los intereses o en la línea de presión interna, va a ir frontalmente contra los intereses de la presión externa, que mantiene su amenaza militar creíble porque hay un precedente directo y reciente. Ese conflicto de intereses entre el interés interno y el interés externo se ve, por ejemplo, en declaraciones del gobernador tachirense  Freddy Bernal, que ya es un desafío a la autoridad que está liderando el proceso, cosa que no existía cuando estaba Nicolás Maduro porque tenía ese aire de incuestionabilidad.

¿Cuál es el papel  de la oposición en este escenario?

Tras la demostración de las elecciones del 2024, mantiene  un atractivo, la capacidad de convencimiento y persuasión; pero, no tiene poder real para imponerse, ni como actor interno y mucho menos como actor externo. Entonces, lo que está buscando hacer es reconfigurar su narrativa para poder seguir teniendo lo que los americanos llaman engagement, una cercanía, un nexo, para seguir teniendo impacto en la opinión pública, que es precisamente donde está la base de su poder actual. La oposición representa, interpreta y manifiesta a esa base. Es por ello que el Manifiesto de Panamá, dado a conocer tras la reunión del viernes 22 de mayo de María Corina Machado con más de treinta dirigentes de diferentes facciones políticas en Ciudad de Panamá, es muy interesante porque expresa, en primer lugar, el reconocimiento del plan las tres fases presentado por el Secretario de Estado, Marco Rubio. Esa declaración  en esencia marca una alineación de la oposición, que llega y dice, en palabras más palabras menos, nosotros estamos acompañando el proceso.

Esa declaración es muy interesante porque hay una alineación con los factores de poder externo, que aunque se podría prever tácita, no es lo mismo algo tácito que algo explícito, por una parte. Por la otra, la oposición, dentro del Manifiesto de Cartagena, dice: la negociación va, porque es el arma que tiene. Los factores opositores tienen el arma persuasiva y en cierto punto es la única arma que ellos han manejado desde el 2017. Lo que llama la atención de esa negociación es que establece como persona que va a estar encargada, que va a liderar el equipo, a María Corina Machado, que en el pasado era una dirigente recelosa al tema de la negociación; pero, eso habla de un pragmatismo, porque las circunstancias cambian.

En el propio Manifiesto se lee que el mandato del 28 de julio, los dirigentes políticos juraron  acatarlo, pero las circunstancias cambian, acota Bohórquez en su exposición hecha a El Impulso. Evidentemente, el Manifiesto de Panamá es la oposición adaptándose al nuevo escenario. Lo importante de esta decisión es: número 1, la alineación con el actor externo; número 2, la adaptación al escenario nuevo; y número 3, que a lo interno de la oposición se nota, por primera vez, mayor cohesión a lo interno del oficialismo.

¿Por qué?

Porque una de las partes claves  del Manifiesto de Panamá dice: Va a haber un canal de comunicación único y todo va a ser consensuado. Eso es sumamente clave, porque uno de los grandes problemas estratégicos en comunicación que tuvo la oposición en el pasado es que ellos no tenían una voz única. Por ejemplo, en procesos electorales regionales y municipales, como los del 2.021 y del 2.025, había un ala de la oposición que promovía la participación mientras otra ala rechazaba esa participación. Esa diferencia de comunicación y narrativa a lo interno de una misma fuerza política genera una desconexión con el electorado, con la audiencia y con la ciudadanía en general. Ese es un punto clave muy importante que el Manifiesto de Panamá rescata como penúltimo punto, ya que la vocería única estará comandada por María Corina Machado.

Y el último punto también es sumamente clave, por cuanto reafirma que hay un gran acuerdo nacional para asentar las bases de gobernabilidad. Todo esto habla de que hay un proceso de reacomodo prospectivo estableciendo que la oposición debe tener acuerdos mínimos para el momento en que llegue a ser gobierno.

En síntesis, el Manifiesto de Panamá habla de un acuerdo nacional muy parecido al Pacto de Punto Fijo, suscrito el 31 de octubre de 1.958, tras la caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez, por los líderes de los entonces principales partidos democráticos.

