Estudio bíblico: La liberación de Pedro y la muerte de Herodes – Hechos 12:1-25
El relato de la liberación de Pedro, narrado en Hechos 12, presenta a un ángel del Señor como un mensajero de Dios que actúa con poder para liberar a Pedro de la prisión. Este episodio destaca la intervención divina en la vida de Pedro y la importancia de la oración para la liberación de los creyentes.
El ángel del Señor aparece repentinamente, con luz y una presencia que perturba el ambiente de la cárcel.
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Estudio bíblico de Hechos 12:4-13:5“Y se presentó un ángel del Señor y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, lo despertó, diciendo: Lev…
Consideraciones generales

En la Introducción notamos el paralelismo que subraya Lucas entre el testimonio y la obra de los apóstoles Pedro y Pablo. Guiado por el Espíritu Santo, el autor de Los Hechos da fin a los “Hechos de Pedro” por una narración de gran interés en sí, y que, además, señala el fin de las dos primeras etapas de la comisión y el plan de (Hch 1:8). Jerusalén había sido amplia y poderosamente evangelizada, con el resultado de que allí se había formado una gran iglesia que no sólo constituyó el fruto de los trabajos apostólicos de Pedro y de los apóstoles en general, sino que llegó a ser la base para la evangelización de todo Israel, gracias al testimonio de los dispersos a causa de la persecución, sin olvidar la obra de confirmación que realizó Pedro (y otros por lo que podemos suponer) de la cual se nos presenta un ejemplo en (Hch 9:31-43). No sólo eso, sino que la obra de Pedro, operando desde la sede de Jerusalén, sirvió para abrir la puerta de salvación a los gentiles (Hch 10). Además el extendido testimonio de los dispersos, según el pasaje que meditamos en la sección anterior, dio lugar a la evangelización “en masa” de gentiles en la gran ciudad de Antioquía en Siria.
La actitud de las multitudes jerosolimitanas se echó de ver claramente en la ocasión del martirio de Esteban, pero es posible que los apóstoles, gracias a sus muchas obras de sanidad, conservasen cierta aureola de popularidad. El breve reinado de Herodes Agripa I, marca el fin de este resto del favor popular, ya que su ataque, que va dirigido contra los líderes de la Iglesia, es del agrado de los judíos.
Se ha hecho ver que todos los sectores de Israel llegaron a rechazar al Señor resucitado tan decididamente como habían repudiado a Jesucristo durante su ministerio en Israel. Primeramente los saduceos, secta de los de la casta sacerdotal, se opusieron a los discípulos y querían dar muerte a los apóstoles. Gamaliel, él “rabán” fariseo, retuvo su mano, pero el período del testimonio de Esteban marca la reacción contraria de la secta farisaica, la de “las tradiciones de los padres”, que vieron amenazadas por las enseñanzas de Esteban. Su joven líder, Saulo, encabezó la persecución general que afligió y dispersó buena parte de la congregación de Jerusalén, pero que inició la evangelización de la totalidad de Israel.

Así que Pedro estaba en la cárcel, bien vigilado, pero los de la iglesia seguían orando a Dios por él con mucho fervor. La misma noche anterior al día en que Herodes lo iba a presentar ante el pueblo, Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, mientras otros soldados estaban en la puerta vigilando la cárcel. De pronto se presentó un ángel del Señor, y la cárcel se llenó de luz. El ángel tocó a Pedro en el costado, lo despertó, y le dijo: «¡Levántate en seguida!» Al instante, las cadenas cayeron de las manos de Pedro, y el ángel le dijo: «Vístete y ponte las sandalias.» Así lo hizo Pedro, y el ángel añadió: «Ponte tu capa y sígueme.» Pedro salió tras el ángel, sin saber si era realidad o no lo que el ángel hacía. Más bien le parecía que estaba viendo una visión. Pero pasaron la primera guardia, luego la segunda, y cuando llegaron a la puerta de hierro que daba a la calle, la puerta se abrió por sí sola. Salieron, y después de haber caminado una calle, el ángel lo dejó solo. Pedro comprendió entonces, y dijo: «Ahora veo que verdaderamente el Señor ha enviado a su ángel para librarme de Herodes y de todo lo que los judíos querían hacerme.» Al darse cuenta de esto, Pedro se fue a casa de María, la madre de Juan, llamado también Marcos, donde muchas personas estaban reunidas en oración. Llamó a la puerta de la calle, y una muchacha llamada Rode salió a ver quién era. Al reconocer la voz de Pedro, fue tanta su alegría que, en vez de abrir, corrió adentro a avisar que Pedro estaba a la puerta. Le dijeron: —¡Estás loca! Pero ella aseguraba que era cierto. Ellos decían: —No es él; es su ángel. Mientras tanto, Pedro seguía llamando a la puerta. Y cuando abrieron y lo vieron, se asustaron. Pero él, con la mano, les hizo señas de que se callaran, y les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel. Y añadió: —Cuenten esto a Santiago y a los hermanos. Luego salió y se fue a otro lugar.
