
En el corazón de Tucupita, la capital del estado Delta Amacuro, se alza una estructura silenciosa y decadente que susurra historias de lo inexplicable: el edificio abandonado conocido popularmente como “La Coca”.
Lo que alguna vez fue una construcción que se estaba levantando, hoy es una ruina carcomida por el tiempo y el abandono, y un imán para lo sobrenatural, con relatos de duendes traviesos y sombras inexplicables que emergen cada madrugada.
Para los habitantes de Tucupita, el nombre “La coca” no solo evoca la imagen de un edificio en ruinas, sino también una escalofriante colección de mitos y leyendas.
Los pequeños guardianes
Los testimonios más recurrentes y fascinantes giran en torno a la presencia de duendes. Pequeñas figuras, a menudo descritas con gorros puntiagudos y ropas coloridas, han sido avistadas por aquellos lo suficientemente valientes —o incautos— como para acercarse al edificio en penumbras.
No son espíritus malignos, al menos no en el sentido tradicional, sino más bien seres juguetones y, a veces, un tanto burlones.
Se dice que sus risas agudas resuenan en el silencio de la madrugada, y que pequeños objetos desaparecen de las propiedades cercanas, solo para reaparecer en lugares insólitos días después, como si fueran parte de un juego cómplice.
Algunos afirman haber sentido pequeños empujones o la sensación de que algo tira suavemente de sus ropas mientras caminan por la acera adyacente a “La coca” en la oscuridad.
Los más audaces relatan haber visto destellos de movimiento en lo que alguna vez debieron ser unas ventanas, como si estas criaturas estuvieran observando el mundo exterior desde su peculiar morada.
Sombras y otros misterios al amanecer
Pero los duendes no son los únicos habitantes etéreos de «La coca». Con la misma regularidad con la que el sol comienza a asomarse por el horizonte, surgen otras manifestaciones. Sombras informes han sido vistas deslizándose por los pasillos internos, proyectándose en las paredes como presencias fantasmales que se niegan a abandonar el lugar.
No tienen una forma definida, lo que las hace aún más inquietantes, sugiriendo una energía residual o una manifestación de algo que trasciende nuestra comprensión.
Vecinos cercanos han reportado extraños ruidos que emanan del edificio en las horas previas al alba: arrastres, golpes leves y, a veces, lo que parecen ser murmullos indescifrables.
Para los más sensibles, la atmósfera alrededor de “La coca” se vuelve densa y fría, incluso en las frías noches de Tucupita, una clara señal de que algo inusual está en el aire.
Froilán Aguilar – NotiCodigo -Tane Tanae

