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#DeVoCioNal…El líder y el tiempo… Audio y Vídeo

 

 

EL LÍDERY EL TIEMPO

 “Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos”.  Efesios 5:16.  Pablo, en este versículo, da una instrucción sobre cómo se debe utilizar el tiempo. Se puede interpretar como “aprovechar al máximo cada oportunidad”. Esto significa que se deben aprovechar todas las oportunidades para hacer el bien, ya que se vive en una época llena de maldad. 

Aprovechar el tiempo en la Biblia significa hacer las cosas correctas de la manera correcta. Se trata de hacer las cosas que Dios ha llamado a hacer en ese momento, en ese lugar y con lo que se tiene.

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  La calidad del liderazgo de una persona depende de lo que sucede durante el tiempo. El carácter y la carrera de un joven dependen de cómo usa el tiempo libre. No podemos reglamentar las horas de la escuela o de la oficina, ya están determinadas para nosotros- pero podemos decidir lo que haremos antes y después. La forma en que usemos las horas que nos sobran después de haber hecho provisión para el trabajo, las comidas y el descanso determinarán si nos desarrollaremos como personas mediocres o poderosas.

El ocio es una gloriosa oportunidad y un peligro sutil. Cada momento del día es un regalo de Dios que merece cuidado, porque de cualquier forma que se lo mida, nuestro tiempo es corto y la obra es grande. Los minutos y las horas usados sabiamente se traducen en una vida abundante. En cierta ocasión, cuando Miguel Angel [Buonarroti] se esforzaba por terminar una obra con límite de tiempo, alguien le advirtió: «[Esto quizás le cueste la vída!» Y él respondió: «¿Para qué más es la vida?» Las horas y los días seguramente pasarán, pero los podemos dirigir para que tengan un propósito y sean productivos. El filósofo William James afirmó que el mejor uso de la vida es utilizarla en algo que dure más que ella. El valor de la vida no es su duración sino su donación: no cuántos años vivimos, sino con cuánta plenitud o cuán bien los vivimos.

1 El tiempo es valioso, pero lo despilfarramos sin consideración alguna. Moisés sabía que el tiempo era valioso y oró para que le enseñaran a medirlo por días, no por años (Sal. 90:12).Si cuidamos los días, los años se van a cuidar solos. Muy pocas veces un líder dirá: «No tengo tiempo.» Una excusa de esa clase generalmente es el refugio de una persona mezquina e ineficiente. Cada uno de nosotros tiene el tiempo para hacer toda la voluntad de Dios para nuestras vidas. J. H. Jowett dijo: Pienso que una de las frases rebuscadas de nuestros días es la que usamos para expresar nuestra permanente falta de tiempo. La repetimos tan a menudo que por la misma repetición nos hemos engañado a nosotros mismos hasta creerla. Los hombres supremamente ocupados nunca son los que no tienen tiempo. Regulan el día de forma tan compacta y sistemática que siempre que se les exige algo se las arreglan para encontrar minutos adicionales y ofrecerlos en generoso servicio. Como pastor confieso que los hombres a quienes busco con más esperanza para servicios adicionales son los hombres más ocupados. Nuestro problema no es tener muy poco tiempo, sino el hacer uso adecuado del tiempo que tenemos. Cada uno de nosotros tiene tanto tiempo como cualquier otro.

El presidente de los Estados Unidos tiene las mismas veinticuatro horas que tenemos nosotros. Otros pueden so”?repasar. nuestr~s capacidades, influencia, o dinero, pero mnguno tiene mas tiempo. Así como en la parábola de las minas (Le. 19:12-17),donde a cada siervo se le dio la misma cantidad de dinero, cada uno de nosotros ha recibido la misma cantidad de tiempo. Pero pocos de nosotros lo usamos con suficiente sabiduría para que produzca diez veces más de ganancia. La parábola reco~oce las diferentes capacidades; el siervo con menos capacidad pero igual fidelidad recibió la misma recompensa. No somos responsables de nuestras dotaciones o capacidades naturales, pero somos responsables del uso. Estratégico del tiempo. Cuando Pablo instó a los Efesios para que viviesen «aprovechando bien el tiempo» (Ef. 5:16. En ciertas versiones dice «redimiendo»), se refirió al tiempo como si fuera una compra. Intercambiamos el tiempo en el mercado de la vida por ciertas ocupaciones y actividades que pueden ser dignas o no d~ }ª inversión, sean productivas o no productivas. Otra traducción 98 LIDERAZGO ESPIRITUAL EL LÍDER Y EL TIEMPO 99 dice: «aprovechando cada oportunidad», porque el tiempo es oportunidad. En esto radica la importancia de una vida cuidadosamente planeada: «Si progresamos en la economía del tiempo, aprendemos a vivir. Si fracasamos aquí, fracasamos en todo lo demás.»

