En un conversatorio organizado por la Fundación Casa Andrés Eloy Blanco; donde estuvo convocado el colega periodista y abogado Juan Sodja, titulado: Monologo para Diasmina: Confesiones de una Sombrerera Encantada, donde según el propio interlocutor la palabra se entreteje con hilos invisibles y sombreros con alma, Diasmina Ortiz de Amundarain abre su baúl de recuerdos en un soliloquio donde la realidad se disfraza de fantasía.
Ahí en los propios espacios donde el poeta comió de “las uvas del tiempo”, donde aprendió a convivir con su “Angelitos negros” nos hicimos presentes un sin número de cumaneses y visitantes para testimoniar el espíritu de una mejer, cuyo espíritu de luz impregnó a su ciudad allende de sus mares.
Ella al desnudo nos las presentó Sodja y sus tres hijos, Maria Elina, Julio y Carmen Julia para remorar a la Dama cumanesa conocida por todos como “La Novia de Cumaná”: vestida a su medida, concebida como digna mujer que representa del gentilicio idiosincrático residencial, premiado por el corazón de todos, quienes la convertimos en el eterno ícono que engalanó la ciudad que la vivió nacer en cada uno de sus pasos; la universalizada como un ser espiritual de luz.
Fue una velada fascinante y les juramos que espíritu de de “Diasmina se hizo presente a través de sus hijos y el el testimonio que le otorgó una vida consagrada en su relación y reconocimiento al temor de la divinidad u santidad que le entregó a la colectividad cumanesa que le confirió un título que lo sólo lo obtiene a quien Dios le da la gracia como la representante de esta ciudad, primogénita del continente americano.
Diasmina Ortiz de Amundarain nació en Cumaná el 6 de abril de 1939 y falleció el 24 de julio de 2015. Pero Diasmina sigue viva en el corazón y recuerdo de los cumaneses. En su vida resaltó con todo su candor, alegría, vivacidad y amor por Cumaná y el Estado Sucre. Relataba cómo encontró en el maquillaje una manera de expresión corporal que la vinculaba directamente con Cumaná: “ Hago todo para adornar a mi ciudad” y agregaba: Estoy lista para mi ciudad. Sucre tiene los brazos abiertos para recibir a todos. Nadie nos gana: el mejor chocolate, la comida pariana, los patrimonios de la ciudad, el convento de San Francisco…”
La conversación se enfocó en destacar su calidad humana como madre, esposa, mujer y ciudadana. Cultivó permanentemente el diálogo en familia, un valor social que le permitió cuidar a su familia y enseñarle lo esencial: el respeto hacia los demás; la responsabilidad de cada uno ante los compromisos contraídos; preservar la fe católica en su hogar, asistir al culto religioso, dar formación religiosa a sus hijos; hacer de sus hijos ciudadanos honestos y útiles a su país; también se enfatizó cómo Diasmina cultivó los valores del hogar, el arte del bordado y de las manualidades femeninas, el arte de la cocina y el compartir la mesa a manera de celebración especial con su familia y amigos.
Diasmina estableció un diálogo permanente con todas las instancias sociales representativas de Cumaná, en especial con las instituciones educativas. A través de su vida se puede establecer muchas conexiones y vivencias significativas que se conjugan con la Educación y en la acción ciudadana positiva.

Diasmina era una patrocinadora de la ciudad. También era historia. Ella amaba a Cumaná y al Estado Sucre, dialogaba con la ciudad. Su maquillaje y vestimenta fue una manera de atraer la atención para repensar la ciudad y ser reconocida como un ícono de Cumaná. En diálogo permanente con la sociedad cumanesa, Diasmina logró la aceptación de varones en un colegio tradicionalmente dedicado a la enseñanza femenina, como fue el caso del colegio “Las Carmelitas”, comenzando por su hijo Julio en dicho colegio.
La acción de Diasmina en las escuelas y colegios de Cumaná tuvo otros intereses: enseñar a los niños a amar a Cumaná. A los pequeños les gustaba conversar con ella y preguntarle sobre la ciudad, puesto que ella se conocía todos los rincones: su historia, sus fiestas, su gastronomía, sus paisajes ¡Era una crónica viviente!, en el decir de muchas personas que la conocieron. De este diálogo fructífero han surgido en las escuelas de Cumaná “las pequeñas Diasminas”, niñas que se visten y se maquillan como ella para hablar sobre Cumaná.
Otro aspecto del “Diálogo de Diasmina” es su afán de abogar a favor de Cumaná. Por ello procuró relacionarse con ministros y políticos en ejercicio. Ella conoció a todos los presidentes de Venezuela; entraba a todos los lugares de gobierno y lograba obtener recursos para la ciudad. Diasmina luchó por la creación de la Universidad de Oriente, por la Casa Andrés Eloy Blanco, por el Hospital, por la Universidad Gran Mariscal de Ayacucho, también abogó por la Banda Rafael Emilio Sequera; logró llevar al barrio Las Palomas una cisterna de agua de manera permanente. Con mucha frecuencia los hijos de Diasmina eran interpelados por desconocidos que le decían: “por su mamá tenemos casa, por su mamá entré a la Universidad ”. Realmente Diasmina benefició a mucha gente. Animó las “aulas-taller” para las esposas de los militares para que ejercieran acciones benéficas hacia la comunidad.

