Elegí a Elis Regina porque pocas voces en la música popular logran lo que ella hizo: convertir cada canción en una experiencia humana irrepetible.
Elis no canta para agradar ni para exhibirse. Canta para decir la verdad emocional de una canción, incluso cuando esa verdad incómoda. En ella conviven la alegría, la rabia, la ternura, la ironía y una exigencia artística absoluta.
Así como Mozart demuestra que la genialidad puede concentrarse en pocos minutos, Elis demuestra que una canción popular puede tener la densidad expresiva de una gran obra.
No importa el género, importa la personalidad.
Águas de março con Antônio Carlos Jobim.
Como nossos pais.
O bêbado e a equilibrista.
Arrastão.
Madalena.
Romaria.
Atrás da porta
Fascinação.
Casa no campo.
Alô, alô, marciano
Vou deitar e rolar (Quaquaraquaquá).
Dois pra lá, dois pra cá.
Só tinha de ser com você con Jobim.
Upa, neguinho.
Velha roupa colorida.
Cais con Milton Nascimento.
Y no quiero despedir este post sin incluir su visión icónica de Gracias a la Vida.
Gracias a la Vida.
Emilio Figueredo – Análitica.com