¿Hay posibilidad cierta de que ellos van a cumplir al pie de la letra ese acuerdo nacional? Hago la pregunta porque varios de los dirigentes de algunos de los partidos de oposición no querían ver ni en videos a María Corina Machado.

Es correcto, correcto. De hecho es loable que María Corina, antes de ser candidata tuvo que enfrentar un proceso sumamente duro; pero, aquí es donde está el tema, en política no siempre es el deber ser lo que uno quiere, en política se hace con lo real. Y lo real es que en este momento la oposición no tiene un referente diferente a María Corina con el mismo calibre en la opinión pública nacional y mucho menos con  su proyección internacional. Hay liderazgos emergentes, puede hablarse de Juan Pablo Guanipa, Freddy Superlano u otros, pero ellos están alineados con María Corina Machado a pesar de que son de otros partidos. El hecho de que los principales partidos de oposición que participaron y estuvieron en Panamá digan que, efectivamente,  la máxima dirigencia es encarnada por María Corina Machado, más que por un tema de cercanía personal o de gusto, es por un tema de realidad, de hecho, que ella es referente y se logra imponer, imponer no de mala manera, sino teniendo su vigencia que mantiene inalterable desde el año 2.023. ¿Qué sucede en este momento? Las circunstancias son cambiantes. En estos momentos todos manifiestan estar contestes y dicen que van a hacer el gran acuerdo, y lo van a acatar.

Al llegar a este punto, Bohórquez recuerda que el Pacto de Punto Fijo firmado por Acción Democrática, Copei y Unión Republicana Democrática, quedó roto cuando éste partido abandonó en 1.962 el gobierno  porque el presidente Rómulo Betancourt se declaró contra el régimen de Fidel Castro, de Cuba, lo que indica que un acuerdo político no es sostenible en el tiempo.

Su consideración la hace porque cuando los acuerdos tienen cierto tiempo consolidados en los sistemas, generalmente, los actores tienden a salir o hacer cuestionamientos por cuanto éstos son procesos naturales de la gobernabilidad y, además, tomando en cuenta que  los acontecimientos polìticos que se han venido viviendo en el siglo 21 son sumamente más violentos. Antes un sistema podía durar cuarenta, sesenta y sobrepasar los ochenta años. Ahorita, los movimientos se están dando cada quince, veinte o veinticinco años.

El Manifiesto de Panamá no desglosa mayor medida de escena en el acuerdo nacional, sólo que establecerá bases comunes; pero, debe quedar claro que en política lo esencial no se negocia, se negocian las cosas accesorias, aclara Bohórquez. Ahora, sí se ve claramente cuáles son las condiciones que  coloca la oposición en una eventual negociación con el gobierno: liberación de los presos políticos, tanto civiles como militares,  que no han recibido los beneficios de amnistía; retorno de los exiliados y un proceso electoral con observación internacional y garantías mínimas.

Este es un petitorio que la oposición ha hecho frecuentemente y, por lo tanto, no es nada nuevo. No obstante, la pregunta del millón es:  ¿qué tiene la oposición para presionar para que el gobierno cumpla con esas peticiones que está formulando? Porque sólo palabras es complejo, salvo que exista una presión también del actor externo para alinearse con la narrativa de la oposición en esta eventual negociación.

¿Es difícil el proceso de transición tomando en cuenta que se mantiene prácticamente intacta la estructura del poder?

Es complejo porque es un escenario cambiante. Sin embargo, cuando nosotros aplicamos el marco lógico y hacemos una prospectiva lógica de los cuatro escenarios posibles, nosotros nos encontramos un escenario de tendencia reformista; es decir, cuando sucedió lo  del 3 de enero, aquí existían cuatro escenarios. En primer lugar, había una implosión completa del sistema, como la que Venezuela está acostumbrada a ver, que huyen todos los funcionarios del más alto nivel cuando cae la cabeza del régimen, escenario que se descartó. Luego vamos al escenario completamente opuesto, que es el escenario donde el gobierno mantenía una posición frontal de agresividad y violencia contra los Estados Unidos; y había un tercero, el de una intervención militar, y ese escenario también se descartó.

