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Eligio Damas: El mundo es; pero lo vemos distinto

Ellos hablan, discuten y acuerdan lo mismo que antes habían acordado. Peso lo que antes vieron mal, se volvió otra cosa. Pero repetirán lo antes hecho, aunque ellos lo crean diferente, les satisface lo que hacen. Lo llaman coherencia y respeto a los principios. Unos ajenos a todo lo que acontece.

En aquel entonces eran jóvenes. Nada de lo que predijeron o desearon aconteció. Agotaron sus fuerzas, años y hasta perdieron las uñas. Todo lo demás siguió como venía. El cambio en ellos no sirvió para cambiar como debían.

La vida se empeñó en realizarse de manera distinta. Ellos ahora son distintos, pero no lo admiten, porque siguen querer viendo lo de antes. Retocan sus paisajes o se pintan unos nuevos pero iguales, como quien tiene gemelos.

Yo, en mi soledad, vi el futuro inmediato, a partir del presente, diferente, solo que su acontecer no me obedece, como para atenderme cuando le digo “para, espera, que ellos miren bien y hasta mejor, se percaten de tus querencias”. Pues sólo no puedo hacer todo lo necesario.

Ahora mismo, cuando sentados en un largo banco, narramos el paisaje que está frente a nosotros, lo hacemos con un asombroso parecido.

En principio, al oír de cada uno de ellos, como mi propia narrativa, me emociono como antes. Hemos visto y narrado lo mismo. Como que seguimos siendo los de antes.

  

Pero al intentar acordar algo, para que el mañana nos resulte placentero, traiga algo que nos satisfaga a todos, de acuerdo a lo que miramos, volvemos al principio. A lo de antes.

Ellos acuerdan algo que, cuando miro, remiro y comparo, parecen ser los de antes; no les encuentro sentido. Y lo que es peor, cuando me hundo en la memoria, la alboroto, quito esto de aquí y despejo espacio para ver lo de abajo o lo que está a un lado, encuentro abundantes muestras de lo que ahora dicen. El mundo, según miran, parece haberse detenido y lo malo que antes se hizo, se empeña en retornar.

El mirar el hoy, de ellos y el mío, que es el mismo, pero imaginar o concebir el por hacer ahora de manera distinta, como que ellos proponen repetir lo de antes y yo pensar en algo diferente, me incomoda.

No tanto por verlos adorando el pasado, asumiéndose tal como son, dignos personajes, rectos, coherentes con “los principios”, sino por mi manía de siempre, recibir lo que viene, lo que yo y ellos miramos igualmente, de manera distinta y como, a él le agradaría y corresponde.

Ellos miran humanos, caminando en la misma dirección, hacia un futuro al cual no van ni vamos. Lo que se nos viene encima, lo veo al revés, pese que, al mirar el presente, en nada nos distanciamos. Y, lo que, es más, nuestros dolores y calamidades, son los mismos. Somos, en apariencia iguales, pero distintos.