Chopin es uno de los compositores más importantes de la historia de la música académica.
A lo largo de mi vida, Chopin, ha sido un espacio musical en el que aprendí a entender ese lenguaje.
Desde que tengo uso de razón recuerdo la presencia de sus valses en mi casa, y que mi padre tocaba con frecuencia. Por esta razón, este post incluye algunas de las piezas que me parecen una buena introducción a esa expresión de poesía musical.
Nocturno en mi bemol mayor Op 9 N° 2. La versión que prefiero es la de la portuguesa María Joao Pires, aunque reconozco que la de Rubinstein es icónica
Nocturno póstumo en do sostenido mayor, de una belleza melancólica: Evgeny Kissin.
Balada N° 1 en Sol menor, Op. 23 • Una historia contada sin palabras: Kristian Zimermann.
Balada N° 4 en Fa menor, Op. 52 • Compleja y madura, mezcla lirismo y tormenta. Chopin al límite de su arte. Aqui me pareció que la versión más indicada es la del ruso Sviatoslav Richter.
Estudio en Do menor, Op. 10 N° 12 “Revolucionario” • Furia y virtuosismo, con aire de protesta. Maurizio Pollini.
Estudio en Mi mayor, Op. 10 N° 3 “Tristesse” • Nostalgia pura: una de las melodías más bellas jamás escritas. Evgeni Kissin.
3 Estudios Op. 10. No pude evitar incluir esta interpretación magistral, de la entonces joven, Martha Argerich de estas bellisimas y complejas pieza.
Polonesa Heroica, dificil remplazar la maravillosa interpretación de Arthur Rubinstein.
Polonesa-Fantasía en La bemol mayor, Op. 61 • Una polonesa transformada en meditación poética. Martha Argerich.
Mazurka en La menor, Op. 17 N° 4 • Melancólica, con raíces polacas. Introspectiva y sencilla. Khatia Buniatishvili.
Mazurka en Do mayor, Op. 24 N° 2 • Esta mazurca se la escuché a Witold Malcuzinsky en el Aula Magna.
Preludio en Re bemol mayor, Op. 28 N° 15 “La gota de lluvia” • Repetición hipnótica que evoca lluvia y tormenta interior. Vladimir Horowitz.
Preludio en Mi menor, Op. 28 N° 4 Khatia Buniatishvili • Breve y oscuro, transmite desolación con sencillez.
Scherzo No 2 en Si bemol menor, Op. 31. Emoción extrema: del dramatismo al lirismo más tierno. Kristian Zimermann.
La Sonata en Si bemol menor, Op. 35 (III. Marcha Fúnebre), en la versión de Arturo Benedetti Michelangeli es una auténtica joya.
Fantaisie-Impromptu en Do sostenido menor, Op. 66 • Brillante y romántica. Daniil Trifonov.
Concierto para piano N° 1 en Mi menor, Op. 11. Aunque se le haya criticado, su orquestación es un despliegue de virtuosismo con frescura. Kristian Zimermann.
Y no quiero cerrar esta selección sin incluir la interpretación insuperable del Valse N° 2 del inolvidable Dinu Lipatti.
Emilio Figueredo – Análitica.com

