
El ser social determina la conciencia social
Las campanas del otoño hacen difícil la primera nevada.
Como si el sacristán fuera el demonio
viejo muñeco de paja puesto a arder para siempre.
La tristeza de la tos
y si te descuidas un poco, cariño,
la vida se te vuelve una jornada de Anita la Huerfanita
un solo llanto entre gordos.
En todo caso trabajar en un país socialista
y no ganar para comprar bufanda o guantes
hace amar la metafísica fundamental
desear su violín lila para volver
a la playa donde puedes hartarte de flores por el ombligo.
Ay es que soy funcionario
del Partido Comunista más chiquito del mundo
uno que tratará de hacer su revolución sin miles de muertitos
porque se arruinarían las posibilidades de la agricultura nacional
con las tumbas.
Roberto Armijo fue un poeta, narrador y dramaturgo nacido en Chalatenango, El Salvador, en 1937. Durante muchos años vivió en Francia. Armijo es la voz lírica de su generación, bautizada como «Generación Comprometida» por Ítalo López Vallecillos. Es autor de obras como La noche ciega al corazón que canta, Mi poema a la ciudad de Ahuachapán, El príncipe no debe morir, Poemas europeos o El pastor de las equivocaciones. Murió en París en 1997.

