Desde sus inicios dialogó con el jazz, la música popular y también con la música académica del siglo XX. A veces este vínculo fue explícito, colaboraciones con orquestas y otras veces se filtró de manera subterránea, a través de productores, arreglistas o músicos formados en conservatorios.
Hoy propongo un recorrido por quince piezas que muestran este encuentro inesperado entre riffs eléctricos y partituras atonales, entre sinfonías y guitarras distorsionadas.
El parentesco con la música académica de la época es evidente, basta escuchar a Schoenberg, Stravinsky, Varese, Cage, para ver el vínculo.
Quise poner en este post algunas de las obras estos grandes compositores del siglo XX pero me di cuenta que hubiese rebasado el espacio que ofrezco en estos post.
El rock se atreve a pensar como sinfonía
The Beatles – A Day in the Life (1967): Ese crescendo orquestal, es un guiño directo a las técnicas de vanguardia.
The Beatles – Revolution 9 (1968): Un collage sonoro de ruidos, voces y ecos que parece salido de un taller con Stockhausen o Cage.
Frank Zappa – The Dog Breath Variations/Uncle Meat (1969): Polifonía y disonancia: Zappa fue uno de los pocos rockeros que estudió a fondo a Schoenberg y Varèse.
Frank Zappa – The Yellow Shark (1993): Aquí el rock se viste de música de cámara, con el Ensemble Modern como aliado.
The Velvet Underground – Venus in Furs (1967): El violín de John Cale viene directamente de su paso por el minimalismo de La Monte Young.
Pink Floyd – Atom Heart Mother (1970): Una suite para orquesta y coro: rock psicodélico en formato casi sinfónico.
Pink Floyd – Echoes (1971): Veintitrés minutos de exploración musical que recuerdan a una sinfonía moderna.
Yes – Close to the Edge (1972): Tres movimientos que parecen escritos siguiendo la forma sonata, pero con guitarras y sintetizadores.
Emerson, Lake & Palmer – Pictures at an Exhibition (1971): Adaptación directa de Mussorgsky, con órgano Hammond y baterías desatadas.
Genesis – Supper’s Ready (1972): Una suite épica de veintitrés minutos, casi un oratorio barroco con guitarras eléctricas.
King Crimson – Larks’ Tongues in Aspic (1973): Polirritmias, disonancias y una intensidad que recuerda a Bartók o Webern.
Deep Purple – Concerto for Group and Orchestra (1969): Jon Lord quiso probar qué pasaba si un riff de guitarra dialogaba con la Royal Philharmonic.
Led Zeppelin – Kashmir (1975): Un ostinato hipnótico de cuerdas y percusión, con ecos de Ravel y Holst.
Metallica – S&M (1999): El heavy metal se funde con la San Francisco Symphony: un choque frontal entre dos mundos.
Radiohead – Pyramid Song (2001) Ese compás irregular que parece flotar en el aire está inspirado en Messiaen y el jazz modal.
Emilio Figueredo – Análitica.com