Como veo que es muy complejo la probabilidad de  que el tiempo se recupere, nos quedamos con los escenarios centrales: el escenario conocido como  tendencia y el escenario apuesta. El primero de los mencionados era que íbamos a vivir un madurismo sin Maduro por los momentos, a pesar de que hay declaraciones del alto gobierno, del “rodrigazo”, de Cabello, que apuntan a un madurismo sin Maduro,  no es el escenario que se está imponiendo. Y no es que se está imponiendo porque los actores quieran hacer un proceso de reformas, sino porque esos intereses, esas presiones externas e internas de las que hablamos anteriormente, hacen que la brújula mueva el norte cada cierto momento. Es por esa razón que el escenario que se está manteniendo por los momentos es el escenario apuesta.

¿Por qué se llama apuesta

Porque es el escenario ideal para el actor que está teniendo la intervención,  que en este caso son los Estados Unidos. En este sentido, el propio gobierno está realizando las reformas a lo interno para poder garantizar una transición a mediano plazo.

¿Qué es eso a mediano plazo?

Volvemos al punto anterior. Maduro era el incuestionable. Pero, más temprano que tarde cuando haya que hacer una elección presidencial, incluso en el peor de los escenarios dentro de cuatro o cinco años, Delcy  Rodríguez no tiene la incuestionabilidad para decir “yo soy la candidata.”  Entonces, ya va a haber una línea roja en la que se va a descoser esta cohesión de los clanes del poder a lo interno del gobierno. Además, hay que sumarle que a medida que el tiempo va pasando esas decisiones difíciles de reacomodo de unos y otros  ministros.  de reacomodo de proveedores del Estado, de reacomodo de partidas presupuestarias y cobros de impuestos, van a ir diluyendo esa base de apoyo interno. Lo complejo de este escenario es que, aunque hay un escenario tendencia y un escenario apuesta,  no es claro lo que va a pasar dentro de ese proceso de reformismo.

En cuatro palabras, la situación es compleja…

Es compleja porque es cambiante, no se puede prospectar. Para la mejor comprensión de los lectores de El Impulso, los aspectos que para la oposición serían problemáticos, como es por ejemplo la reforma de la Ley del Trabajo, que son esenciales para los intereses externos que están presionando a los internos, para el gobierno no dejan de serlo por más que ellos tienen en los momentos el control del parlamento, del Poder Judicial y de las fuerzas.

En definitiva ¿La transición es una expectativa

Obviamente hay expectativa porque es la primera vez que el país se enfrenta a un escenario de este tipo. El comportamiento político está determinado por las experiencias pasadas en un país. Si vemos en el tiempo las veces que el sistema político ha caído se ha debido a golpes. Ejemplos tenemos: el del 18 de octubre de 1945 cuando fue derrocado Isaías Medina Angarita, quien junto a sus ministros fueron encarcelados para después ser exiliados; lo mismo ocurrió el 24 de noviembre de 1.948, cuando Rómulo Gallegos y sus colaboradores fueron exiliados; y el último, el 23 de enero de 1.958, fecha en la que salió Marcos Pérez Jiménez y su equipo de gobierno al exilio. El 3 de enero cayó la cabeza del sistema, pero se mantuvo el resto del cuerpo, lo que es un hecho jamás antes visto.

Ya ese acontecimiento genera una expectativa porque no hay un antecedente histórico sobre el cual la gente puede saber lo que va a pasar después. El ser humano busca por naturaleza reducir la incertidumbre porque quiere saber qué ocurrirá de inmediato. Ahora, en la espera del proceso de cambio, la oposición como actor político en una ventana de oportunidades necesariamente tiene que presionar para encontrar espacio de control político. Evidentemente, hay una expectativa constante porque como no se sabe qué va a pasar porque, como ya he explicado, la situación es compleja.

Pacífico Sánchez – El Impulso