El cambio llegó, sí, pero la democracia todavía no.
Obispos venezolanos alertan al Papa: Hay una continuidad en los actores a nivel político.
Cuatro meses después de que fuerzas especiales estadounidenses capturaran a Nicolás Maduro, Venezuela sigue atrapada en una peligrosa tierra de nadie. Más de 450 presos políticos continúan entre rejas, según el conteo de Foro Penal, la amnistía prometida se ha estancado y en las calles persiste el miedo a la detención arbitraria.
Los obispos venezolanos acaban de exponer esta realidad al Papa en el Vaticano, y su diagnóstico es tan honesto como inquietante: «Hay una continuidad en los actores a nivel político», asegura a ACI Prensa el presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), Monseñor. Jesús González de Zárate. El cambio llegó, sí, pero la democracia todavía no.
A los obispos les llegan constantemente solicitudes para mediar en la liberación de presos políticos. Sin embargo, no siempre los caminos están abiertos, revela Monseñor. González de Zárate.
Es un tema difícil de tratar con las autoridades venezolanas, explica, y no sólo para la Iglesia, sino también para otras organizaciones e incluso para gobiernos.Todavía quedan muchas preguntas no resueltas de cuál será el futuro inmediato de Venezuela, dice Monseñor. González de Zárate después de que los obispos se reunieran el lunes con León XIV a quien expusieron la compleja e incierta situación que atraviesa el país.
A lo largo de estos meses nos hemos hecho muchas preguntas y todavía no tenemos suficientes respuestas, explica en declaraciones a ACI Prensa, en un momento en el que el compromiso oficial para unas elecciones presidenciales sigue siendo difuso.
Como pastores, señala, los obispos venezolanos hemos puesto de manifiesto la necesidad de recuperar la primacía de la dignidad de la persona, que es el punto fundamental de la doctrina social de la Iglesia.
En eso se basaría la libertad de los civiles, los derechos de participación, los caminos de democratización que necesitamos y la superación de intereses meramente partidistas, particulares, por el bien común, afirma con claridad.
Continuidad política tras la salida de Maduro
Aunque admite que hay un cambio, producto de que ya no está quien antes ocupaba la primera magistratura, matiza que también hay una continuidad en los actores a nivel político, lo que pone dudas sobre la profundidad real del proceso de cambio.
El prelado insiste en que, pese a ciertos gestos de apertura, el panorama sigue siendo incierto: Se esperaban decisiones más concretas en el ámbito de lo político, que todavía no han llegado a materializarse y, por lo tanto, quedan esas inquietudes.
Las relaciones con los Estados Unidos se han normalizado, pero para Monseñor. González de Zárate, la llegada de la democracia no parece ser inmediata. La reconstrucción de la institucionalidad política, la recuperación de la economía y el establecimiento de una nueva dinámica social es un trabajo lento, complejo, difícil, sostiene.
En ese proceso, insiste en que se requiere el concurso de todos, especialmente para superar la constante confrontación y la conflictividad en el lenguaje político han empobrecido la vida social venezolana.
El prelado hace un llamado urgente a reconstruir la confianza: Es necesario recuperar la credibilidad de la población en instituciones como el Consejo Nacional Electoral, el Tribunal Supremo de Justicia y las demás instituciones del Estado para restablecer una sana convivencia democrática.
La ley de amnistía aprobada en febrero benefició a 8.616 personas. Pero ese proceso parece estancado desde que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció que todo había llegado a su fin.
Para la Iglesia, se trataba de una oportunidad clave para avanzar en la reconciliación nacional, aunque su aplicación ha sido desigual. Desde el principio dijimos que un fundamento para el reencuentro de la nación es que todos puedan ejercer libremente sus derechos ciudadanos, explica Monseñor. González de Zárate.
En este contexto, insiste en una distinción fundamental: Resultaba especialmente significativa la liberación de los presos políticos, no la excarcelación.
La excarcelación significaría que salen del centro de detención, pero todavía quedaría restringida su actividad; nosotros hablamos de la total liberación, o sea, del reconocimiento de la plena libertad de todos, detalla.
El prelado reconoce una pérdida de impulso tras los avances iniciales: En un primer momento hubo mayor diligencia en la aplicación de la ley de amnistía, luego ha habido como un retardo, un ralentizarse.