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El tiempo perdido no puede recuperarse jamás. No podemos acaparar el tiempo, sólo podemos usarlo bien. En un reloj de sol decía lo siguiente: La sombra que mi dedo ha arrojado Divide el futuro del pasado; Ante ella está la hora venidera Más allá de tu poder, en la tiniebla; Detrás de su línea irretrocesa La desvanecida hora de tu mano ya no es presa; Sólo una hora está en tus manos avanzando, La de ahora que la sombra está indicando. Autor desconocido Ante esta solemne realidad, el líder debe seleccionar las prioridades con mucho cuidado. Debe ponderar con reflexión el valor de las diferentes oportunidades y responsabilidades. El líder no puede dedicar tiempo a asuntos secundarios mientras las obligaciones esenciales claman por atención. Debe planear cada día con cuidado. La persona que quiere distinguirse debe seleccionar y rechazar, y luego concentrarse en los asuntos que sean más importantes. Es bueno que a menudo se mantengan registros de cómo se usó cada hora en una semana dada, y luego mirarlos a la luz de las prioridades bíblicas. El resultado podría ser chocante. A menudo un registro muestra que tenemos mucho más tiempo disponible para el servicio cristiano de lo que imaginamos. Supongamos que nos adjudicáramos una cantidad generosa de ocho horas al día para dormir (pocos necesitan más que eso), tres horas para comidas y conversación, diez horas para trabajar y viajar en cinco días. Todavía tenemos treinta y cinco horas que llenar todas las semanas. ¿Qué les pasa a esas horas? ¿Cómo se las invierte? Toda la contribución de una persona para el reino de Dios puede cambiar en la forma en que se usen esas horas. Con seguridad que esas horas determinarán si la vida es vulgar o extraordinaria. Mary Slessor, la intrépida misionera, era hija de un borracho. A la edad de once años comenzó a trabajar en una fábrica en Dandee, y allí pasaba sus días desde las seis de la mañana hasta la seis de la tarde. Sin embargo, ese régimen agotador no le impidió educarse a sí misma para una carrera notable.

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2 David Livingstone, cuando tenía diez años, trabajaba catorce horas por día en una desmotadora de algodón en Dumbarton, Con toda seguridad que tenía excusas para no estudiar, para no redimir el poco tiempo de ocio que le quedaba. Pero aprendió latín y podía leer los libros de Horacio y Virgilio a los dieciséis años. Cuando tenía veintisiete, había terminado un programa de estudios en medicina y teología.

Otros ejemplos similares son tan numerosos que en la actualidad tenemos poco fundamento para apelar a la falta de tiempo como excusa para lograr algo que valga la pena en la vida. Nuestro Señor establece el ejemplo perfecto del uso estratégico del tiempo. Se movió a través de la vida con pasos medidos, nunca se apuró, aunque siempre estaba rodeado de multitudes y exigencias. Cuando una persona se le acercaba para pedirle ayuda, Jesús daba la impresión de que ninguna otra preocupación era más importante para él que las necesidades de su visitante. El secreto de la serenidad de Jesús radicaba en su seguridad de que trabajaba según el plan del Padre para su vida, un plan que abarcaba cada hora y hacía previsión para cada contingencia. Mediante la comunión en oración con su Padre, Jesús recibía cada día tanto las palabras que diría como las obras que haría: « … Las palabras que yo hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, Él hace las obras» Gn. 14:10). La mayor preocupación de Jesús era cumplir la obra que se le había encargado dentro de las horas asignadas. Era consciente de un cronograma divino en su vida (Jn. 7:6; 12:23, 27; 13:1; 17:1).Aun a su amada madre le dijo: « … Aún no ha venido mi hora» (In, 2:4). En respuesta a la aflicción de Marta y María, Jesús rehusó cambiar su horario por dos días (Jn. 11:1- 6). Cuando analizó su vida al final, dijo: «Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese» (]n, 17:4).Jesús terminó la obra de su vida sin que ninguna parte se haya malogrado por el apuro indebido o haya quedado medio terminada debido a la falta de tiempo. Sus veinticuatro horas al día eran suficientes para completar totalmente la voluntad de Dios. 100 LIDERAZGO ESPIRITUAL EL LÍDER Y EL TIEMPO 101 Jesús dijo a sus discípulos: «… ¿No tiene el día doce horas? … » (Jn. 11:9). J. Stuart Holden vio en las palabras de nuestro Señor tanto la brevedad del tiempo como la suficiencia del tiempo. Había, efectivamente doce horas en el día, pero en realidad había doce horas plenas en el día.3 Como era consciente del tiempo, Jesús pasaba sus horas haciendo las cosas de importancia. No malgastaba el tiempo en cosas que no eran vitales.

