
El miércoles 18 de junio una multitudinaria manifestación tomó las calles del centro de Buenos Aires en rechazo a la decisión de la Corte Suprema de Argentina que ratificó la condena a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Efectivos de la Policía Federal y de la Gendarmería aguardaron a la multitud con vehículos blindados con cañones de agua y el vallado de la histórica Plaza de Mayo, cumpliendo así el protocolo antipiquete dictado por la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. Sin embargo, la movilización transcurrió sin incidentes, congregando entre 500 mil personas (según sus organizadores) y 40 mil (según otras fuentes).
En cualquier caso, fue una demostración de músculo político de quien todavía conserva una para nada desestimable base de apoyo entre los electores. Recientes sondeos de opinión indican que la imagen positiva de Cristina Kirchner subió de 36 % a 40 % en ocasión del fallo de la Corte, e incluso un 43 % de los consultados dicen que la votarían una vez más como presidenta. La otra cara de la moneda es que el 53 % de los consultados manifiestan estar de acuerdo con la condena por corrupción.
Pero, por encima de otras consideraciones, con esa manifestación la izquierda peronista ha dado una importante muestra de unidad, disipando así todos los amagues recientes de división entre sus filas de quienes aspiran al relevo del liderazgo. El vástago de la expareja presidencial, Máximo Kirchner, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, el excandidato presidencial y exministro de Economía, Sergio Massa, se dejaron ver en compañía de organizaciones como La Cámpora, el Partido Comunista Revolucionario, los intendentes peronistas del conurbano bonaerense, así como de distintos gremios laborales.
Cristina Fernández, con tobillera electrónica
Lo que hasta ahora no habían conseguido ni el duro ajuste fiscal del gobierno de Javier Milei, las convocatorias de los jubilados o en defensa de la educación pública universitaria, lo ha logrado la solidaridad con la expresidenta.
La noche del martes 17, previo a la movilización, la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, ejecutando la instrucción del tribunal respectivo, le tomó las huellas digitales en forma manual en su apartamento, imponiéndole los términos de su detención domiciliaria. Entre las reglas de conducta debe usar una tobillera electrónica para controlar que no deje la vivienda, pero no hay una instrucción específica sobre el uso del balcón, desde donde ella agita a los grupos que diariamente le manifiestan desde hace meses su respaldo. Lo mismo ocurre en el caso del uso de redes sociales y de internet, y no se le han impuesto limitaciones si desea realizar transmisiones por streaming.
El fallo de la Corte ocurrió pocos días antes de que Cristina se postulara formalmente como candidata a la legislatura provincial, cargo que le hubiera otorgado fuero parlamentario y, por lo tanto, le hubiera asegurado la libertad personal. No obstante, como buen animal político, está intentando aprovechar la circunstancia adversa presentándose como una perseguida del “partido judicial” y de los enemigos de los intereses populares.
«No me dejaron competir porque saben que pierden”
Es así como bautizó este 18 de junio como “el primer día de la resistencia”, haciendo referencia, no por casualidad, al imaginario peronista. El 17 de octubre de cada año ese sector celebra el Día de la Lealtad Peronista, donde se recuerda la movilización obrera en Buenos Aires de 1945 que exigió la liberación de Juan Domingo Perón, preso en ese entonces por sus compañeros de armas. Esa es considerada como la fecha de nacimiento del movimiento. La resistencia, por su parte, busca relacionarse con los 18 años (1955-1973) en los cuales Perón y el peronismo estuvieron proscritos.
Así pues, Cristina Fernández vendría a ser objeto de similar persecución, combatida por los mismos que se opusieron a Perón y a Evita.
Es más, sin necesidad práctica alguna, pero sí con sentido político, tomó como fuente de inspiración los mensajes grabados que Perón les enviaba a sus seguidores desde el exilio, difundiendo un audio sin imagen dirigido a la militancia desde la prisión domiciliaria donde cuestionó a los jueces y ofreció un regreso del peronismo al poder. Un toque adicional de dramatismo a la situación.
Y agregó: “Este modelo que ahora encarna Milei es insostenible en términos económicos. Tiene vencimiento como el yogur. Ya lo vimos con Martínez de Hoz y Cavallo, en los 90 (…) El verdadero poder económico sabe que este modelo económico se cae. Y por eso estoy presa. Pueden encerrarme a mí, pero no van a poder encerrar a todo el pueblo argentino. Yo estoy aquí presa sin siquiera poder salir al balcón. Menos mal que no tengo macetas con plantas porque no las podría regar. No me dejaron competir porque saben que pierden”, afirmó.
La estrategia de Cristina Fernández
De modo que Cristina Fernández ha optado por repetir, pero al estilo argentino, la misma estrategia del expresidente brasileño Lula da Silva quien, en su misma situación, transformó su condena judicial en una causa política de todo su movimiento. Como sabemos, Lula consiguió la anulación de la sentencia en su contra, la habilitación política y finalmente fue reelegido presidente en 2022.
Cristina Fernández espera repetir más o menos la misma trayectoria en los próximos años. Anular la condena y ser ella misma candidata para 2027 se ve hoy como poco probable, pero bien podría hacer lo que ya hizo Perón en 1973: respaldar a otro candidato que, una vez como presidente, la indulte y habilite.
Este miércoles 18 de junio dio el primer paso en esa ruta. En tiempos recientes, ha sido el expresidente ecuatoriano Rafael Correa quien ha intentado tres veces sin éxito conseguir lo mismo. Aunque todavía faltan dos años para esa elección, en el caso argentino ha comenzado la búsqueda de candidatos a ser portadores de la antorcha de la causa. En estos días ha sonado con fuerza el nombre de Máximo Kirchner, quien, por los momentos, podría ocupar el lugar que dejó vacante su madre en la lista de candidatos a diputados bonaerenses por la tercera sección electoral.
En ese caso sería lo mismo (este tipo de situaciones siempre se repiten) a lo que Keiko Fujimori pretendió hacer con su padre en Perú, también condenado (entre otros asuntos) por corrupción.
La economía, factor determinante
Sin embargo, en Argentina todo va a depender de un solo factor: la economía. Si el actual rumbo de estabilidad cambiaria y baja inflación se consolida, y la actividad se recupera, Javier Milei tendría la reelección casi asegurada. Ese escenario implicaría el inevitable fin del kirchnerismo. El peronismo finalmente estaría obligado a reinventarse una vez más y buscar un nuevo líder.
Pero, como en América Latina nada nunca es seguro, podría repetirse lo ocurrido con Mauricio Macri, quien como presidente ganó la elección legislativa de medio término de 2017 (tal como todo indica la ganará Milei el próximo mes de octubre), pero perdió su reelección presidencial en 2019 a manos de Alberto Fernández. En el medio el dólar y la inflación se salieron de control. Es lo que Milei y su equipo económico esperan evitar y lo que la señora Kirchner espera que ocurra.
Digamos que los antecedentes le dan la razón a ella. Han sido los sucesivos fracasos de los gobiernos antiperonistas los que han pavimentado el retorno de los herederos de Perón, quien, según uno de sus biógrafos, en una ocasión afirmó: “No es que nosotros seamos tan buenos, sino que los demás son peores”.
Este es el reto del controversial presidente liberal-libertario, quien ayer recibió una sonora campanada de aviso. Después de todo, a diferencia, por ejemplo, de los salvadoreños con Nayib Bukele, la sociedad argentina no le ha dado un cheque en blanco. El peronismo sigue vivo, fuerte y al acecho.
Al Navío – @PedroBenitezF.

