
Los pueblos de todo el mundo están padeciendo las terribles consecuencias del cambio climático, ocasionado por el sostenido y peligroso aumento de la temperatura, producto directo de la acción del hombre, fundamentalmente por la quema de combustibles fósiles. Es así como en el 1924 vimos como las catástrofes que causó fueron muy superiores a los años precedentes, con el agravante de la certeza de que ellas se irán incrementando en el tiempo.
Hasta ahora se habían realizado numerosos eventos globales para abordar esa grave problemática, principalmente los denominados COP, que produjeron vitales recomendaciones y fijaron metas para reducir el uso de esos combustibles fósiles.
Sin embargo, la recién finalizada reunión COP24 cambió radicalmente esos objetivos ya que, en vez de buscar soluciones para frenar el cambio climático, se abocó, única y exclusivamente, a discutir una política de “dádivas económicas” para “compensar” las desastrosas consecuencias que ese cambio acarrea en los pueblos más desfavorecidos.
De esta forma, el poderoso grupo de países depredadores, integrado por los principales productores y consumidores de petróleo, impuso sus intereses, obteniendo dos logros fundamentales:, primero, impedir que se continuase tratando el tema de los combustibles fósiles y así eliminar cualquier posibilidad que frene sus actividades y, segundo, ofrecer tal volumen de dinero (300.000 millones de dólares anuales) con la seguridad de que el mismo caerá al final en manos de los políticos y empresarios corruptos y fácilmente manipulables, (hoy, salivando a la expectativa de esa repartición) que dirigen la mayoría de los Estados del llamado Sur Global.
Las llamadas naciones industrializadas son las más poderosas del planeta, y lo son porque su poder está cimentado en sus industrias, las cuales dependen de los combustibles fósiles. Sin estos no existiría esa enorme base industrial y, por ende, se resquebrajaría, o más bien, se desmoronaría ese poder.
Por ello no es casualidad que la reunión del llamado Grupo de los 20, que reúne a las naciones más industrializadas, se haya efectuado justo antes de la COP24, con una evidente intención de afinar, fuera de las deliberaciones formales, las estrategias comunes de esas potencias para ese evento.
Pero, los objetivos actuales de esas naciones van más allá. Ante la evidente necesidad de construir o reformar las Naciones Unidas, en el documento final de la última reunión del
G20 se expresa: “La reforma del Consejo de Seguridad de la ONU es esencial para garantizar la diversidad de voces globales y promover soluciones más equilibradas y efectivas a los desafíos actuales.” ¿Y cómo conciben esa reforma? Incorporando nuevos miembros a ese Consejo que compartan sus intereses, que quedaría integrado por Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Inglaterra, India, Brasil, Suráfrica, Alemania Japón y Arabia Saudita. Es decir, una verdadera mafia que reunirá a los países que consumen y producen la casi totalidad de combustible fósiles y, por supuesto, les garantizaría ralentizar o suprimir cualquier acción en contra de su explotación.
Ante esa postura coherente en defensa de sus intereses, y con una estrategia muy bien planificada, los países del Sur Global se presentan dispersos, incoherentes, sin una unidad de acción que permita diseñar una hoja de ruta en defensa de nuestros pueblos, situación verdaderamente criminal para nuestra región que sufre, con el máximo rigor, las consecuencias climáticas.
La única alternativa de resguardar los intereses del Sur Global es poder construir, con la unión de sus naciones, un poderoso polo que constituya un efectivo contrapeso.
La existencia en América Latina y el Caribe de países con gobiernos que son, o se dicen progresistas, como México, Honduras, Colombia, Bolivia, Chile, Venezuela, Brasil, Surinam, Barbados, Cuba, San Vicente y las Granadinas, Dominica, Nicaragua, Antigua y Bermuda, San Cristóbal y Nieves, Granada, Santa Lucía, y ahora Uruguay, constituye un recurso que debe convertirse en un pivote sólido para lograrlo, unión que, además, pueda servir de referencia para otras regiones del globo.
Rogamos a la providencia para que los líderes de la región no Pierdan esta, quizás no repetible, oportunidad.
Nota de prosima.com

