Los retos virales representan un grave riesgo mortal para los menores, cuya prevención depende de la supervisión activa de los padres y el fortalecimiento de los vínculos afectivos frente a la manipulación digital.
El impacto de los retos virales en redes sociales se ha posicionado como el riesgo digital con mayores consecuencias negativas para la infancia y la adolescencia. Bajo la premisa de ser juegos inofensivos entre pares, estos «challenges» pueden derivar en situaciones vulnerables, provocando desde lesiones físicas graves y hasta la muerte de los participantes.
Gerardo Sánchez, presidente del Colegio de Psicólogos de Lara, explica que, aunque los niños son nativos digitales, no siempre poseen la madurez para discernir entre contenidos seguros y peligrosos. El especialista enfatiza que los adultos deben detectar a tiempo cualquier intención de participar en estas tendencias. Según Sánchez, la disfunción familiar agrava el problema, pues genera una ausencia de comunicación y confianza entre padres e hijos, factor que, según sus palabras, no es bueno y eleva el riesgo de incidentes.
Para contrarrestar esta exposición, el especialista recomendó fortalecer las relaciones afectivas y mantener una supervisión constante de los contenidos consumidos. Asimismo, se insta a establecer reglas claras y estar atentos a cualquier curiosidad que el menor manifieste sobre los retos de moda.
En la actualidad, algunos de los retos más críticos involucran el uso de medicamentos. El denominado «Reto del Paracetamol» incita a ingerir cantidades masivas de este fármaco, lo que hospitales han reportado como causa de daños hepáticos irreversibles. Por otro lado, el «Reto del Clonazepam» consiste en resistir el sueño tras ingerir el ansiolítico; una práctica extremadamente peligrosa por la posibilidad de sufrir un paro respiratorio o sobredosis.
Con estos retos la integridad física queda completamente vulnerada, el «Blackout Challenge» —inducirse el desmayo por asfixia— continúa siendo uno de los más letales debido a que provoca muerte cerebral en minutos. También persisten dinámicas presentadas como bromas, como el salto coordinado en el que se patea a la persona central, resultando en fracturas craneales y lesiones permanentes en la columna vertebral.
Adicionalmente, amenazas que se consideraban erradicadas, como «Momo» y la «Ballena Azul» han evolucionado. En el caso de «Momo», se han detectado perfiles en plataformas como Discord o Telegram que emplean Deepfake de voz para contactar a menores, utilizando el doxing (robo de datos) para extorsionar. Por su parte, la «Ballena Azul» opera en entornos cerrados o en la «Deep Web», en el que administradores asignan tareas de autolesión que escalan hasta el suicidio. En 2026, la detección de estos grupos se ha dificultado por el uso de mensajería con autodestrucción.
La seguridad digital de los menores no depende únicamente de filtros tecnológicos, sino de una presencia activa de los tutores. El mundo digital es un entorno real donde la curiosidad puede ser manipulada por actores malintencionados. La prevención reside en crear puentes de confianza y enseñar a los jóvenes a identificar señales de alerta en un panorama tecnológico que cambia constantemente.
Massiel Quero – La Prensa de Lara
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