Venezuela pasó de la modernidad y la nacionalización del petróleo a un retroceso productivo que hoy obliga a debatir entre el monopolio estatal o la apertura privada. CAP en 1976 y la refinería de .
Toda la modernidad y el desarrollo de Venezuela desde el siglo XX hasta la actualidad han sido por la industria petrolera. El 1° de enero se cumplió medio siglo de su nacionalización. Un evento histórico que ocurrió en democracia y en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, en 1976.
Hoy, cuando el país registró en abril una producción de 1.2 millones de barriles diarios, según fuentes oficiales, esta cifra refleja que la explotación de crudo ha retrocedido a niveles de la década de los 40. Y en el contexto de un mayor número de licencias aprobadas por el gobierno de Estados Unidos para atraer la inversión de petroleras, la sociedad se debate entre: ¿Si Pdvsa debe mantener su modelo actual de monopolio de todo el negocio de hidrocarburos, o el sector privado debe tener mayor participación para levantar la industria
La nacionalización no fue un proceso improvisado. Demoró décadas de debate. Fue una política bien pensada y ejecutada sin ningún tipo de trauma para la población. Dio autonomía al Estado para manejar su petróleo y sus ingresos por exportación. Y ocurrió en una tendencia mundial, cuando miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) del Medio Oriente, también nacionalizaron su industria petrolera.
Fue un período de abundancia de divisas para Venezuela, por el «boom» petrolero registrado entre 1974 y 1979, pero también la nacionalización, o como muchos llaman «la estatización», acarreó un incremento del gasto público y del endeudamiento externo por las ingentes indemnizaciones que Venezuela tuvo que pagar a las empresas concesionarias.
Según el historiador, Carlos Giménez Lizardo, la deuda externa en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (CAP), llegó a $19.000 millones en 1979, por su programa de expansión y aumento del tamaño del Estado. En la gestión del presidente Luis Herrera Campins, su sucesor, la deuda externa se triplicó, llegando a $32.000 millones en 1983.
Ese año terminó un largo ciclo de estabilidad económica en el país, marcado por el «Viernes Negro», cuando debido a la caída de los precios del petróleo y el tamaño de la deuda externa, el Gobierno devaluó el bolívar, se desató una fuga de capitales y se finalizó con la estabilización cambiaria de 4,30 bolívares por dólar.
El petróleo como negocio
El artículo 12 de la Constitución de 1999, dice que los yacimientos mineros y de hidrocarburos existentes en el territorio nacional o en el mar territorial, pertenecen a la República, «son bienes de dominio público y por lo tanto inalienables e imprescriptibles».
Este principio de soberanía, tiene su origen en 1826, cuando Venezuela formaba parte de la Gran Colombia. Fue un decreto del libertador Simón Bolívar que tiene 200 años de vigencia, en el que establecía que las riquezas naturales o minas, correspondían en propiedad y procesión a la naciente República, sus ciudadanos y no a la corona española. Así lo destaca Giménez.
La producción petrolera del país comenzó en 1914, cuando se explotó el pozo Zumaque 1, en el campo de Mene Grande, estado Zulia, perforado por la empresa concesionaria Caribbean Petroleum Company, que llegó a producir en sus inicios 39 mil barriles diarios.
Pero un intento de política petrolera inició en 1920, cuando se crea la primera Ley de Hidrocarburos y el Estado empieza a vivir de la renta petrolera. Mandaba el dictador Juan Vicente Gómez, quien fundamentó su política financiera en dos hombres: Gumersindo Torres, ministro de Hidrocarburos y Román Cárdenas, ministro de Hacienda.
En 1922, en el campo Los Barrosos 2, estado Zulia, se explotó un pozo y durante nueve días un incontrolable chorro de petróleo inundó la zona. Datos históricos señalan que fueron bombeados alrededor de 100.000 barriles diarios. Tal hecho hizo que Venezuela entrara en el mapa petrolero mundial. Compañías británicas, holandesas y estadounidenses enviaron técnicos al Zulia, con miras a invertir.
Tras este hecho, la premisa de Gómez fue «Orden y el Progreso». Su gobierno construyó carreteras, consolidó el ejército y atrajo empresas para que exploraran, explotaran y comercializaran el crudo. Esa época fue el incipiente inicio del desarrollo moderno del país.
