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El Helicoide que terminó convertido en un símbolo del terror del chavismo

ONG y familiares han denunciado repetidamente que en esta instalación se aplican torturas, malos tratos, tratos crueles y períodos de aislamiento prolongado. Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) en Caracas.

El Helicoide es un edificio ubicado en la parroquia San Pedro, en Caracas, Venezuela, diseñado en la década de 1950 con una estructura helicoidal, destinado a funcionar en un inicio como centro comercial y estacionamiento.​ La construcción quedó inconclusa y no se completó según el plan original.​ Desde 2015, el edificio es utilizado por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y como centro penitenciario. Es también conocido como uno de los centros de tortura más grandes de América.

La presidenta encargada Delcy Rodríguez anunció este viernes el cierre definitivo de El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) y una de las cárceles más cuestionadas del país, en el marco de la amnistía general anunciada a pocas semanas de asumir el poder tras la captura de Nicolás Maduro.

Rodríguez informó que el emblemático edificio será transformado en un centro social, deportivo, cultural y comercial destinado a la familia policial y a las comunidades vecinas, un giro radical para una estructura que, durante años, fue catalogada por víctimas y organizaciones humanitarias como el centro de tortura más grande de América Latina.

Una prisión símbolo del horror

El Helicoide ocupa actualmente el cuarto lugar entre las cárceles venezolanas con más presos políticos, albergando a más de 50 detenidos. Allí permanecen dirigentes opositores y colaboradores cercanos a la líder opositora María Corina Machado, entre ellos Freddy Superlano y Jesús Armas.

ONG y familiares han denunciado repetidamente que en esta instalación se aplican torturas, malos tratos, tratos crueles y períodos de aislamiento prolongado. También ha sido común, durante años, que personas detenidas en redadas o protestas pasaran días desaparecidas antes de que sus familiares confirmaran que estaban recluidas en el temido Helicoide.

Construido inicialmente como un proyecto comercial durante el auge petrolero de la década de los 50, el edificio Helicoide fue concebido con una arquitectura helicoidal y propósito futurista. De acuerdo con la periodista Veda Everduim, citada por Infobae, el plan original incluía un helipuerto, club, salas de exposición, hotel, parque, 300 tiendas y ascensores importados desde Viena.

Los problemas financieros truncaron su desarrollo y, en 1984, la antigua DISIP ocupó el inmueble. Décadas después, bajo el chavismo, sus instalaciones pasaron a control del Sebin y de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), que lo convirtieron en un centro de detención y tortura.

  

En sus siete óvalos, especialmente en el sexto nivel controlado por el Sebin, funcionan celdas, cuartos de aislamiento, oficinas y espacios clandestinos señalados como zonas de tormento físico y psicológico.

Testimonios del horror

El activista Lorent Saleh, quien estuvo preso allí durante cuatro años, describió el lugar como un espacio de ruido, mugre, hacinamiento y depravación, donde convivían presos políticos, opositores, presuntos corruptos y más de 200 detenidos comunes. En declaraciones a El Mundo, Saleh afirmó: El Helicoide es la pura expresión del Estado mafioso… reina la extorsión, sobre todo económica, a niveles que nadie imagina.

El estadounidense Joshua Holt, encarcelado en 2016, relató que perdió 27 kilos, padeció bronquitis, sarna, cálculos renales y hemorroides sin recibir atención médica adecuada. Fue lo más cercano al infierno… tenemos suerte de haber salido con vida, dijo tras su liberación en 2018.

Entre el 16 y el 18 de mayo de 2018 se registró el primer gran motín en El Helicoide. Videos difundidos por los propios detenidos mostraban protestas en los pasillos, golpes a las rejas y un clima de desesperación. El estallido ocurrió luego de que funcionarios agredieran brutalmente al estudiante Gregory Sanabria, quien terminó con fisura de cráneo, fractura nasal y el rostro desfigurado por múltiples contusiones.

Las imágenes, ampliamente difundidas en redes sociales, convirtieron aquel episodio en uno de los momentos más visibles de las condiciones infrahumanas denunciadas por presos y familiares.

Con el anuncio del cierre de El Helicoide, Delcy Rodríguez intenta marcar distancia de uno de los emblemas del aparato represivo del chavismo. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos subrayan que la reconversión del edificio no borra los años de violaciones cometidas en sus instalaciones.

El futuro de los detenidos allí —cuya liberación depende de la amnistía anunciada— será un punto clave en la transición política del país.

El Nacional