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Venezuela busca prender sus bombillos y sale corriendo a buscar la inversión privada para el sistema eléctrico

Bajones con apagones eléctricos

 

Este cambio de política pretende atender el colapso del servicio, azotado por apagones y problemas en las últimas dos décadas, y contempla un aumento de las tarifas.

Venezuela se abre a la inversión privada en el sistema eléctrico.

La Asamblea Nacional de Venezuela, controlada por el chavismo, ha dado un paso hacia el fin del monopolio estatal sobre el servicio eléctrico, que lleva dos décadas en crisis con apagones y problemas. Se aprobó en primera discusión un proyecto de reforma de la Ley Orgánica del Sistema y Servicio Eléctrico, pensado para abrir campo al capital privado dentro de un régimen de concesiones de largo plazo. Durante los 15 años en que el servicio ha estado exclusivamente en manos de la Corporación Eléctrica Nacional, Corpoelec, se concretó el hundimiento del sistema eléctrico nacional. El proyecto ha sido aprobado con los votos de la bancada de la oposición, pero aún falta que el parlamento apruebe definitivamente el texto en los próximos días, en una segunda discusión el plenaria.

Las reformas planteadas permiten la inversión privada en todas las cadenas del servicio eléctrico, además de fomentar los esquemas mixtos de trabajo. Asimismo, implicarán una revisión del esquema de tarifas y el fin de los prolongados subsidios que se han hecho muy comunes en estos años con miras a obtener utilidades netas en la gestión de la empresa. También está planteada la descentralización operativa de la estatal Corpoelec.

Esta iniciativa del PSUV en el parlamento se enmarca en el proceso de ajustes institucionales, económicos, operativos, legales y políticos que ha venido implementando Venezuela desde que Delcy Rodríguez asumió como presidenta encargada, tras la incursión de Estados Unidos en Caracas para sacar a Nicolás Maduro del poder. El régimen continúa adelantando una reinterpretación de todos sus lineamientos en el ejercicio del Gobierno y buscando zonas de oxígeno, con la ayuda del capital privado.

La crisis eléctrica venezolana lleva ya 20 años agobiando la vida de los venezolanos, casi el mismo tiempo que tiene la creación de Corpoelec por decreto, por decisión de Hugo Chávez en 2007. El sistema eléctrico nacional, que funcionaba bajo un sistema mixto y regionalizado, y llevaba décadas creciendo con normalidad, comenzó a dar señales de agotamiento por la falta de mantenimiento y las dificultades para nuevas inversiones a comienzos de este siglo. Dos apagones nacionales de horas de duración, en los años 2006 y 2007, dieron las primeras señales de alerta.

Los problemas eléctricos dieron entonces un argumento adicional a Chávez desmantelar el esquema privado-mixto vigente, en línea con sus postulados políticos anticapitalistas. A comienzos de 2007, recién elegido por segunda vez como presidente, anunció la estatización de la Electricidad de Caracas, una de las empresas de capital nacional más antiguas del país, que administraba de manera óptima este servicio desde finales del siglo XIX.

Ese año también creó Corpoelec, y, en cadena nacional, sostuvo: Todavía hay gente acá que le dice a uno que el sector privado es más eficiente, que yo espanto las inversiones, que si estatizamos el servicio eléctrico se pueden agravar los apagones. ¿A mí me van a venir con ese cuento?

En 2009, dos años después, Venezuela lidió con una severa sequía alimentada por el fenómeno de El Niño y el país entró en una rutina de racionamiento del servicio eléctrico de la que no se ha vuelto a recuperar. La central hidroeléctrica del Guri, que generaba casi toda la energía eléctrica nacional, estaba en cotas críticas a causa de la falta de lluvias. Ese escenario se juntó con enormes problemas en la distribución, por la falta de mantenimiento en la red. En 2010, el gobierno de Hugo Chávez publicó el Decreto de Emergencia Eléctrica, que imponía severos castigos a las empresas que incumplieran el racionamiento y fomentaba un programa de compras directas de plantas termoeléctricas y piezas de repuesto. También ordenó la adquisición y fabricación de bombillos ahorradores, una solución que le había recomendado Fidel Castro.

Las disposiciones de Chávez -que imponía celeridad en su implementación y se irritaba por las demoras derivadas de la burocracia- masificaron las compras fraudulentas, las sobrefacturaciones y la adquisición de repuestos usados o inservibles por parte de funcionarios civiles y militares. Uno de los escándalos más conocidos fue el de Derwick, empresa fundada por los empresarios Alejandro Betancourt y Francisco Convit, que recibió más de 2.000 millones de dólares en adjudicaciones directas para ejecutar una compra de equipos obsoletos y sobrefacturados, que agravó el problema en lugar de aliviarlo. Buena parte del dinero adjudicado por el Ejecutivo a Derwick terminó en cuentas privadas internacionales, de acuerdo con los informes de Transparencia Internacional Venezuela.

En 2013, ya fallecido Hugo Chávez, ocurrió el primer gran apagón nacional, que dejó al 80% del país sin luz durante más de un día. Nicolás Maduro, presidente en funciones, formalizó entonces el Programa de Administración de Cargas, un eufemismo diseñado para convertir la falta de luz en una circunstancia permanente. Estos racionamientos siempre excluyeron de manera expresa a la ciudad de Caracas, considerada por el régimen una pieza clave en la gobernabilidad del país. El servicio en la capital ha decaído mucho desde la estatización de la Electricidad de Caracas, pero la capital sigue siendo una de las pocas zonas libre de racionamientos.

Entre 2018 y 2019, técnicos y trabajadores de Corpoelec salieron a la calle a protestar contra el manejo de la empresa, denunciando la corrupción de funcionarios y lanzando continúas advertencias sobre el advenimiento de un colapso total en la prestación del servicio. Entonces, en marzo de 2019, llegó el gran apagón nacional de seis días, el más largo de la historia de Venezuela, que produjo un colapso generalizado de los servicios de agua, telecomunicaciones y salud, generalizó la indignación y avivó las protestas antigubernamentales en las calles. El entonces ministro de Comunicación y Cultura, Jorge Rodríguez, informó entonces a nombre del Ejecutivo que la falla era producto de un ataque internacional orquestado por los servicios de espionaje estadounidenses para debilitar a la revolución bolivariana.

Todavía hoy, las dificultades estructurales del servicio eléctrico plantean serios cuellos de botella para la recuperación definitiva de la industria petrolera, gasífera y siderúrgica nacional, y, de acuerdo con los expertos, suponen un techo que frena cualquier programa de crecimiento económico en el país.

Venezuela fue uno de los primeros países sudamericanos en electrificar completamente su territorio en el siglo XX que, luego de la consolidación del sistema hidroeléctrico de Macagua -que incluye a la represa del Guri y otras algo más pequeñas-, fue junto a Brasil uno de los grandes productores de energía eléctrica de América Latina hasta los años 80.

En contraste, en el occidente de Venezuela -especialmente en la región Zuliana y en los Andes-, hoy se producen cortes de luz de hasta ocho horas diarias. En las zonas llaneras, pueden durar cinco horas. Solo en Caracas, Guayana y el oriente del país, la situación del servicio es algo más estable y predecible.

Alonso Moleiro – El País de España