Jesús Cristo el periodista; es perdón; testimonio vivo de amar a Dios y al prójimo como a ti mismo
La idea de “Jesucristo el periodista llevando un mensaje de paz y amor” es una metáfora que describe cómo el mensaje de Jesucristo, que incluye la paz y el amor, se difunde a través de las enseñanzas y el ejemplo de su vida. El término “periodista” aquí se utiliza para describir la función de Jesucristo como mensajero o divulgador de este mensaje, no en el sentido literal de un comunicador profesional.

El mensaje central de Jesucristo es uno de amor a Dios y al prójimo, que se manifiesta en la práctica de la paz, el perdón, la compasión y la reconciliación. Este mensaje se transmitió a través de sus palabras, parábolas y acciones, y continúa siendo difundido por sus seguidores en todo el mundo.
En resumen, la frase “Jesucristo el periodista lleva el mensaje de paz y amor” resalta la importancia de la difusión del mensaje de Jesucristo y su relevancia para fomentar la paz y el amor en el mundo.

Como comunicador social, ejercer el periodismo me ha traído satisfacciones y retos permanentes. Desde ser conocido por un público que te mira, lee o escucha y que cada día te exige renovación y compromiso con algunas causas que buscan el bien común. Hasta evitar a sectores que te quieren usar para defender sus intereses.
No es fácil ser periodista en medio de una sociedad donde priman los intereses personales o de grupo, en lugar de privilegiar el bien de todos. Donde las “autoridades” designadas no buscan servir, si no —y en muchos casos– servirse del poder para sus propios fines.

La práctica diaria del periodismo me acerca a muchas personas. Cada una con una problemática diferente. Unos promueven el cuidado del ambiente, otros defienden derechos humanos, otros luchan contra la corrupción, otros defienden una agenda política. Van desde lo académico, tecnológico y científico hasta campesinos agrícolas, pescadores artesanales, mujeres y jóvenes emprendedores que buscan abrirse espacio en medio de una sociedad muy inequitativa.
Como periodista comprometido con Jesucristo procuro amar y obedecerle en todo lo que hago en el ámbito profesional y personal. Debo ser sincero, no he escrito en mi casa, oficina ni otro lugar el imperativo de Deuteronomio 6:3-9 de “amar a Dios con todo mi corazón, alma y fuerzas”. Pero sí he tratado de mantener vigente ese mandato en mi corazón y en mi vida. Y es que el propio Jesús en Marcos 12:29-31 recordó esta orden de amar al Señor con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas. Pero también pidió amar al prójimo como a uno mismo.

Cierto día entrevistaba en vivo a un académico universitario sobre temas comerciales y de exportaciones. Antes de concluir la conversación alguien llamó a pedirnos que por favor no dejemos salir a nuestro invitado sin que oremos por él, porque padecía de un cáncer terminal. El hombre, cuando le pedimos que nos permitiera orar por su vida y salud, accedió. Y si bien no se curó, al menos se fue con una sonrisa de alivio y conoció de Jesucristo.
Encarnar en mi vida, día a día, este principio de amor a Dios y al prójimo es el reto. A veces, con el pretexto del estrés, la velocidad con que se desarrollan los hechos noticiosos, la multiplicidad de medios que publican, discernir que no sean falsas noticias antes de difundirlas, provoca que me distraiga de este mandato divino. Pero, Dios siempre está ahí para que no me olvide de él.
Que ese amor a Dios no se quede ahí, debo reflejarlo también con mi familia, los colegas de trabajo, hermanos de la iglesia, vecinos del barrio y amigos virtuales. Las acciones hablan mejor que las palabras.

Las mismas redes que nos saturan con mensajes innecesarios han servido para estar cerca de las personas que nos necesitan, por una palabra de oración, difusión de alguna necesidad, contactarme y entrevistar a otra persona en esta aldea global. Las noticias no siempre son alentadoras, pero llegar con esperanza a un público necesitado de amor ya es una recompensa. Además, te desafía e impulsa a cumplir estos principios en el desarrollo periodístico y en la cotidianidad afectada por las distintas crisis. ¡Nunca pasa de moda el amor a Dios y al prójimo!

Mi vida debe ser integral, no una persona en el medio de comunicación y otra sobre el teclado o frente al micrófono o en la cámara. Hay que asumir el Don de comunicar con la humildad como Cristo llevó su mensaje de amor y paz.
