
Día de los Inocentes contado por uno de ellos
Comenzó el merequetén
justamente al cuarto día,
de haber tenido María
su muchachito en Belén.
Difícil que el parto fue,
y propenso él al infarto,
con el trajín de aquel parto
quedó grogui San José.
Por supuesto, el pobrecito,
pasado ya el grave trance,
apenas le dieron un chance
se durmió como un bendito.
Pero no bien pegó un ojo,
vio en sueños la fantasía
de un ángel que le decía:
Viejito, no seas tan flojo.
Huye a Egipto con tu esposa
y el fruto de su barriga,
porque aquí color de hormiga
se está poniendo la cosa.
Pues con creciente cariño,
y en cualquier lugar que sea,
ya no se habla en Galilea
de otra cosa que del Niño.
En el revuelo causado
por un niñito tan tierno
algo hay que a nuestro gobierno
le huele a perro mojado.
Y así Herodes ha prescrito
que ha todo niño de cuna,
sin diferencia alguna
le corten el pescuecito.
O enconchas, pues, al nené
o lo raspa el rey Herodes;
así que no te incomodes
y alza arriba, San José.
José, que un burro tenía,
lo ensilló de cualquier modo,
y en él con muchacho y todo
montó a la Virgen María.
Ya sobre el burro en cuestión,
la Virgen, siempre tan ida,
¿Para dónde es la movida?
pregunto con devoción.
Y cuando él, saber le hizo,
que hacia tierras egipcianas,
de lo que ella tuvo ganas
fue de mandarlo al carrizo.
Y exclamando: ¡Qué tupé!,
le dijo ya sin rubor:
¿A Egipto en burro, mi amor?,
¿Tú estás loco, San José?
José ante aquella chacota,
no protestó, sino dijo,
mientras de modo prolijo
se sobaba la chivota:
“Aunque en mis propios mostachos
de viejo loco me apodes,
lo importante es que está Herodes
descabezando muchachos.
Él espera, con cariño,
despescuezando arrapiezos,
que alguno de esos pescuezos
resulte ser el del Niño.
Él les ofrece alfondoque
y arepita y empanada
y después con un estoque
los mata de la estocada.
Así hablo el Santo bendito,
y así contestó su esposa:
“Caramba! si así es la cosa,
tienes razón Joseíto.
Si la cosa está tan fea
como tú la estás pintando,
de aquí hay que salir raspando
en burro o en lo que sea”.
Por huir de ese carrizo
y de su espada filosa,
yo me voy en cualquier cosa,
no digo a Egipto: ¡Al chorizo!.
Vamos a buscar posada
a alguna tierra apartada
donde nos tengan cariño,
y no le corten al Niño
ni la cabeza ni nada.
Así emprendieron la huida
mientras Herodes, ya en vano,
con su machete en la mano
continuaba la movida.
Blandiendo dicho aderezo
ninguno se la ganaba:
Muchachito que se encontraba,
muchachito sin pescuezo.
Era un tipo muy maluco;
mediante el famoso truco
del pajarito sin cola,
degollaba a los chiquitos
diciéndoles, pobrecitos:
“Baja la trompa, mapola”.
Convirtió así su poblacho
en una carnicería,
donde no se conseguía,
sino carne de muchacho.
Y en cuanto a José y María
yo por mi cuenta discurro,
que el cuerpo les quedaría
tras tan larga travesía,
más estropeado que un churro.
Quedarían como aquellos
a quienes tumba un susurro,
y si así quedaron ellos,
¡cómo quedaría el burro!
Feliz Día de los Santos Inocentes.
Aquiles Nazoa González (Caracas, 17 de mayo de 1920 – Maracay, 25 de abril de 1976) fue un escritor, ensayista, periodista, poeta y humorista venezolano.Nació en la barriada caraqueña de El Guarataro (ubicada en la parroquia San Juan), en el seno de una familia de escasos recursos económicos. Sus padres fueron Rafael Nazoa, jardinero y Micaela González. Su hermano fue el también poeta Aníbal Nazoa.

