
Se atribuye al futurólogo Herman Kahn la afirmación según la cual hay países que botan su futuro cada diez años. Se podría que decir que Venezuela está en ese grupo.
Desde el 18 de febrero de 1983 el país parece haber quedado atrapado fatalmente en el péndulo de controles de cambios para restringir la salida de divisas y ensayos nunca muy extendidos en el tiempo de libre convertibilidad de la moneda, que nunca ha remedido, sino más bien agravado, el proceso de inflacionario y de devaluaciones con el consiguiente empobrecimiento generalizado de la sociedad.
Las medidas de febrero de 1983 pusieron fin a 22 años seguidos de libre cambio del bolívar, y, visto en perspectiva, a medio de siglo estabilidad monetaria. El otrora país que contó uno de los signos monetarios más estables del mundo, con bajísimos índices inflacionarios, pasó a ser todo lo contrario en las siguientes cinco décadas.
De allá para acá hemos tenido largos años de controles de cambio: 1983-1989, 1994-1996 y 2003-2018 (el más extendido). Versus solamente 12 años de tipo de cambio libre: 1989-1994 y 1996-2003.
Adivinen en cuales períodos se devaluó más el bolívar.
Si bien es cierto que la fenecida la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) aprobó relajar en 2018 el control cambiario, permitiendo la realización de operaciones en casas de cambio autorizadas de manera transparente y legal, derogando así la nefasta la Ley sobre Régimen Cambiario, en las últimas semanas el país se encuentra en una curiosa situación en la cual supuestamente hay libertad para compra y venta de divisas, aunque no pareciera. Por lo visto, más que un asunto técnico propio de las autoridades monetarias, ahora una cuestión policial.
El patrón de la crisis cambiaria
No obstante, pese a cierta sugerencia oficial a no estudiar estos temas, el economista y profesor universitario José Guerra ha publicado recientemente un trabajo académico de su autoría titulado: Tres Crisis Cambiarias de Venezuela (Escuela de Economía, UCV, 2005).
En el mismo hace un recuento histórico y análisis económico de tres crisis en los cuales tres gobiernos respectivos abordaron presiones contra el tipo de cambio. Rómulo Betancourt, en 1960; Luis Herrera la presente con Nicolás Maduro.
En los tres momentos Guerra identifica un patrón: incrementos previos del gasto público (por razones políticas) provocaron insostenibilidad fiscal, perdida de la confianza manifestadas en salidas masivas de capital y una crisis de balanza de pagos.
Esas situaciones, por supuesto, no se dieron en el aire, todas han sido parte de un contexto mucho más amplio. De modo, que si en gran parte del siglo XX, especialmente entre 1939 y 1980, el bolívar se mantuvo fuerte y estable, esa estabilidad comenzó a erosionarse a partir de los años 80s del siglo pasado, con el aumento de la deuda externa, la caída de los precios del petróleo y un crecimiento económico inconsistente. Desde el “Viernes Negro”, el bolívar inició una espiral de pérdida progresiva de valor que no se ha detenido.
Inflación crónica en Venezuela
De los años 80s en adelante la inflación se volvió crónica. Y para enfrentar (o maquillar) esa depreciación monetaria es que el gobierno del expresidente Hugo Chávez implementó una reconversión en 2008, creando el “bolívar fuerte” (Bs.F), con la eliminación de tres ceros al bolívar original. Obsérvense que eso ocurrió en medio del mayor y más largo auge de precios del petróleo de la historia que, sin embargo, no evitó que con dos dígitos anuales el país padeciera entonces una de las inflaciones más altas del mundo.
En años más reciente la devastadora hiperinflación (noviembre 2016-enero 2022) también se intentó enfrentar (o maquillar) en 2018 con una segunda reconversión: el “bolívar soberano” (Bs.S), que suprimió cinco ceros adicionales. A esas alturas ya eran dos signos monetarios los destruidos.