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La fortaleza del carácter moral se conserva cuando rehusamos lo que no es importante. Nada de frivolidad en esta vida mía; No es esta la senda que el Maestro caminó; Sino cada hora y poder empleados Siempre y todo para Dios. Autor desconocido Cuán interesante que la crónica de los evangelios no contenga indicio alguno de ninguna interrupción que alguna vez haya perturbado la serenidad del Hijo de Dios.

Hay muy pocas cosas que podrían producir más tensión en una vida ocupada que las interrupciones inesperadas. Sin embargo para Jesús no había esas cosas. Los acontecimientos «inesperados» estaban siempre previstos en los planes del Padre, por lo tanto Jesús permaneció impávido ante ellos. Cierto es que a veces casi no había tiempo para comer, pero el tiempo era siempre suficiente para cumplir totalmente la voluntad del Padre. A menudo la presión que siente un líder espiritual viene de asumir tareas que Dios no ha asignado; el líder no puede esperar que Dios provea la fortaleza adicional que se requiere para dichas tareas. Un hombre muy ocupado me contó de cómo había dominado el problema de las interrupciones. Testificó: «Hasta hace algunos años, siempre me sentía molesto por este problema, lo cual realmente era una forma de egoísmo de mi parte. La gente solía entrar y decir: “Bueno, simplemente tenía dos horas disponibles entre un tren y otro, y pensé que podía venir a verlo.” Eso solía molestarme. Entonces el Señor me convenció de que Él envía gente hacia nosotros. Envió a Felipe al etíope eunuco. Envió a Bernabé para ver a Saulo. Lo mismo se aplica hoy. Dios nos envía gente. »Por lo tanto, cuando alguien viene a verme, le digo: “El Señor debe haberlo traído aquí. Averigüemos por qué lo mandó. Oremos.” Bueno, esto hace dos cosas. La entrevista cobra n!leva importancia porque Dios está enella. Y generalmente El la hace más breve. Si un visitante sabe que usted busca las razones por las que Dios lo ha traído, y aparentemente no hay ninguna, la visita se vuelve agradable pero breve. »Por lo tanto, ahora acepto las interrupciones como que vienen del Señor. Corresponden a mi horario, porque el horario pertenece a Dios, y El lo puede arreglar a su gusto y paladar,» Pablo afirma que Dios tiene un plan para cada vida. Hemos sido «… creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» (Ef. 2:10). Mediante la oración diaria, el líder descubre los detalles de ese plan y arregla el trabajo como corresponde. Cada media hora debería llevar su carga de utilidad. Juan Wesley y F. B. Meyer, hombres que influyeron al mundo para Cristo, dividían sus días en períodos de cinco minutos, luego trataban de hacer que cada uno valiera la pena.4 Todos nosotros podríamos beneficiamos de una disciplina similar.

