El profesor de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL) y especialista en filosofía e historia, Freddy Millán Borges, expresó que el daño antropológico deja una herida existencial en la memoria de los pueblos y consideró que la educación es fundamental para sanar sus consecuencias y evitar que se repitan.
Durante una entrevista en el programa Háblame Bajito de Radio Fe y Alegría Noticias, explicó que el daño antropológico afecta la condición humana y provoca procesos de despersonalización, animalización y pérdida de ciudadanía.
El daño antropológico es una afección de la condición de la persona humana, señaló. Según él, esto ocurre cuando las personas son vulneradas en sus derechos hasta el punto de ser animalizadas y despersonalizadas, lo que facilita que se les niegue su condición humana y sus derechos como ciudadanos.
Sostuvo que este fenómeno deja secuelas profundas en la sociedad y advirtió que para sanar primero es necesario comprender el contexto en el que surge y las formas en que se manifiesta.
Concienciar para no repetir
El especialista aseguró que la educación debe ser el eje principal para enfrentar el daño antropológico, mediante herramientas como la pedagogía política y la docencia social.
Concienciar para no repetir, manifestó, al insistir en que la sanación forma parte de un proceso de educación integral que permita reconstruir valores, conocimientos y vínculos sociales.
Al citar diversos autores, puntualizó que entre las características del daño antropológico están el servilismo, el miedo a la represión —que termina anulando la voluntad política y generando temor al cambio—, la desesperanza aprendida, la precarización y la crisis ética.
También mencionó el insilio, una situación en la que las personas, aun permaneciendo dentro de su país, dejan de sentirse parte de él.
A juicio del académico, el daño antropológico puede abordarse con mayor facilidad en los jóvenes debido a que tienen mayor disposición al cambio.
Transición, justicia y reconciliación
Millán afirmó que en escenarios de posconflicto se necesita diálogo, memoria y justicia, pero advirtió que la venganza solo prolonga los conflictos. La venganza no es justicia, sostuvo. En ese sentido, defendió la necesidad de promover un perdón con justicia, pero sin venganza.
Consideró que las transiciones democráticas exitosas suelen construirse a través de acuerdos entre distintos sectores y mediante procesos de negociación. Todos tenemos que renunciar y conseguirnos en el centro para poder producir una transición hacia la democracia, declaró.
Asimismo, cree que en Venezuela todavía no ha comenzado formalmente una transición política, aunque reconoció que el país atraviesa cambios, mantiene expectativas de transformación y hay una posibilidad abierta.
Enfatizó que cualquier proceso de negociación requiere interlocutores con capacidad de diálogo y acuerdos, además de confianza tanto nacional como internacional.
Este momento es muy difícil, porque hay heridas abiertas, sed de justicia y una necesidad de que se asuman responsabilidades frente a una grave crisis que tiene Venezuela, por ello la invitación es a estudiar la historia, añadió.
María Iriarte – Fe y Alegría Noticias