El proceso hiperinflacionario continuó su curso y así fue como en octubre de 2021, se llevó a cabo una tercera reconversión monetaria, reduciendo seis ceros más, y dando origen al “bolívar digital” (aunque con emisión física también). En total, desde 2008, se han eliminado 14 ceros a la moneda y destruidos tres signos monetarios.
Como no podía ser de otra manera, tal sucesión de acontecimientos también ha destruido la confianza de los venezolanos en la moneda, razón por la cual, aunque el bolívar sigue siendo oficial, la economía venezolana se encuentra altamente dolarizada de facto. Gran parte de las transacciones comerciales se realizan en dólares (o pesos colombianos en el estado Táchira).
Así, la evolución del bolívar refleja los vaivenes económicos, políticos e institucionales del país.
Gasto prudente
¿Por qué el bolívar fue tan estable hasta 1983? Porque desde los años 40s, Venezuela mantuvo un sistema de cambio estable con pocas devaluaciones, respaldado por fuertes reservas internacionales. La paridad oficial del bolívar con el dólar se mantuvo fija durante décadas. Eso fue posible, en primer término, por los altos ingresos petroleros. Un dato: entre 1939 y 1969 Venezuela fue el primer exportador mundial de petróleo y el tercer productor detrás de Estados Unidos y la Unión Soviética. Se dice fácil.
Pero luego hay otros dos factores a considerar, que en el caso de la crisis de 1960 el profesor Guerra no deja pasar por alto: bajo endeudamiento público y disciplina fiscal.
Probablemente marcados por el bloqueo de los puertos venezolanos por parte de las potencias europeas en 1902, todos los gobiernos venezolanos (civiles y militares/democráticos y autoritarios) hasta mediados de los años 70s, fueron muy prudentes en el manejo de la deuda pública y del gasto fiscal. Además, todos fueron respetuosos del Banco Central de Venezuela (BCV), que operó con autonomía técnica, evitando la emisión excesiva de dinero.
Por consiguiente, había confianza en las instituciones y en la moneda. Aunque a las nuevas generaciones les parezca ciencia ficción, el bolívar fue percibido en su día como una moneda sólida y confiable. Incluso, en muchos países de América Latina era aceptado como divisa fuerte.
Esa fue la estabilidad que se perdió desde 1983. La baja del precio del petróleo en los 80s redujo los ingresos en divisas, dificultando el financiamiento del gasto público y generando déficit en la balanza de pagos que se combinó con un creciente endeudamiento externo.
Los nefastos controles de cambio en Venezuela
Fue así como Venezuela entró en este laberinto de controles de cambio (los nefastos RECADI y CADIVI) que distorsionaron el mercado cambiario, incentivaron la corrupción y socavaron aún más la confianza en el sistema monetario.
La crisis institucional y las políticas de controles de precios, nacionalizaciones y gasto público sin respaldo real de la era chavista minaron la producción interna, aumentaron la dependencia de las importaciones y exacerbaron la escasez de divisas, pavimentando el camino hacia la hiperinflación.
En resumen, el bolívar fue estable mientras la economía petrolera generaba suficientes ingresos, el gasto era relativamente disciplinado y el entorno institucional era sólido. Ahora el bolívar, golpeado por la desconfianza, ha perdido su función como reserva de valor, medio de intercambio y unidad de cuenta.
En ese orden de ideas, la actual situación económica del país es como la del paciente convaleciente que recién salido de terapia intensiva se va a una fiesta. Eso es lo que ocurrió en 2024 cuando se incrementó el gasto público por razones políticas, “…el cual se ha financiado principalmente con emisión monetaria, en vista de que el gobierno no tiene acceso al crédito internacional y las fuentes internas de financiamiento son limitadas”, no dice el profesor Guerra.
En su análisis: En el epicentro de todo este proceso de desajuste de las tasas de cambio ha estado el incremento del financiamiento del déficit fiscal por parte del BCV…
@PedroBenitez – Al Navío