Por ejemplo, mucha lectura puede hacerse durante minutos que de otra forma se perderían. El biógrafo de Meyer cuenta de cómo solía redimir el tiempo: Si tenía que hacer un viaje largo por tren, solía acomodarse en su rincón del vagón, abría su valija que estaba provista de artículos de escritorio, y se ponía a trabajar en algún artículo abstruso, sin tener en cuenta lo que le rodeaba. Muchas veces en convenciones prolongadas, y hasta en reuniones de comités, cuando las deliberaciones no exigían su concentrada atención, solía abrir indiscretamente su portafolio y se ponía a contestar cartas. Otro que era tacaño con el tiempo era W. E. Sangster. Su hijo escribió de él lo siguiente: Nunca desperdiciaba el tiempo. La diferencia entre un minuto y dos era de considerable consecuencia para él. Solía salir de su estudio y decirme: «Muchacho, no estás haciendo nada. Tengo exactamente veintidós minutos. Vamos a caminar un poco. Podemos dar una vuelta al parque en ese tíempo.» Luego salía precipitadamente de la casa a tremenda velocidad, 102 LIDERAZGO ESPIRITUAL EL LÍDER Y EL TIEMPO 103 y yo generalmente tenía que correr para alcanzarlo. Entonces discursaba sobre los asuntos actuales (cinco minutos), las posíbi-lidades de ganar del condado de Surrey en el campeonato del país (dos minutos), la necesidad de un avivamiento (cinco minutos), la realidad del monstruo de Loch Ness (dos minutos), y la santidad de William Romaine (tre~ minutos). Para ese momento solíamos estar de vuelta en casa. El líder necesita un enfoque equilibrado del tiempo, de lo contrario sucumbirá a su esclavitud y ruina. Sin un control firme del tiempo, el líder trabaja bajo una tensión que nc:i es necesaria. Aun cuando el líder haya hecho todo lo posible para cumplir con sus obligaciones diarias, -~uchas áreas de trabajo seguirán pendientes. Toda llamada pidiendo ayuda no es necesariamente una llamada originada por Dios, porque es imposible responder a todas las necesidades.

Si el líder sinceramente hace el plan de su día en oración, y luego lo ejecuta con toda su energía y vehemencia, eso es suficiente. El líder es responsable sólo de lo que está dentro del alcance de su control. El resto lo debe confiar a nuestro amante y competente Padre celestial. La dilación, el ladrón de tiempo, es una de las armas más potentes del diablo para defraudarnos del patrimonio ete~c:iLa costumbre de «postergar» es fatal para el liderazgo espmtual. Su poder reside en nuestra renuencia en lidiar con las decisiones importantes. El tornar decisiones, y actuar s?bre ellas, siempre requiere energía moral. Pero el pasar del tie~- po nunca hace que la acción sea más fácil; es todo lo contrano.

La mayoría de las decisiones son más difíciles un .día después, y puede que también se pierda una ventaja por dicha demora. La hortiga nunca será más fácil de asir que ahora. «Hágalo ahora» es un lema que ha guiado a 111;uchas personas al éxito en el mundo, y es igualmente pertinente en los asuntos espirituales. Un método útil para vencer la dilación es establecer fechas límites, y nunca perder ni postergar aunque sea una. A uno que había leído toda su vida le preguntaron lo~ amigos: «¿Cómo consigue tiempo para hacerlo?» El contesto: «No consigo tiempo; lo tomo.»6 NOTAS 1. Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564)era un escultor, pintor y poeta italiano. Sus famosas obras incluyen la estatua de «David» y el cielo raso de la Capilla Sixtina en el Vaticano. William James (1842-1910) era un psicólogo y filósofo de Harvard, a quien generalmente se lo acredita con la popularización de un nuevo enfoque al conocimiento llamado pragmatismo. , 2. Mary Slessor (1848-1915)fue a Calabar, África Occident~1 en 1876, una región no controlada por ninguna potencia colonial. Su sentido del humor y coraje le ganó la confianza de los caciques guerreros; también contribuyó muchísimo a la vida de niños y mujeres. 3. J. Stuart Holden, The Cospel of the Second Chance (Londres: Marshall Brothers, 1912), p. 188. 4. W. F. Fullerton, F. B. Meyer (Londres: Marshall, Margan & Scott, sin fecha), p. 70. Frederick Brotherton Meyer (1847- 1929) era un predicador bautista con un púlpito de escala mundial y base en Londres. Se lo conocía por las cruzadas contra la prostitución, las bebidas alcohólicas y el boxeo profesional, y a favor de los niños abandonados y las madres no casadas. Juan Wesley (1703-1791)es muy conocido como el energético cofundador del metodismo. 5. Paul E. Sangster, Doctor Sangster (Londres: Epsworth, 1962), p. 314. 6. Sunday School Times, 22noviembre1913, p. 713. EL LÍDER