
Oda a las manos
Os saludo, manos mías, dedos míos prensores, uno de ellos quedó atrapado por un portazo en un coche, le hicieron radiografías —la mano en esa imagen parecía un ala dislocada— un trocito de hueso perfilado por su propio contorno. El dedo corazón de la izquierda, que había tenido un anillo, ahora ha enviudado y carece de su adorno. Quien me dio el anillo, ya hace tiempo que no tiene dedos, sus manos se han confundido con las raíces de los árboles.
Manos mías, que tantas veces habéis tocado las manos de los muertos y las manos fuertes y cálidas de los vivos. Sabéis acariciar a las mil maravillas, y en ese tacto perdéis la distancia que separa una existencia de otra existencia, el cielo de la tierra. Manos a las que no os es ajeno el dolor del desaliento, pegadas entre sí como dos pájaros temerosos, desamparados, que buscan a ciegas las huellas de tus manos en todo.
Oda a las manos, 1966
Halina Poświatowska (1935-1967), de soltera Myga, es una de las poetas polacas más representativas de su generación. Doce años más joven que la premio Nobel Wisława Szymborska, su vida estuvo marcada por una grave cardiopatía que la obligó a pasar largas temporadas en hospitales y balnearios. En 1958 fue operada del corazón en Filadelfia; tras su recuperación permaneció tres años en Estados Unidos y completó sus estudios de grado en el Smith College de Northampton. Debutó en 1956 con poemas publicados en la Gazeta Częstochowska, y dos años después apareció su primer libro, Hymn Bałwochwalczy (Himno idólatra, 1958). Le siguieron Dzień dzisiejszy (El día de hoy, 1963), Oda do rąk (Oda a las manos, 1966) y Jeszcze jedno wspomnienie (Un recuerdo más, 1968), publicado póstumamente. Es autora de un libro en prosa Opowieść dla przyjaciela (Narración para un amigo, 1967). Esta es la primera vez que su obra se traduce al español.