Frente a ello, advierte que mientras haya un venezolano preso en razón de sus ideas políticas o de sus opiniones personales, difícilmente podremos estar tranquilos y construir en paz una mejor sociedad.
Sus declaraciones ocurren poco después de que saliera a la luz la situación de más presos políticos muertos bajo custodia oficial en un contexto de opacidad que ha generalizado el estupor en Venezuela.
Como el de Víctor Hugo Quero, preso político venezolano, cuya muerte se añade a una larga lista de ciudadanos fallecidos a manos del Estado, a lo largo de más de 25 años de gobierno chavista.
Quedan dudas, pues, sobre el paradero de otros muchos. Existe en este momento la duda de que aquellos de los cuales no se tiene noticia puedan haber corrido una suerte similar, asegura.
De la esperanza inicial al desánimo
La salida del poder de Nicolás Maduro produjo cierta expectativa esperanzada en los venezolanos, pero ahora hay una creciente frustración. Se habla mucho de la colocación del petróleo, de mejores precios, de convenios con diversas empresas, pero la vida concreta del venezolano sigue sufriendo las mismas carencias, lamenta Monseñor. González de Zárate.
Entre esas dificultades menciona la subida constante de los precios, la depreciación del salario, la imposibilidad de acceso a algunos servicios o las deficiencias de esos mismos servicios, como por ejemplo el servicio eléctrico o el suministro de agua. Una situación que, según añade, también crea desánimo.
La dura realidad de la diáspora venezolana
Tras años de crisis, la sociedad está herida sobre todo por los que huyeron del país y no han podido volver. Hay más de ocho millones de venezolanos fuera de nuestro país, y eso necesariamente toca el corazón de nuestra realidad, señala.
El impacto de la diáspora es parte del día a día de las familias: Niños que no tienen la posibilidad de estar cerca de sus padres, padres que no pueden disfrutar de sus hijos o de sus nietos.
Y afecta también a la vida eclesial: La migración de muchos venezolanos también deja a las parroquias sin catequistas, sin sus ministros, sin los jóvenes que formaban parte de la pastoral juvenil.El deterioro económico agrava aún más este escenario. El empobrecimiento generalizado de la población, al que la Iglesia ha tratado de responder con programas sociales de alimentación y de salud, también afecta la vida de la comunidad cristiana, señala.
Según explica, esta realidad limita incluso la acción pastoral de la Iglesia: Se ve debilitada en sus posibilidades de llevar adelante sus programas y las ayudas que puede brindar a las personas.
La prioridad de los obispos: conservar la unidad interna
Por ello, asegura que uno de los esfuerzos constantes del episcopado ha sido conservar la unidad interna, superar las diferencias y reconocer la pluralidad de posiciones para poder testimoniar que lo que anunciamos es verdad.
La unidad fue una de las claves que estuvieron encima de la mesa en la reunión en el Vaticano el pasado lunes 4 de mayo. El Papa, explica, estuvo muy atento, es conocedor de la realidad del país.
Sus preguntas iban dirigidas al papel que podemos jugar en el reencuentro del pueblo venezolano y en la unidad interna de la Iglesia, afirma.
El Pontífice centró su interés en el papel de la Iglesia como agente de reconciliación: Sus preguntas iban dirigidas al papel que podemos jugar en el reencuentro del pueblo venezolano y en la unidad interna de la Iglesia.
Monseñor Zárate subraya que la credibilidad del mensaje depende del testimonio: Difícilmente podríamos anunciar el reencuentro, la reconciliación o la convivencia amistosa si se vieran divergencias en el ámbito de la Iglesia.
Hay situaciones que nunca debieron suceder y hay responsables
Sin embargo, el presidente del Episcopado venezolano asegura que el mensaje de reconciliación de la Iglesia a la sociedad venezolana no es un perdón que signifique olvido.
Hay situaciones que nunca debieron suceder y hay responsables, advierte.
Sin embargo, Monseñor. González de Zárate insiste en que la respuesta no puede basarse en la revancha: No podemos pensar que la venganza o la retaliación van a dar respuesta. Hay que sanar los corazones desde la verdad.
CEV