Gómez afianzó su poder con la jugosa renta petrolera que recibía. Los contratos de las empresas eran negociados independientemente y a su discreción, sin control del Congreso de la República. «Hacían pagos equivalentes a un contrato de arrendamiento de una determinada porción de territorio durante un lapso establecido.
Lo que todos estos contratos tenían en común, era el derecho de las empresas a disponer de manera absoluta e irrestricta del producto extraído una vez efectuados los pagos acordados contractualmente. Estos pagos, generalmente tomaban la forma de unos impuestos superficiales y de unas regalías fijas». Así lo resaltó Ernesto Fronjosa Lasalle, doctor en Ciencias Sociales, en su libro: Auge y Caída de un Petroestado, la historia de la industria petrolera en Venezuela», en 2018.
Hace 90 años, el 07 de enero de 1936, se descubre la Faja Petrolífera del Orinoco, con la perforación del pozo «La Canoa 1», que contiene petróleo extrapesado y pesado. La franja ocupa un área de 28.065 kilómetros cuadrados entre los estados Monagas, Delta Amacuro, Anzoátegui y Guárico.
En 2010, las reservas probadas en esa área alcanzaban los 297 millardos de barriles (20% reservas probadas mundiales y 25% de reservas probadas de la OPEP).
Esquema del Fifty-Fifty
En los años 40, el precio del barril de petróleo se cotizó en $1.50. El gobierno del presidente de Venezuela, Isaías Medina Angarita, crearon dos leyes que cambiaron la manera de manejar el negocio petrolero: En 1942 se decretó la Ley del Impuesto Sobre la Renta (ISLR), y en 1943 la nueva Ley de Hidrocarburos.
Ambos instrumentos conjugaban las herramientas para suministrarle a la nación una mayor participación en los ingresos petroleros. En esa época se otorgaron concesiones por 40 años a las transnacionales que finalizaban en 1983, y se exigía que refinaran parte de la producción de petróleo en el país.
Tras el derrocamiento de Medina Angarita el 18 de octubre de 1945, se instala en Venezuela una Junta Revolucionaria de Gobierno, presidida por Rómulo Betancourt que actuó desde octubre de 1945 hasta febrero de 1948 y convocó elecciones para elegir una Asamblea Nacional Constituyente que aprobó la Constitución Nacional en 1947 y elegir el presidente de la República, a través del sufragio universal, directo y secreto, permitiendo el voto a mujeres y analfabetos. En 1948 resultó ganador el presidente Rómulo Gallegos.
En esa etapa, aparece un decreto que estableció una participación igualitaria entre las compañías explotadoras de petróleo y el Estado, conocida como esquema 50/50 (Fifty-Fifty), en la que el Estado y las empresas extranjeras pasaban a ser socios a partes iguales de los ingresos brutos del petróleo.
De esta manera se deslastraron de la política de Gómez para manejar el negocio petrolero, en la que el Estado quedaba en minusvalía frente a las concesionarias. «Según la Memoria del Ministerio de Agricultura y Cría de 1936, entre junio de 1919 y junio de 1936, las petroleras obtuvieron Bs. 8.644 millones de ingresos brutos y el fisco nacional Bs. 612 millones. Apenas el 7% de los ingresos». Así lo señala Rafael Quiroz Serrano en su libro: «Los Presidentes y el Petróleo, historia petrolera de la democracia venezolana», de 2022.
En 1948, Betancourt designó como ministro de Fomento a Juan Pablo Pérez Alfonzo, quien comenzó a diseñar una política petrolera con cinco directrices: Primero no otorgar nuevas concesiones, cuidar la conservación de los yacimientos y mejorar el aprovechamiento del gas producido, vigilar la participación de la nación en las ganancias de la industria y procurar la mayor industrialización del petróleo.
Se reclaman más intereses para la nación y se labró el camino para una nacionalización de la industria petrolera que se concretaría en 1976.
Crecimiento petrolero
En 1946, Venezuela alcanza una producción de 1.064.326 barriles diarios, consolidándose como el segundo productor de petróleo del mundo.
Para esos años, la Creole Petroleum Corporation y la Shell extraían el 50% del crudo que se exportaba en el país. Estas dos empresas habían adquirido 10 millones de hectáreas para la exploración y explotación petrolera, según el documental «El Reventón II, hacia la Nacionalización», publicado en YouTube en 2021.
Ana Uzcátegui – La Prensa de Lara

